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Feminismo, la nueva cara amable del liberticidio

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En 1989, American Political Science Review (APSR) publicó uno de los textos de teoría política más influyentes y debatidos en los últimos años. Su título, Freedom, Recogniton and Obligation: A Feminist Approach to Political Theory, anticipa el argumento de la profesora Nancy J. Hirschmann: una enmienda a la totalidad de la teoría y praxis políticas liberales entendidas en su sentido más extenso, desde Locke al estado del bienestar. Simultáneamente la autora otorga el título de libertarios a autores como Rousseau.

Esta desubicación evidencia la manipulación que llevan a cabo los críticos del liberalismo, quienes convierten a Tocqueville en precursor del marxismo, a la escuela de Salamanca en iniciadora del multiculturalismo y del indigenismo, y en este caso a Rawls y a Rousseau en libertarios. Esta confusión suele provenir de algunos politólogos norteamericanos izquierdistas. Fieles al excepcionalismo norteamericano que tanto critican, trasladan el lenguaje partidista de su país a la teoría política.

Aparte de discusiones nominalistas, el artículo es especialmente interesante como ejemplo de negación de la libertad como elemento esencial de la persona, y por su propuesta de someter cualquier justificación de los derechos individuales a un escrutinio exclusivamente feminista y femenino. El objetivo es la revelación del sesgo masculino, que opera de forma tan sutil que ni los propios hombres lo perciben. Para la profesora Hirschmann, el liberalismo no es sino un barniz que oculta violencia, opresión y esclavitud patriarcales. Sólo las oprimidas, desde la ventaja que les proporciona su peculiar punto de vista, concepto prestado de Marx, pueden desmontar esta ideología y sentar las bases de las nuevas ontología y epistemología feministas, basadas en el desarrollo psicosexual como variable determinante de la conciencia moral y política.

En su respuesta a la crítica de que fue objeto por parte del profesor Richard C. Sinopli en la misma APSR, la autora niega a los hombres la capacidad para discutir sobre esta cuestión. Las objeciones a su enfoque "dicotomizan mis categorías conceptuales y simplifican mi lectura de la teoría liberal de la obligación utilizando justo el sesgo estructural que critico". Sus críticos usan un contexto sesgado, y si bien los hombres pueden contribuir al feminismo a través de la persuasión, "la definición de los puntos de mira dentro de los parámetros del feminismo debe ser articulado desde la perspectiva de la vida de las mujeres". Ante el feminismo sólo caben dos posturas: conversión o equívoco.

¿Qué habría respondido Hirschmann si Sinopoli hubiera usado un pseudónimo, por ejemplo Lupita Gómez, mujer, chicana, india y lesbiana? Supongo que habría utilizado el sesgo del origen racial o de orientación sexual de la profesora Gómez para negar su posibilidad de crítica. ¿Qué debería hacer Sinopoli para ser aceptado? Tal vez un cambio de sexo para conseguir así una experiencia vital plenamente femenina, un retorno a la madre, que es lo que en opinión de Hirschmann necesitamos los varones para asumir nuestra identidad psíquica femenina, nuestro "yo primario".

La resistencia del niño a la madre y la diferenciación moral y política entre hombres que esto conlleva son las causas de la negación de la mujer como persona, su esclavitud, y la creación de instituciones dicotómicas y opresoras tales como… el mercado. Al asombro de Sinopoli, y a su señalamiento de que los estudios de psicología empírica muestran que tal separación de géneros no existe, sino que deberíamos hablar de solapamiento, Hirschmann responde que ni el psicoanálisis ni la psicología moral son empíricas. En tal caso –hay aquí una peligrosa confusión entre el origen deductivo del conocimiento científico y la metafísica–, ¿por qué usa la autora estas teorías para hacer luego afirmaciones de hecho?

En otro punto de su réplica a Sinopoli, Hirschmann señala que todos los hombres estamos aquejados de una enfermedad social: el patriarcado, y que sólo un cambio epistemológico y ontológico nos curará. Huelga decir que sólo ella es capaz de diagnosticar y aplicar el tratamiento apropiado.

Se pueden señalar más puntos absurdos en Hirschmann, o como se hace aquí llevarlos a sus últimas implicaciones, que es lo que Sinopoli pide y que ella rechaza escudándose en jerga pseudocientífica y argumentos ad hominen. Pero como conclusión me gustaría apuntar dos ominosas consecuencias de la teoría política feminista: por una parte inhibición absoluta del diálogo productivo, y por otra radical dicotomización de la sociedad, justo lo que Hirschamm denuncia.

Ante la insalvable dialéctica hombre/mujer, la única solución posible á la Marx, una posibilidad que se sigue de forma necesaria del método dialéctico, es la desaparición del sexo masculino en el retorno a la madre. Así, el niño no percibiría diferencias entre él y su madre y/o hermanas, algo socialmente construido y fomentado por el patriarcado. De ahí se seguiría un nuevo planteamiento de la política que, al contrario del liberalismo, no estaría basada en la asunción de la libertad y la posterior explicación/justificación de sus limitaciones, sino en el "estudio de la manera de asegurarse un espacio vital propio sin violar la obligación de cuidar a los demás". Y aquí se halla precisamente una de las falacias de Hirschmann: el cuidado a los demás no es una obligación, no es algo aceptado libremente, sino un deber que se sitúa por encima de la libertad. Como la conclusión de llamar a las cosas por su nombre sería la total y absoluta negación de cualquier libertad individual, Hirschamann recurre a una nueva especulación para ocultar el sesgo liberticida de sus argumentos: la ideología de los derechos es fruto del trauma causado por los totalitarismos de Hitler y Stalin.

Estos son los planteamientos que están detrás de la llamada "perspectiva de género", la negación de la validez de cualquier política pública que no tome en cuenta esa epistemología femenina que nadie explica, y cuya formulación está a cargo de una élite dotada de conciencia de género. Las filtraciones periodísticas sobre los contenidos de la asignatura Educación para la ciudadanía también muestran la influencia del feminismo. Todo sea en aras de la re-educación de los varones y su vuelta a la feminidad que nunca debimos perder, y que por supuesto tampoco nos dicen en qué consiste.

1 Comentario

  1. Me parece un análisis muy
    Me parece un análisis muy interesante, por desgracia no tengo muchos estudios en el tema (quizá esto es efecto dunning-kruger), pero el solo hecho de poder leer algo que mas que ver quien tiene la razón o defender su estado emocional-ontológico individual busca llegar a la verdad, me da paz, ya que he tenido la mala suerte de colisionar varias veces con el feminismo radicalizado y es algo que me ha ido preocupando crecientemente.
    Saludos!


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