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Inmigración (XVII): afganos expulsados de Irán

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"Cualquier forma de servicio o asistencia [a los afganos] será considerado un delito y castigado con todo el peso de la ley". Hadi Ebrahimi, gobernador general de la provincia de Mazandaran. 

"Echar la culpa de la inseguridad y del desempleo a los inmigrantes es eludir la responsabilidad de cada uno… Esta conducta indigna contra los inmigrantes [afganos] en Irán deja un sabor amargo". Asghar Farhadi.

 

Persia, históricamente acogedora de afganos

Desde siempre ha habido movimientos migratorios desde lo que hoy denominamos Afganistán hacia la más próspera Irán (antigua Persia) dadas sus afinidades históricas, culturales y lingüísticas. También ha ayudado lo suyo el que la sociedad clánica de Afganistán haya hecho de la guerra su principal ocupación desde tiempos inmemoriales. Pashtunes, hazaríes, tayikos, aimakos y otros grupos étnicos afganos han cruzado ininterrumpidamente la frontera en dirección a Persia a lo largo de la historia.

El Irán petrolero moderno ha sido también desde hace décadas polo de atracción preferencial de sus vecinos afganos para buscar trabajo o escapar de sus cruentas e interminables guerras. Irán es, a día de hoy, el segundo país del mundo en recibir emigrantes afganos después de Pakistán. Según las Naciones Unidas, actualmente el número mayor de refugiados totales en el mundo procede del sufrido Afganistán seguido de cerca por Somalia, Irak, Sudán y Siria.

El gran éxodo de nueve millones de afganos (el mayor de su historia) se produjo tras la invasión soviética de Afganistán, posterior guerra civil y toma del poder por los adustos talibanes. Las autoridades iraníes, en consonancia con su tradición, se mostraron entonces razonablemente acogedoras con sus vecinos del Este al abrir sus fronteras a los mismos y permitir a un tercio aproximado de dicho éxodo el acceso a su territorio.

Se estima que en la actualidad hay más de tres millones de afganos en Irán. Al menos dos tercios de ellos se encuentran aún indocumentados. Miles de afganos siguen entrando de forma "ilegal" por sus fronteras cada año. Los afganos remesan desde Irán unos 500 millones de dólares anuales en ayuda de sus familiares; cantidad nada desdeñable para uno de los países más castigados del planeta.

Cambio de actitud de los dirigentes iraníes

Desde hace una década aproximadamente, cambió empero la percepción de los mandamases de Irán con respecto a su población de origen afgano. La creciente aproximación de Kabul a Washington (representante del Gran Satán) ha incomodado de manera extraordinaria a los dirigentes iraníes. Otros ven en la decadente economía iraní el motivo por el que sus autoridades hayan señalado a los afganos como los chivos expiatorios de la escasez y de la precariedad laboral en suelo iraní. Por descontado, no faltan acusaciones populistas de ser responsables de violar a las mujeres nativas, consumir droga, trapichear y engañar (en fin, nada nuevo bajo el sol de cualquier latitud nativista).

En consecuencia, a los afganos se les impide ya el acceso a muchas zonas o provincias del país vecino. Prácticamente todas las ciudades iraníes están vedadas para ellos y las autoridades persiguen a todos aquellos que les den cobijo o les procuren un empleo en las urbes.

Los matrimonios entre iraníes y afganos no han dado nunca derecho a la nacionalidad al cónyuge afgano ni a sus descendientes; aún así, se siguen produciendo. En 2006 se dio un paso más y se decretaron directamente como ilegales dichos matrimonios mixtos.

A pesar de las presiones de los diplomáticos iraníes hacia sus homólogos afganos, en 2012 se rubricó un acuerdo estratégico de colaboración entre EE UU y Afganistán mediante el cual se permitió a las tropas americanas permanecer en suelo afgano más allá de 2014. En respuesta a ello, el parlamento iraní aprobó en 2012 una ley por la que se restringieron drásticamente los permisos de residencia de los afganos en aquellas provincias más pobladas por ellos (Mazandaran y Hormozgan, entre otras).

La suerte de los afganos no ha hecho más que empeorar desde entonces.

El poder político contra la sociedad civil

Desde mediados de 2012 la residencia de afganos allí o sus eventuales documentos de residencia que pudieran portar quedaron invalidados de un plumazo. Las autoridades iraníes de las provincias afectadas han llevado ya a cabo la expulsión de unos 300.000 indocumentados afganos del país hasta el momento, sin importar que fueran o no refugiados. A pesar de tener obligación de escuchar las solicitudes de asilo de los mismos, fueron arrestados y lanzados al otro lado de la frontera afgana sin mayores trámites donde el peligro era y sigue siendo real y serio (contraviniendo todas las disposiciones de la Convención de Ginebra al respecto).

Según informe de la Human Rights Watch, la presión de las autoridades iraníes para evacuar el país podría estar afectando ya a unos 800.000 afganos. Incluso en algunos casos la policía ha confiscado su dinero para pagar los gastos de su deportación o les ha agredido para encerrarlos en contenedores sin ventilación alguna para su posterior expulsión (con riesgo de sofocación).

Esta presión desde dentro de Irán junto a la progresiva retirada de las fuerzas americanas y de las tropas de la ISAF de Afganistán que afecta, de momento, aún más a su seguridad ha incrementado, a su vez, el número de nuevos refugiados afganos hacia Pakistán, por lo que la tensión también en dicho país con los desplazados afganos empieza a recrudecerse. Al ser hermanos de una misma religión comunitaria fueron acogidos bien al inicio. Ya no lo son.

Los afganos residentes en Irán o sus descendientes tienen prohibido absolutamente realizar estudios superiores en física nuclear, minería, tecnología de la información, aeronáutica, ingeniería petroquímica, así como en áreas relacionadas con lo militar o lo naval.

Las autoridades de la ciudad de Isfahán prohibieron a los afganos acudir al parque público de su ciudad histórica para conmemorar cada año el "Día de la Naturaleza", celebrada por iraníes y afganos conjuntamente como viene siendo tradición.

En la provincia de Fars se ha llegado a prohibir incluso la venta de alimentos a los afganos (!). Se exige a los tenderos nativos solicitar el documento de identidad a todos sus clientes antes de intercambiar con ellos, so pena de cerrarles el negocio en caso de que no sigan las directrices de la "autoridad".

Muchos iraníes han expresado espontáneamente su solidaridad y empatía con los refugiados e inmigrantes afganos ante estas odiosas políticas de segregación de sus dirigentes. Han llegado hasta lo que un régimen teocrático permite y se han creado páginas en Facebook como el ejemplo de We are all Afghans. Todo ello con consecuencias prácticas bastante limitadas.

La libertad de movilidad debe ser universal

El caso del comportamiento de los dirigentes iraníes actuales no es más que un mero ejemplo de lo que un gobierno es capaz de hacer en nuestros días contra los inmigrantes o refugiados que caen bajo su jurisdicción. Muchos otros abusos contra los pacíficos inmigrantes se dan en el mundo como los llevados a cabo por Tailandia contra los birmanos, en México contra los guatemaltecos, en la República Dominicana contra los haitianos o en Marruecos contra los subsaharianos y así, en numerosos países más. Este es el estado lamentable de la situación.

La defensa en favor de unas fronteras más abiertas para los que desean emigrar por cualquier motivo (y su corolario, la crítica dirigida contra medidas excesivamente restrictivas o represivas a la inmigración) no debe circunscribirse sólo a un país concreto. Ha de ser necesariamente universal y atemporal.

Si uno toma en serio la libertad de las personas, esta causa no ha de ser obviada, por compleja y delicada que sea.

 


Este comentario es parte de una serie acerca de los beneficios de la libertad de inmigración. Para una lectura completa de la serie, ver también I,  IIIIIIVVVIVIIVIIIIXXXIXIIXIIIXIVXV y XVI.

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