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Felicidad y liberalismo

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Muchas de las críticas que se lanzan contra el liberalismo son debidas a las explicaciones materialistas de éste. Aunque hacer un examen económico de la economía parece lógico y evidente, para los izquierdistas y conservadores es en muchos casos aberrante. Uno de los grandes problemas que siempre ha tenido la economía, al igual que muchas otras ciencias sociales, es que siempre han salido grupos dispuestos a hacer enfoques parciales del funcionamiento de la acción humana para presentar sus modelos sociales como ciencia.

Una de los casos más conocidos fue el marxismo que, apoyándose en una amalgama de teorías filosóficas y económicas, creó un modelo social teórico basado, no en la ciencia, sino en una panacea: la felicidad de todos. De lo que los marxistas de ayer y hoy no se dan cuenta, y jamás verán, es que la felicidad es un estado personal y no comunitario. Se pueden distribuir los bienes materiales, pero no la felicidad.

El peligro de confundir ciencia con esperanza y fe es que si nos lo llegamos a creer padeceremos la peor de las injusticias. Sin darnos cuenta iremos trabajando para algo etéreo como el bien común, el igualitarismo… sin llegar jamás a la meta. Conseguir los fines de los ideales holistas no es imposible por la naturaleza del hombre sino porque vivimos en un mundo material que no tiene la misma estructura que la mente de un idealista. El socialismo precisamente no se basa en la realidad, sino en la esperanza y en unas ideas totalmente ajenas a la acción humana. El socialismo es igual que la religión, un dogma de fe.

Toda ideología basada contra el individualismo (ecologismo, fundamentalismo religioso, estatismo…) se cimienta en destruir al hombre para crear otro de nuevo y “mejor”, pero ese es un gran error, porque aún de conseguirlo no habremos cambiado nada, la ciencia económica nos seguirá diciendo que los bienes son escasos y que su mejor asignación es mediante la división del trabajo, los medios de producción privados y la libertad individual. Cualquier sistema que intente distorsionar este funcionamiento sólo tenderá a crear injusticias de unos a expensas de otros y sistemas basados en la fe de las elites capaces de usar su elevada visión y demagogia para beneficiarse a ellos mismos.

El liberalismo y la economía política (término mucho más acertado que economía a secas) son el estudio de la asignación de recursos materiales ya sean bienes, servicios o dinero; no trata de maximizar el amor, la caridad, igualitarismo… porque éstos son valores morales de cada uno que nadie tiene derecho a imponer a los demás. La conclusión del liberalismo es que el hombre ha de ser lo más libre posible para poder desarrollar su independencia, y a la vez, la prosperidad de cada hombre dará como resultado la prosperidad del resto con los que coopera. Prosperidad potencial no significa felicidad, se puede ser potencialmente muy próspero y ser un auténtico desgraciado. Son conceptos que están en planos diferentes.

El liberalismo no promete felicidad ni panaceas, sólo los niños creen que las cosas son regaladas, no cuestan esfuerzo conseguirlas, o que la imposición es el mejor camino a una sociedad mejor. Si creamos una comunidad basada en ideas de niños nunca maduraremos social ni económicamente, sólo habremos creado una gran farsa.

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