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Hacerse el sueco

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Si hay un país que para el españolito medio ha representado un sueño inalcanzable, ese es Suecia. En primer lugar, porque hay suecas, y eso, en un país caracterizado por su «landismo», ya es bastante. En segundo lugar, y desde una óptica más política, porque después de décadas de propaganda progre, Suecia es vista por muchos como el paraíso de lo social, de lo público, el paradigma del Estado del Bienestar.

Así, prueben a discutir con un progre sobre voracidad impositiva estatal y desmesurado gasto público. Rápidamente el modelo sueco saldrá a colación para demostrar que lo que necesita España es precisamente eso: más impuestos, más sector público… ¡Como en Suecia!

La verdad es que si miramos el nivel de vida de los suecos, la lógica de usar a Suecia como modelo es inapelable… El problema es que dicha Suecia, la Suecia de un sector público desmesurado, de un estado omnipresente, ya no existe, como bien dice Maurico Rojas, pero bueno, ya sabemos que para la progresía lo importante no es la realidad, sino la ideología…

Y el caso es que, durante unos años, aquí en España hemos sido ¡por fin! suecos. Y de los de antes… Hemos vivido en una cálida y divertida Suecia mediterránea, disfrutando de una sanidad, una educación, unos servicios sociales públicos de niveles cuasi escandinavos… Y con un coste similar (o muy superior si le añadimos comisiones…).

Pero, a diferencia de dicho país nórdico, que ha sido capaz de pagárselo a base de elevados impuestos, eso sí, pero aplicados sobre una economía muy liberalizada y, por tanto, muy productiva, en España, los ingresos vinieron de tasar una economía muy intervenida y en consecuencia improductiva, basada en el endeudamiento generado por la triple burbuja…

Si encima, a esto le sumamos el contar con una clase política hispana que en su forma de manejar el erario público, en vez de a los sobrios y honestos suecos, se parece más bien a sus antepasados vikingos, está claro que, después de unos años gloriosos, el sueño sueco se nos ha acabado.

Esto no da para más, volvemos a ser españoles, improductivos, deficitarios y en el paro.

Pero la sociedad española no quiere verlo… Presa de la demagogia, con unos niveles de formación económica tercermundistas, no está dispuesta a renunciar a un sector publico desmesurado e insostenible, a unos niveles de gasto público que, basados en una actividad económica inflada e irreal, son absolutamente inasumibles.

Y una vez más, con la clase política al frente, recurrimos a Suecia como fuente de inspiración, para directamente «hacernos los suecos»…

Pero esta vez, y van dos seguidas, tampoco el «modelo sueco» nos va a funcionar… A lo mejor, deberíamos mirar a la otra orilla del Báltico.

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