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Guerra sobre Taiwán: ¿Fatalismo o realidad?

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Tras los acontecimientos vividos en la última semana con la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, la relación entre las dos superpotencias que representan China y EEUU se ha recrudecido hasta extremos insospechados. Los movimientos militares del gigante asiático sobre Taiwán a lo largo de los últimos días han activado las alarmas de multitud de analistas geopolíticos internacionales y de algunas de las principales instituciones encargadas de salvaguardar la paz a nivel global. Aun así, como suele suceder con asuntos tan complejos, no existe un consenso en torno a la cuestión de la posibilidad de una guerra entre ambos países e incluso sobre el ritmo de desacoplamiento en el plano de las relaciones internacionales entre ambas potencias. Mientras hay analistas que tildan a otros de fatalistas por plantear que la posibilidad de una guerra entre China y EEUU es muy real, otros creen que Occidente sigue sin querer afrontar la realidad del nuevo escenario de relaciones geopolíticas que, cada vez de manera más clara, se deja entrever a escala mundial.

Es normal tener la sensación de la existencia permanente de una guerra fría entre China y EEUU a lo largo de las más recientes décadas, ya que desde la incorporación del gigante asiático a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, las relaciones entre este país y las principales potencias occidentales no ha sido nada fácil. De hecho, el asunto de Taiwán no es en absoluto nuevo, como tampoco lo es el choque de posturas entre EEUU y China sobre el asunto desde, al menos, la década de 1950. Todo ello no significa que la agresividad de la confrontación sobre el asunto no haya variado ni la intensidad de las posturas de ambas potencias se haya acrecentado.

En primer lugar, todos coincidiremos en que no es normal que China prolongue los ejercicios militares sobre Taiwán cerca de una semana y, por ello, no se debe tratar el escenario actual como la mera continuación de una disputa geopolítica cuyo escenario y posturas se encontrarán previamente establecidos. Esta vez hay multitud de elementos que tornan el escenario actual en algo distinto a lo que hemos vivido durante las últimas décadas.

Una guerra entre China y EEUU hoy en día no es sólo posible, sino probable. Esto no quiere decir que sea inminente, sino que la situación se ha vuelto mucho más inestable que hace meses y que eventos que antes podían ser controlados, en caso de suceder ahora mismo podrían ser la chispa para la mecha que conduzca al enfrentamiento armado entre ambos países.

Desde luego, la retórica y la narrativa del gobierno chino durante los últimos días no ayuda en absoluto a calmar los ánimos sobre la posibilidad de una guerra entre ambos países. Mientras que los predecesores de Xi Jinping trataron el asunto de manera menos directa, desde la llegada del actual Presidente chino al poder el nacionalismo belicista ha marcado el ritmo de las confrontaciones con EEUU sobre Taiwán. Un ejemplo muy claro al respecto, sucedido la pasada semana tras la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, fue la reacción del embajador chino en EEUU, quien subió un vídeo a Twitter en el que el Ejército Popular de Liberación (EPL) aparecía rodeado de misiles balísticos, mientras de fondo se escuchaban sirenas y cánticos de guerra típicos de las tropas chinas. No hace falta ser un analista demasiado perspicaz para percatarse del claro mensaje del embajador chino: China está dispuesta y preparada para defender lo que considera su integridad territorial a través de la fuerza.

La intensificación de las posturas de unos y otros ha sido lo que ha conducido a la brecha que en la actualidad existe entre ambas potencias y que podría llegar a un escenario de confrontación armada. Ejemplo de ello es, tal y como comentábamos en párrafos anteriores, la intensificación de la postura de China con respecto a Taiwán y la mayor agresividad de sus mensajes y acciones desde la llegada de Xi Jinping al poder. Desde 2012 China ha establecido multitud de nuevas bases en el mar del sur e incluso algunos enfrentamientos armados han terminado con multitud de muertos de tropas chinas e indias. La escalada militar de China durante los últimos años y en la actualidad es imparable, hasta el punto de que ya supera a EEUU en unidades de buques de guerra.

Algunos predecesores del actual Presidente chino incluso llegaron a calificar la potencial reunificación con Taiwán como un evento a largo plazo y que debía forjarse lentamente. El escenario desde entonces ha cambiado de manera notoria, con Xi Jinping diciendo públicamente que la reunificación con Taiwán es una misión histórica que no puede transferirse de generación en generación, remarcando claramente la necesidad de que esta sea parte de su legado.

Por otro lado, cabe mencionar que la intensidad de la confrontación no solo ha acrecentado por parte de China, sino asimismo de EEUU. Biden ha sido el primer presidente americano en afirmar en mucho tiempo que EEUU estaría dispuesto a defender militarmente Taiwán en caso de que este sea invadido por tropas del EPL.

De hecho, esta ha sido una afirmación repetida en multitud de ocasiones, insistiendo en que a EEUU no le temblaría el pulso a la hora de ir a la guerra con China por defender a Taiwán. Para muchos contrasta esta postura con aquella más medida y moderada en el caso de la invasión rusa de Ucrania, sobre la cual Biden insistió en no intervenir directamente sobre el terreno por el riesgo que esto supondría para el desencadenamiento de una potencial Tercera Guerra Mundial. Multitud de analistas consideran que el duro posicionamiento y potencial respuesta bélica de EEUU con respecto a la cuestión de Taiwán se debe a que el gigante americano considera esta confrontación geopolítica como esencial en lo respectivo al escenario estratégico e ideológico en lo que resta de siglo XXI.

Taiwán por su parte ha reforzado su apoyo político a la independencia de la región, reeligiendo en 2020 como Presidente a Tsai Ing-Wen, líder pro-independencia de Taiwán y del principal partido. Este movimiento político está cogiendo fuerza de generación en generación, debido a que los jóvenes son progresivamente aquellos que más apoyan la independencia de Taiwán, lo cual proyecta a futuro una relación bilateral aún más conflictiva entre la región y el gobierno central chino.

Desde una perspectiva internacional, el apoyo a Taiwán es cada vez mayor, no solo por sus propias reivindicaciones, sino también por la opresión que se ha visto intensificada a lo largo de los últimos años en Hong Kong, y que justifica en gran parte los deseos de desconexión de Taiwán. Los taiwaneses no desean formar parte de una dictadura y así quieren hacérselo saber a Xi a través de altavoces internacionales como es EEUU.

A pesar de que el apoyo a Taiwán debe ser inquebrantable, en todo momento se ha de tratar de evitar un enfrentamiento armado en EEUU y China. Una guerra abierta entre ambos países por la cuestión de Taiwán no sería únicamente devastadora para esta región, sino asimismo para China y la economía mundial. Los muertos se contarían probablemente por cientos de miles y los refugiados por millones, provocando una ruptura de la paz y la estabilidad social a escala global, en un entorno ya de por sí complicado. La intervención armada de EEUU en este conflicto supondría, de facto, ni más ni menos que el comienzo de la Tercera Guerra Mundial. Es por ello por lo que es deber y responsabilidad de todos los agentes geopolíticos globales evitar a toda costa que este escenario se consolide.

1 Comentario

  1. Creo que todo esto ya está orquestado, Ellos saben cuando va a estallar ese conflicto y lo que va a provocar.Nos pillará desprevenidos,mucha gente no tiene ni idea de estas situaciones políticas tan complicadas.Yo tampoco,se escapa a mi entendimiento las ganas de matar y hacer daño .


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