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Escenarios futuros

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La mente humana tiene una inclinación natural a aprehender mucho mejor los crecimientos lineales que los exponenciales. El ejemplo de un estanque que puede rellenarse en un mes tanto en progresión aritmética como en geométrica nos ayudará a comprender mejor las enormes diferencias que ambos casos implican.

En caso de crecimiento lineal, al final de los quince primeros días tendremos la laguna ya rellena en un 50% y hacia la mitad de la cuarta semana (el día 25) en más de ocho décimas partes. Los datos contrapuestos de un segundo caso en el que el estanque se rellena duplicando cada día lo embalsado hasta la fecha nos sorprenden. ¡El día 26 tendremos todavía unas nueve décimas partes vacías y el penúltimo día apenas habremos alcanzado la mitad!

Los enemigos del mercado y del progreso económico históricamente han gustado de modelar escenarios apocalípticos disparando en forma de crecimiento exponencial algún dato preocupante. Robert Malthus habló de población creciendo en progresión geométrica y recursos haciéndolo en forma aritmética (curiosamente la progresión bajo el sistema capitalista parece ser la contraria). Karl Marx pintó un escenario de empresas crecientemente monopolísticas extrapolando hacia décadas y décadas futuras el impresionante crecimiento que las comparativamente escasas empresas devenidas en grandes multinacionales habían experimentado en una o dos décadas.

Paul Ehrlich, en su Population Bomb, y el Club de Roma, en Los límites del Crecimiento, resucitaron a Malthus y también hicieron pronósticos apocalípticos en los años 70. Para ello extrapolaron en progresión geométrica los niveles de demanda existentes por entonces al tiempo que presumían crecimientos mucho más modestos para la producción de alimentos y bienes y la innovación tecnológica. De igual naturaleza, tenemos el último espantajo del cambio climático súbito que ningún climatólogo solvente parece avalar.

Lo más notable del caso es que mientras todas esas extrapolaciones apocalípticas de crecimientos exponenciales han gozado de notable publicidad, sigue existiendo un mutismo casi absoluto con respecto a los auténticos casos de crecimiento exponencial a los que viene asistiendo la Humanidad en el último par de siglos y, más específicamente, coincidiendo con el desenvolvimiento del sistema capitalista.

Si extrapolamos un crecimiento real cercano al 4,7% anual acumulativo [(1,047)90=62], nos encontramos con que el PIB total se ha multiplicado por 60 en los últimos 90 años. Las cifras, para la mayor parte de los países que han ido incorporándose durante el siglo XX al sistema capitalista, desde Taiwan a Corea pasando por España, Portugal, Irlanda o Chile, son todavía más espectaculares.

Una parte de ese crecimiento se ha reflejado en la reducción de la semana laboral en el mundo desarrollado a 5 días y 40 horas, partiendo de los 6 días y cerca de 60 horas de principios de siglo. Otra parte ha sido absorbida por los impuestos estatales con los que financiar toda clase de gastos –infraestructuras, pensiones, sanidad, defensa, policía–. Por supuesto, despilfarro y subvenciones de todo tipo también. El gasto público absorbió probablemente más de la mitad de ese crecimiento.

Finalmente, otra parte ha ido a parar al bolsillo de asalariados y accionistas en forma de una mayor disponibilidad de bienes y servicios: el número de horas de trabajo necesarias para adquirir casi cualquier bien, desde una barra de pan a una lavadora, desde una semana de vacaciones a un juguete, sigue desplomándose año tras año. El abaratamiento de la luz, las telecomunicaciones o la computación es todavía más espectacular. El precio de la iluminación en dólares constantes representaba a finales del siglo XX una diezmilésima parte de lo que costaba dos siglos antes. El coste monetario de trasmitir 1.000 palabras pasó de los 10.000$ a principios de siglo XX a 1 centavo un siglo después. El coste físico de energía que gastaba por operación lógica en 1946 el ENIAC (que funcionaba con tubos de vacío) era de 10 watios. El coste de una operación lógica con los microprocesadores actuales es 10.000 veces inferior. Desde que Moore enunciase su ya famosa ley, la capacidad de computación viene duplicándose cada dieciocho meses. Se tardaron 90 años en alcanzar el millón de instrucciones por segundo (MIPS) en velocidad de computación de los procesadores. Hoy la velocidad de los procesadores añade un MIPS ¡cada día!

En los dos últimos siglos la esperanza de vida en el mundo capitalista ha pasado de estar en los 37 años a situarse por encima de los 80. Aquí de nuevo el crecimiento es exponencial pues actualmente se está acrecentando dicha cifra en más de tres meses por cada año que transcurre, mientras que en el siglo XIX la esperanza de vida sólo crecía en términos de semanas por año.

También tenemos crecimiento exponencial en la miniaturización a un ritmo de 5,4 veces por década, lo que nos augura un futuro pleno de nanotecnología en no más de dos o tres décadas.

Ray Kurzweil es un famoso futurólogo (además de inventor, empresario y un puñado de cosas más). Siendo muy consciente de las implicaciones del crecimiento exponencial, viene mostrando inusuales niveles de acierto en sus predicciones. Si nos atenemos a sus pronósticos, siempre y cuando la acumulación de capital y el desarrollo tecnológico del capitalismo logren imponer sus principios frente a las tentaciones totalitarias de neomarxistas, terroristas islámicos o ecologistas, es posible que dentro de tres décadas la inteligencia artificial haya alcanzado la capacidad del cerebro humano, momento en el cual seguramente empezaremos a fundirla de forma cada vez más indistinguible con nuestro sustrato biológico. Kurzweil también estima que dentro de poco más de una década la esperanza de vida se estará incrementando a un ritmo superior a un año por cada año que transcurra, lo que implica más o menos que para mediados del siglo XXI la muerte por vejez habrá dejado de ser algo inevitable. Si a ello le unimos, siendo muy conservadores (la proliferación de inteligencias artificiales autodidactas podría incrementar este número de forma dramática), un crecimiento económico real que seguirá duplicando la producción cada 15 años, con crecimientos de población total mucho más modestos, para el año 2065, nuestra productividad se habrá multiplicado seguramente por diez. Dicho de otra manera, será posible ganar cuatro veces nuestro sueldo actual trabajando menos de la mitad de días por año que en la actualidad. ¡Hay que ver qué perverso es el capitalismo!

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