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¿Hay que dejar entrar en Europa a todos los emigrantes?

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Pienso que ya está bien de hablar del colonialismo decimonónico y todas esas mea culpas que el análisis marxista ha incrustado (con enorme éxito) en la conciencia occidental.

Este mes de agosto se han producido algunos altercados entre inmigrantes y policías en lugares de Europa tan diferentes como la zona de Calais (donde está el acceso al Eurotunel que une bajo el mar Francia y Gran Bretaña) o la población española de Salou, en el litoral mediterráneo. Sin entrar en el pormenor de las circunstancias, más o menos responden al mismo problema: qué hacer con ese ingente número de personas que intentan llegar a Europa. Recordarán que el Primer Ministro inglés utilizó una expresión seguramente poco acertada, pero muy elocuente, al hablar de “plaga de inmigrantes” (en inglés creo que decía “swarm”, traducible por enjambre o más benévolamente por multitud) y, claro, todos los medios progresistas enseguida se pusieron a criticar la frase… en vez de analizar racionalmente este problema y tratar de buscar soluciones.

Saben también que el verano es la época más favorable para cruzar el mar Mediterráneo, huyendo del hambre, la guerra, la persecución religiosa o la opresión política de tantos países africanos y del Oriente próximo. Es un verdadero drama lo que ocurre en las costas e islas italianas y españolas, en Turquía (también por su frontera con Siria) o en Grecia; a este país se le suma la avalancha migratoria al desastre económico que padecen, fruto de los engaños y desaciertos tanto de los anteriores políticos socialistas o conservadores como de sus actuales gobernantes de inspiración podemita.

Ya les adelanto que no tengo una respuesta al título de este análisis… Pero sí quiero proponerles algunas consideraciones, al hilo también de un reciente Coloquio por la Libertad (que organiza la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, bajo la eficaz dirección de la profesora Lucy Martínez-Mont). Este último en el que tuve la ocasión de participar se titulaba: “La libertad y la autoridad en la historia de la Filantropía, la Caridad y el Bienestar”, y recogía diversas lecturas para debatir en unas apretadas sesiones: desde los clásicos de Adam Smith (Teoría de los sentimientos morales) y Bernard Mandeville (La fábula de las abejas), hasta modernos análisis sobre los límites del Estado del Bienestar (James Bartholomew: The Welfare State wer’re in, John Meadowcroft: The Ethics of the Market o Lord Acton: The Morals of Markets). Por cierto, lecturas muy recomendables para este verano.

Parece claro que uno de los motivos de toda la emigración (legal o ilegal) es el atractivo del Estado del Bienestar occidental: junto a los que huyen para salvar su vida del fundamentalismo islamista o los que simplemente aspiran a un trabajo mejor, hay muchas personas que buscan la protección de nuestro sistema de salud, educación y desempleo. Pero claro, estas prestaciones cuestan dinero, que pagamos los ciudadanos del Primer Mundo, y no es tan sencillo encajar en los Presupuestos los llamados Gastos Sociales (como ahora está de moda llamar) ante toda esa avalancha de situaciones verdaderamente terribles. Es más fácil invocar la solidaridad, al estilo de algunas ONG y organismos internacionales, que ponerse manos a la obra y ayudar (como sí hacen otras asociaciones y multitud de institutos de inspiración cristiana).

De todas formas, esa compasión smithiana (de la que escribo más abajo) también tiene unos límites: las personas normales no podemos sostener una conducta filantrópica permanentemente (como la Madre Teresa…); ni mantener una preocupación universal por todos los pobres del planeta… Pero, en cualquier caso, no es posible cuadrar económicamente las cuentas; ni tampoco justo (me parece) hacerlo a costa del contribuyente sin pedirle permiso de una forma mucho más respetuosa con su dinero de lo que habitualmente acostumbran nuestros políticos.

Porque una primera cuestión que echo en falta, en este debate, es asignar bien las responsabilidades: los europeos no somos los principales causantes de la falta de libertad religiosa y política en todos esos países; ni tampoco de su mala gestión económica. Pienso que ya está bien de hablar del colonialismo decimonónico y todas esas mea culpas que el análisis marxista ha incrustado (con enorme éxito) en la conciencia occidental. En el año 2015, la gran parte de los problemas que hacen huir a tantos emigrantes son ocasionados por unos regímenes políticos dictatoriales, por guerras civiles que nadie quiere resolver, por fundamentalismos religiosos y por la inmensa corrupción económica de sus élites.

Tampoco el mercado es el causante de tales estropicios, ni esas perversas multinacionales que tienen la culpa de todo lo malo que pasa en el mundo, comenzando por la Globalización… (recordarán que sobre este asunto ya les escribía, a propósito de las conferencias sobre Desigualdad y Pobreza del Centro Diego de Covarrubias). Al contrario, veíamos que dejando actuar libremente a las personas, abriendo fronteras al intercambio económico o educando a los jóvenes en el sentido del trabajo, el sano deseo de progresar y la responsabilidad individual, sí se puede salir de la pobreza. Como ocurrió en Europa hace doscientos años, y hoy día se constata en algunos países -sobre todo asiáticos- de los que, por cierto, casi nadie habla.

Volviendo al citado Coloquio, termino este Comentario con algunas cuestiones que allí se trataron, y me parece que tienen que ver con el problema de la inmigración. Por una parte, discutíamos sobre los límites entre la caridad, la filantropía y la asistencia pública: como ya señalaba Adam Smith en la obra citada, los hombres nacemos con una tendencia a solidarizarnos, a empatizar con el prójimo (la famosa simpatía). Es bueno ejercitar la virtud de la compasión, porque así crecemos como personas y -a la vez- se crean redes de cooperación social. Pero también analizábamos cómo el Estado, al querer controlar también la caridad, colapsó estos mecanismos de ayuda individual al prójimo, configurando esa nueva cultura del Bienestar: ahora tendemos a desocuparnos de la beneficencia, porque nos hemos acostumbrado a que lo haga el poder público. Y ya sabemos que casi siempre es mucho menos eficaz (y bastante más costoso) que la acción espontánea y generosa de los individuos, solos o agrupados en los cientos de instituciones solidarias que la Historia nos enseña.

14 Comentarios

  1. ¿Hay que dejar entrar en casa
    ¿Hay que dejar entrar en casa a todos los… vendedores de aspiradoras?

    En un Mercado nadie formula preguntas absurdas, o sea, de imposible respuesta genérica. Pero parece que nos gusta hundirnos en artificiosos problemas estatales de peor “solución” aún.

    Reformulando la cuestión todas las antinomias se disipan como por ensalmo: Mercado sí, Estado no. O para los más melindrosos: más Mercado y menos Estado. Siempre. Mira qué sencillo.

  2. Los emigrantes son personas
    Los emigrantes son personas que se desdomicilian y se desplazan desde su ubicación habitual hasta otra distinta, en la que ya hay establecidas otras personas previamente y con las que hay que consensuar el instalarse.

    Conocer qué pretenden quienes llegan ( seguridad/trabajo/papeles/Estado del bienestar/todo ), no es complicado.

    Conocer qué aportan ( trabajo/paro/integración/gueto/diversidad/xenofobia/todo ), es complicado.

    Conocer si es posible colmar consensuadamente todas las aspiraciones de todos los emigrantes, es sencillo: no.

    Al desconocer qué se exige al emigrante ( además de sobrevivir al viaje ) y qué al oriundo ( además de pagar ) no puede haber consenso, acuerdo entre las partes.

  3. El problema no es la
    El problema no es la emigración.
    El problema es el estado de bienestar que genera incentivos perversos tanto para la emigración como para la población autóctona.

  4. Tambien habria que
    Tambien habria que desincrustar el analisis catolico que divide entre solidarios y xenofobos y que tanta verguenza siente por Lampedusa.

  5. La pregunta es simple pero la
    La pregunta es simple pero la respuesta para mi es imposible por las consecuencias actuales de un Estado que lo ha intervenido todo desde hace tanto tiempo.

  6. Tal vez, León, hubiese sido
    Tal vez, León, hubiese sido mejor plantear la pregunta de otra manera como ¿podemos dejar entrar en Europa a más emigrantes?
    En relación a los que huyen de conflictos bélicos, las peticiones de asilo o estatuto de refugiado en los países desarrollados no han superado todavía las que se alcanzaron a principios de los años 90 con el conflicto armado de los Balcanes al desmembrarse la antigua Yugoslava.
    Suecia, con menos de 10 millones de habitantes y que se toma muy en serio la acogida de refugiados o huidos en peligro de muerte, aprobó el año pasado un techo de 33.000 peticiones. España, con más de 46 millones aprobó 1.600 peticiones en 2014 (sin comentarios).
    En vez de planteamientos maximalistas creo es mejor empezar a plantearnos que nuestra política de aceptación de refugiados (y de inmigrantes en general) es mejorable.

  7. El motivo de la emigración no
    El motivo de la emigración no es el atractivo del Estado del Bienestar sino fundamentalmente el atractivo de los mayores salarios: por el mismo trabajo realizado, no en su empobrecedor entorno, sino en un mercado desarrollado pueden ganar hasta 600% más de lo que perciben en su país de origen.
    Si el Estado del Bienestar fuese el imán que mueve a los emigrantes, entonces ¿por qué la mayor oleada de emigrantes que se conoce hasta el momento (la que tuvo lugar desde mediados del XIX hasta principios del XX hacia América) se produjo sin apenas existencia de programas o ayudas sociales?
    Es más, actualmente hay millones de emigrantes (la mayor parte con permisos temporales) en los países del Golfo y en Singapur y tienen vedado al acceso a ayudas del Estado que están reservadas solo a sus ciudadanos. Eso es un indicio de que lo que buscan los emigrantes no es ser beneficiarios de ayudas o subvenciones estatales sino lograr salarios a cambio de su esfuerzo que no podrían ni imaginar ganar en sus propios países.
    Como bien sabes, el Estado del Bienestar es un lujo que los países ricos pueden permitirse pero creo que perjudica enormemente a los aspirantes a emigrar (no a los que ya han logrado entrar en el Primer Mundo) ya que se elevan progresivamente las barreras de entrada a los países desarrollados (en el caso de Ceuta y Melilla esto que digo es, además, literal).
    Tienes razón en que la compasión smithiana tiene unos límites, pero la división del trabajo y del conocimiento no. Los migrantes no buscan compasión, buscan trabajo. Lo bueno del asunto es que el país receptor también sale ganando. El problema son las reticencias nativistas y el Estado del Bienestar.
    De acuerdo con lo que comentas que abriendo fronteras al intercambio económico, educación y sentido de la responsabilidad se puede salir de la pobreza. Pero hay muchos que están atrapados en sus países con pobres instituciones y élites políticas que vampirizan toda creación de riqueza. Por eso, añadiría que también se sale de la pobreza –y cómo- accediendo a los mercados desarrollados. Acepto que debe haber unos límites ordenados porque no se puede aceptar a todo el mundo en reducidos espacios temporales. Regulando el acceso mucho mejor que ahora puede ser una alternativa muy potente para salir de la pobreza. El problema es que tenemos Estado del Bienestar que lo complica todo muchísimo sin ser, como digo, el imán de los flujos migratorios.
    El Coloquio por la Libertad organizado por la Universidad Francisco Marroquín que mencionas debió ser francamente interesante; me he quedado con la referencia que has anotado acerca de los límites del Estado del Bienestar de James Bartholomew. Gracias.

  8. Gracias Francisco, y los
    Gracias Francisco, y los demás, por vuestro comentario. Supongo que estaréis, como yo, perplejos ante esta avalancha de refugiados que huyen de África y el Próximo Oriente… Desde una perspectiva liberal, uno tiende a mantener esa vieja demanda de los Doctores de Salamanca: ius communicationis (hace poco leía un correo de la red europea de Students For Liberty en este mismo sentido). Pero no es un asunto fácil de resolver; yo quería solamente protestar contra esa perversión del Estado del Bienestar, por un lado, y -sobre todo- llamar la atención sobre los gobiernos de los países de origen, que en mi opinión tienen mucha más responsabilidad en este problema que nuestro mundo occidental.

  9. Las oportunidades no sólo se
    Las oportunidades no sólo se buscan también se crean.
    Una buena parte de la población asiática ha salido de la pobreza por la voluntad de sus gobiernos en fomentar el libre comercio y garantizar la seguridad jurídica. Las potencias occidentales no deben ser unas ONGs poniendo una tirita a un enfermo desangrado, sino convirtiéndose en socios de los países en vías de desarrollo para impulsarlos y atajar el origen del problema con medidas tales como: eliminar aranceles y barreras proteccionistas, formación de capital humano y trasferencia de recursos intangibles (programas de intercambio y atracción del talento), diplomacia, donaciones voluntarias y por supuesto no cerrar las fronteras pero con los convenientes filtros y cuotas
    En definitiva, gran parte de la solución se resuelve en esta famosa cita: “Dale un pez a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá toda la vida”.

  10. Querido León… Me da pena
    Querido León… Me da pena que al mencionar las críticas a la frase empleada por David Cameron sólo cites «los medios progresistas». Entres las críticas que se le hicieron figuró la del Obispo de Dover (sufragáneo de Canterbury que funciona como Cardenal Vicario de Canterbury y en cierta medida hablaba como portavoz de la Iglesia de Inglaterra), que con mucha razón llamó la atención al lenguaje dehumanizador que echa leña al fuego de los titulares alarmistas, reaccionistas y xenófobos de la prensa popular (a la que poco le importa la verdad en este asunto). En realidad no creo que debas tachar tan brevemente este tipo de comentario tanchándolo de producto de «medios progresistas»… un abrazo

    • Hola Mathew: tienes razón en
      Hola Mathew: tienes razón en el sentido de que simplifico demasiado… Pero estos análisis no permiten más extensión. Porque donde yo quiero seguir insistiendo es en el error de quedarnos en la primeras impresiones «emotivas» (¡qué decir de esa dramática fotografía del niño Aylan!): no podemos actuar sentimentalmente. Por ejemplo, leía estos días la propuesta de volver a enviar millones de euros a los países origen de la emigración: ¿no corremos el riesgo de consolidar con ese dinero a tantos gobernantes corruptos y sus mafias, que son la verdadera causa del drama de los que huyen?

  11. Gran artículo, profesor. Es
    Gran artículo, profesor. Es de agradecer su honestidad intelectual admitiendo no tener una respuesta a la pregunta.

    Mi contestación sería más atrevida: sí, hay que dejar que entren. Sabemos a ciencia cierta las ventajas que proporciona la libertad, luego no hay motivos para prohibir la de las personas y defender las de las mercancías.

    No es cierto, como ha dicho Donald Trump que México exporte lo peor de su país a Estados Unidos: y tampoco es cierto que vaya a resolver el problema de la inmigración ilegal construyendo un muro con el país vecino, entre otras cosas, porque la mayoría de los inmigrantes ilegales no llegan a EEUU mojando sus espaldas como antaño. Lo hacen en un avión, como era de esperar…

    Estoy a favor de la libre circulación de personas por dos motivos: uno pudiera parecer altruista, aunque no lo es, y otro egoísta, que tampoco lo es. En primer lugar, hay mucha gente que emigra porque en su país de origen no puede vivir: sabemos las persecuciones que sufren distintos colectivos en el tercer mundo, donde habitualmente los gobiernos son dictaduras horribles. Yo quiero que esas personas tengan la posibilidad de vivir mejor y, por lo tanto, me gustaría que ellos derrocaran esos horrendos regímenes políticos y consiguieran más libertad: pero si no tienen una sociedad civil que lo permita, quiero que se vayan de allí, lo cual inevitablemente significa que vengan aquí.

    Y ése es precisamente el segundo motivo: si ellos viven mejor, nosotros también viviremos mejor. El trabajo es un factor productivo más y sabemos que el empresario está dispuesto a pagar el valor de la productividad marginal, es decir, la productividad del último factor productivo: si nos beneficiamos cuando otros factores productivos se abaratan, ¿por qué va a ser diferente en el caso del trabajo?

    Así funcionan los mercados: su lógica podrá gustarnos más o menos, pero la ley de la oferta y la demanda seguirá estando ahí. Sin embargo, también sabemos que los mercados necesitan una serie de instituciones que garanticen su funcionamiento: una de esas instituciones tiene que ser, necesariamente, la Ley.

    No vivimos en un mundo ideal: el “Pensamiento Alicia” de Gustavo Bueno está bien para irresponsables como Rodríguez Zapatero y otros demagogos, tanto de izquierdas como de derechas. Los que sabemos que el mal existe, necesitamos que el Estado de Derecho nos defienda: si un ciudadano, inmigrante o no, comete un delito, lo que espero es que la Justicia sea de verdad ciega y proteja a las víctimas.

    Claro, si las instituciones no funcionan, no nos quedará otro remedio que defendernos por nosotros mismos: en caso de que no nos gusten las armas, como es mi caso, lo mejor que podemos hacer es emigrar. Y entonces podremos ver la vida desde los dos lados.

    • Está bien. Que entren todos.
      Está bien. Que entren todos. Todos? cuantos? 10.000 os parece bien? o mejor 100.000? o 1.000.000?, porque cuando tu raciocinio despierte, aparecerá tu insolidaridad.
      No cabemos todos. Lamentablemente, no cabemos todos.

  12. El Verdadero problema de
    El Verdadero problema de europa es la Otan que exige recortes a las politicas financieras de su banca mediante la Pseudo uinion europea, no tiene sentido premiar a los Turkos con exenciones e incentivos mientras que a los griegos se los mata de hambre eso probocara otra recesion en el resto del mediterraneo a favor de turkia que es el cancerbero encargado de asustar a los Sirios y mantener el retraso economico y cultural en medio oriente, los unicos que se benefician son los Americanos que veranearan en California mientras que los libios hacen que baje la calidad y demanda de la produccion Europea, no tendrán donde mas ir . en mi opinon le sería mejor a Europa dejar esa farsa de la Otan y Reforzar autenticamente su «Eurozona».


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