Skip to content

Kennedy y el yihadismo

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

¿Es la respuesta de Hollande y la burocracia de Bruselas la única posible frente a este terrorismo irracional?

Se cumplen en estas fechas 52 años del asesinato del presidente Kennedy en Dallas y quizá sea un buen momento para reflexionar sobre las causas, las motivaciones y los beneficiados de las guerras que EEUU ha promovido sobre la base de la Democracia y otros argumentos no menos bondadosos.

A día de hoy es sorprendente que todavía Lee Harvey Oswald, un agente encubierto de la CIA, sea considerado, si no el único, el principal acusado del magnicidio contraviniendo el más mínimo sentido común, los hechos comprobables e incluso las leyes de la física. Este pésimo tirador destinado como operador de radares en una base secreta americana en Japón cambió su fidelidad al tío Sam para instalarse en Minsk y colaborar con el KGB renunciando a su nacionalidad, regresó de nuevo a su país para entregarse con poco entusiasmo a la causa cubana repartiendo pasquines procastristas en el centro de Nueva Orleans, sin descuidar sus buenas relaciones con desertores cubanos que planeaban derrocar al régimen comunista, el mafioso Jack Ruby (que acabó con su vida) y el misterioso empresario colaborador de la CIA Clay Shaw. No es intención de este artículo valorar la comicidad de este torpe vodevil ni desprestigiar la magistral investigación de la Comisión Warren, sino señalar una de las consecuencias del magnicidio: la entrada de lleno en la Guerra de Vietnam del ejército americano multiplicando su presencia en los años siguientes, empresa a la que se entregó con gran celeridad el nuevo presidente Lyndon Johnson desde los primeros días de su mandato, sin importar contravenir las intenciones de su predecesor de regresar a casa a todos los asesores militares americanos para el año siguiente. A la sombra de esta guerra se experimentaron nuevos métodos de masacrar y florecieron numerosas empresas armamentísticas y de servicios todo ello bajo la excusa de detener el comunismo en el sudeste asiático.

Menos de cuarenta años después el gobierno de George Bush y sus aliados lanzan una guerra que devastará Iraq para combatir al grupo terrorista que presuntamente había perpetrado los ataques a las Torres Gemelas y la muerte de centenares de personas atrapadas en un infierno de acero, gas y humo. Poca gente sabía que la familia de Osama Bin Laden mantenía estrechas relaciones con la familia Bush y tenía negocios en territorio americano. Sin pretender defender el autoritario régimen de Sadam Hussein, es necesario remarcar que las consecuencias de la guerra, lejos de restablecer la democracia en este país milenario, lo han sumido en el caos y la barbarie. De modo que si hay que buscar algún beneficiado de esta intervención armada bien podría ser la empresa Kellogg Brown & Root, la filial de Halliburton dirigida por el vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, quien con 39.500 millones de dólares fue la que más rentabilidad obtuvo. Una vez más la defensa de valores tan nobles como la paz y la democracia sirve para engordar la caja de alguna empresa vinculada a un alto dignatario del gobierno o la Administración norteamericana.

El terrible asesinato de decenas de inocentes en una sala parisina a manos de unos terroristas islamistas y la consiguiente respuesta del gobierno francés bombardeando Raqqa en Siria está generando una serie de planteamientos poco reflexivos y muy viscerales sobre el origen de este terrorismo, su implantación y la manera de combatirlo. ¿Cómo nace y quién financia al Estado Islámico? ¿Quién les ha pertrechado para combatir al gobierno de Al Asad? ¿Ha salido mal el experimento? Es cierto que una minoría de intelectuales y “opinadores” profesionales esgrime un ramillete de razonamientos que pretenden minimizar o disculpar el comportamiento de estos terroristas atendiendo a su extracción geográfica y social, así como las pretendidas humillaciones de que han sido objeto por parte de Occidente. Además de falaces, perversas y mentirosas, dichas observaciones profundamente colectivistas parten del odio y la envidia socialista que corroe los cerebros de la mayoría de los intelectuales y artistas occidentales, aburguesados y mantenidos por costosos estados del bienestar que les financian con dinero del sufrido contribuyente, proporcionándoles unas tribunas desde donde morder la mano que les da de comer, ya sea en radios y televisiones estatales o importantes alcaldías. Con ello no pretendo condenar determinadas acciones militares porque no dispongo de toda la información para hacerlo pero la experiencia y la historia precedente nos demuestra que este tipo de incursiones bélicas que defienden altos ideales a menudo dejan por el camino un reguero de sangre y devastación que, lejos de preservar o restaurar la paz y la estabilidad, contribuyen significativamente a engordar las acciones bursátiles de determinadas empresas vinculadas al poder y adictas al “capitalismo de amiguetes” uno de los mayores azotes de nuestra época. ¿Es la respuesta de Hollande y la burocracia de Bruselas la única posible frente a este terrorismo irracional? ¿Quién tiene responsabilidad en su creación?

La guerra, no lo olvidemos, es el combustible del Estado y ha sido indefectiblemente su mejor estrategia para ensancharse y limitar aún más las libertades individuales. La verdad siempre es su primera víctima.

The state is a gang of thieves writ large.

Murray Rothbard.

6 Comentarios

  1. Menos mal que alguien lo dice
    Menos mal que alguien lo dice. Me parecía alucinante la borregada seguidista de los bombardeos, y penoso que los únicos plantemientos en contra fuesen los de la propaganda de los bolivarianos.

    Más plantearse porqué existe el ISIS, porqué Turquía ataca sistemáticamente a los que se le enfrentan, sean rusos o kurdos, y porqué un sospechoso es parado en un control de carretera y dejado continuar… igual que todo el tema de control y propaganda que se ha montado en Bruselas.

    Felicidades por el artículo.

    • Muchas gracias, muy amable.
      Muchas gracias, muy amable.

  2. Dando por hecho, primero, que
    Dando por hecho, primero, que el yihadismo existe y, segundo, que nos ataca cuando le parece, digo yo que algo habrá que hacer. ¿Qué corresponde hacer aparte de culpar a los gobiernos occidentales de todos los males?

    Estoy dispuesto a admitir que los gobiernos occidentales se aprovecharon y se aprovechan del comunismo y el yihadismo para aumentar su poder y beneficiar a sus cómplices, pero la pregunta relevante para mí es ¿los controlan al punto de ser responsables de sus fechorías y ataques? Si alguien lo cree, debe demostrarlo, pero lo que no puede es “justificar”, aunque no sea ex profeso, ni parecer que lo hace, los crímenes explicando su etiología. Sucede que los crímenes los cometen personas adultas y responsables, no agentes heterónomos sin capacidad de decisión, así que cuando alguien aprovecha (¿como lo aprovecha lo fomenta?) un crimen para culpar de él a quien supuestamente no dejó otra alternativa al criminal, me enfado mucho.

    No porque A ataque a B, está B legitimado para atacar a C. Es más, no es en absoluto culpa de A que B ataque a C por mucho que B trate de explicar o justificar la agresión que realizó como efecto de la que sufrió.

    Como soy C, me importa un comino los motivos que tenga B para agredirme, ahora se ha declarado mi enemigo y debo ajustar cuentas. Cuando alguien quiera denunciar los desafueros de A le pediré que tenga la delicadeza de ni mentar la “legítima” patada que B le ha dado en mi culo, más que nada para que no haya confusiones.

    No puedo estar más en desacuerdo con un artículo cuando menos equívoco e inoportuno, por decir algo, a fe, contenido.

  3. En ningún momento he
    En ningún momento he pretendido disculpar o razonar ninguna acción terrorista y mucho menos cuando hay vidas humanas que lamentar. Únicamente me permito objetar las intervenciones militares occidentales cuestionando su indiscutida necesidad y señalando a sus beneficiarios, y sobre todo exigiendo un análisis de los incentivos, el germen, los instigadores y los apoyos en la sombra de estas temibles bandas u organizaciones de asesinos.
    Es sano no comulgar con todas las verdades reveladas.

  4. Las objeciones a la respuesta
    Las objeciones a la respuesta de Francia, y colaboradores, no debieran ser tanto a las oscuras razones y las dudosas eficacias, que también, sino a la palmaria evidencia de que no han hecho un diagnóstico adecuado y están aplicando soluciones mirando a su opinión pública y no al problema real.

    Multiculturalismo que crea franceses de tercera generación y tercera categoría, apoyo en oriente medio a la intifada, minar el intento de orden imperial en Asia central, apoyo a primaveras preñadas de yihad, tener una posición y la contraria con los bandos sirios y sus refugiados, oponer policía y laicismo a fanáticos religiosos…

    Y ahora Estado policial y bombas en un desierto.
    De traca.

  5. Enhorabuena, Francisco.
    Enhorabuena, Francisco.
    Muy bien escrito.

    Los liberales, y algunos que no son liberales, solemos echar en cara a los comunistas todos los crímenes del comunismo. Algún día tendremos que abrir los ojos y ver que hay una categoría superior al comunismo que es responsable de todavía más crímenes, durante más tiempo. Esta categoría envuelve al comunismo, al republicanismo, al monarquismo, al fascismo, a la democracia, a todos los imperios de la historia, a todos los reyes, gobernantes y líderes militares, de todos los países y regiones y razas. Y la mayoría de la gente, de una forma u otra, defiende esta categoría, y se dedica a negar o tratar de justificar sus crímenes. Igual que los comunistas. Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

El Fouché hispano

Fernando Grande-Marlaska se ha convertido en el ministro del interior que más tiempo ha estado en el cargo, un total de 2.085 días hasta hoy. Ha adelantado a José Barrionuevo, ministro de la época de los Gal, que acabó condenado a pena de prisión, con un récord de 2.048 días.