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Juan de Mariana en la Academia de Doctores

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El pasado día 26 de junio Victoriano Martín ingresó en la Real Academia de Doctores de España con el discurso "Filosofía política y teoría monetaria en la Europa medieval y su reflejo en Juan de Mariana". El profesor Martín, catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Rey Juan Carlos, es un buen conocedor de los maestros de Salamanca (recordemos por ejemplo su Lección Inaugural en la misma Universidad sobre "Las ideas liberales y la escolástica española del XVI") y ha dirigido varias tesis doctorales sobre esta materia.

En el solemne Acto de Toma de Posesión, quiso relacionar la crisis económica de nuestros días (en lo que tiene que ver con el dinero y el crédito) con viejas teorías monetarias que a su juicio parecen haber sido olvidadas, pero que sin embargo muestran una muy consistente actualidad en cuanto a su validez. En concreto, ofreció una síntesis de la teoría monetaria medieval, llevada a su plenitud por el jesuita español Juan de Mariana, en comparación analógica con las explicaciones sobre el fracaso de las políticas de dinero fácil que han venido practicando los bancos centrales de Estados Unidos, Europa y Japón.

Aquellos autores medievales ya avisaron del peligro del envilecimiento del dinero (pérdida de su poder adquisitivo) ocasionado, entonces, por ciertos procedimientos heterodoxos de reacuñación; lo que, transferido a la actualidad, ocurre cuando se permite que los aumentos en la cantidad de dinero financien los gastos (enormes) del Estado. Frente a aquellas prácticas, Mariana protestaría contra lo que consideraba un impuesto inflacionista: ilegal en cuanto que no contaba con la aprobación de los ciudadanos y torpe en cuanto que no respetaba los principios de una teoría monetaria ya muy bien asentada en su época, sobre la conveniencia de mantener estable el valor del dinero mediante el pleno contenido metálico de las monedas, esto es, la igualdad entre el valor facial y su valor intrínseco. De la inflación injusta hablaré en seguida; ahora les quería citar un texto del jesuita respecto a lo segundo:

Dos valores tiene la moneda, el uno intrínseco natural, que será según la calidad del metal y según el peso que tiene, a que se llegará el cuño, que todavía vale alguna cosa el trabajo que se pone en forjarla; el segundo valor se puede llamar legal y extrínseco, que es el que el príncipe le pone por su ley, que puede tasar el de la moneda como el de las demás mercadurías. El verdadero uso de la moneda, y lo que en las repúblicas bien ordenadas se ha siempre pretendido y practicado, es que estos valores vayan ajustados.

Pero regresemos a esa inflación injusta, que eso era para Mariana la manipulación monetaria: un impuesto ilegítimo que, al no ser aprobado por los ciudadanos, convierte al príncipe en tirano. En su Tratado sobre la moneda de vellón afirma tajantemente: "El rey no puede bajar la moneda de peso o de ley sin la voluntad del pueblo". Insiste en que el príncipe no es dueño de los bienes de los particulares, por lo que no podrá:

(…) tomar parte de sus haciendas, como se hace todas las veces que se baja la moneda, pues les dan por más lo que vale menos; y si el príncipe no puede echar tributos contra la voluntad de sus vasallos ni hacer estanques de las mercaderías, tampoco podrá hacerlo por este camino, porque todo es uno y todo es quitar a los del pueblo sus bienes, por más que se les disfrace con dar más valor legal al metal de lo que vale en sí mismo.

El profesor Martín terminaba su discurso lamentándose de la escasa aceptación que tuvieron estas doctrinas escolásticas, seguramente demasiado avanzadas para su tiempo (recordemos que Juan de Mariana estuvo preso por la Inquisición en el convento de San Francisco de Madrid). En su opinión, el padre Mariana constituye, junto con Vázquez de Menchaca, uno de los ejemplos claros en los que aparece la defensa de los derechos individuales como fundamento de los límites del poder político. Sostuvieron que la soberanía reside en el pueblo, y sirve para garantizar su felicidad. De ahí que se mostraran tan celosos de que el soberano cumpla con la misión que se le encomienda, porque, dice Mariana:

Todos los hechos del príncipe deben encaminarse a alimentar la benevolencia de los súbditos y a procurar a estos mismos la mayor felicidad posible. El deber del que gobierna ciudadanos… es velar por la defensa y la utilidad de quienes están bajo su amparo. Éstas son pues las virtudes del rey y éste el camino que le puede conducir a la inmortalidad.

Una reflexión que deberían considerar muchos gobernantes de nuestro tiempo. Como indica Victoriano Martín, trayendo a colación de nuevo la coyuntura actual:

Conviene resaltar aquí una vez más cómo estos autores derivan su teoría monetaria de la filosofía política que profesaban; una filosofía de la que por desgracia carecen los dirigentes políticos actuales, y cuyos ingredientes fundamentales son la teoría del consentimiento y la teoría de los derechos subjetivos, considerando uno de los principales el derecho de propiedad.

Enhorabuena al nuevo académico y otro motivo para felicitarnos por el patrono de nuestro Instituto.

PS: Respondió a su discurso de ingreso el también catedrático de la URJC y académico, profesor Fernando Becker Zuazua. La Real Academia de Doctores fue fundada en 1922 por iniciativa del rey Alfonso XIII y del rector de la entonces Universidad Central, D. José Carracido. Sus fines son la promoción del cuerpo doctoral español, la cooperación interdisciplinar y con otras academias, el asesoramiento sobre cuestiones humanísticas, de ciencia o tecnología y el fomento de la cultura. Tiene su sede en el antiguo Paraninfo de la Universidad Complutense en la calle San Bernardo de Madrid.

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