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Go East, Mariano

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Más allá del fulanismo y el carguismo, versiones castizas de ese vicio atroz de la derecha española llamado patrimonialismo, una derrota electoral es la oportunidad ideal para que un partido alce sus ojos del ombligo propio y se pregunte hasta qué punto los principios que dice defender se ajustan a las promesas hechas a sus lectores.

Ahora que los expertos del PP se rebanan los sesos redactando las ponencias de su congreso saqueando de paso las existencias del Starbucks más próximo, quizá les vendría bien desplegar el catalejo y practicar la política comparada. Les propongo echar un vistazo a Polonia y a su actual partido gobernante, Plataforma Cívica, ganador de las últimas elecciones de aquel país frente a los conservadores paternalistas de Derecho y Justicia y a sus socios del movimiento social Liga de las Familias.

El éxito de Plataforma Cívica, miembro del Partido Popular Europeo y liderado por Donald Tusk, fundador en Gdansk del sindicato democrático Asociación de Estudiantes Polacos en los tiempos heroicos de la lucha contra la dictadura comunista, se basó en una mezcla de carisma y defensa sin complejos de un programa liberal y laico, que no laicista, contra el intervencionismo y el discurso radical de los hermanos Kaczynski y de sus aliados integristas.

Tusk se presentó como el atractivo candidato del cambio prometiendo entre otras cosas la implantación del tipo único impositivo del 15% para IRPF, IVA e Impuesto de Sociedades, la privatización de empresas públicas, la liberalización de las universidades y de la sanidad y la elección directa de los alcaldes y gobernadores de las provincias. Además, frente a la intransigencia del Gobierno de entonces, planteó una política social moderada en cuestiones como el aborto y las uniones de personas del mismo sexo, en sintonía con el sentir de la mayoría de los partidos de centro-derecha e izquierda moderada de la Unión Europea. Atractivo personal, ideas claras, ambición y errores ajenos (autoritarismo y corrupción, causas del hundimiento de la Liga y de los nacionalistas etnicistas del partido Autodefensa, que se han quedado fuera del Parlamento), éstas son las claves del triunfo en Polonia de una opción liberal por encima del socialismo del resto de los partidos.

No sé hasta dónde llegarán Tusk y los suyos. Supongo que algo se dejarán en el camino del consenso y la demagogia. Sin embargo, y salvando las diferencias, la victoria de los liberales en algunos países del Este de Europa (también en Hungría, aunque allí el desempeño del Gobierno ha dejado bastante que desear) frente a los ex comunistas y a las fuerzas nacionalistas y confesionales demuestra que es posible la articulación de una opción política no izquierdista, liberal, nacional y capaz de gobernar sin hacer concesiones al progresismo ni proponer la vuelta al Concilio de Trento.

El caso polaco es uno de tantos que convendría figurasen en la agenda de los cerebros grises del PP y think tanks anexos. En los años ochenta, los demócratas del Telón de Acero tomaron a España como modelo de transición. Al final, fue la ruptura más o menos pactada, y no la reforma, la que trajo la libertad a sus países. Casi 30 años después de la caída del Muro, las tornas han cambiado y somos nosotros quienes debemos tomar nota. Por si alguien en Génova está interesado, sepa que existen vuelos diarios entre Madrid y Varsovia, con ofertas más que interesantes. Además, la mayoría de los líderes de Plataforma Cívica hablan un inglés excelente.

Menos playa y más abrigos, Mariano. Si los miembros fallecidos de Village People levantasen la cabeza, seguro que lo primero que harían sería cambiarle la letra a uno de sus mayores éxitos: Go East!

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