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La acumulación capitalista

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La izquierda marxista ha acuñado palabras y frases que han servido a su propósito de destruir la libertad económica y promover, como única alternativa, el poder concentrado en un líder para que organice “científicamente” la producción y distribución. Como en las viejas tribus, como en el socialismo, fascismo o comunismo.

A la palabra “capitalista” los marxistas le dieron un sentido peyorativo que da la idea de que aquellos individuos que buscan ganancias dedicándose al comercio comprando barato y vendiendo caro son unos delincuentes. Peor aún: aquellos individuos, sean empresarios o comerciantes, que acumulan enormes riquezas, deben ser sacrificados. Y se deben repartir sus ganancias, para evitar que sigan nadando en albercas llenas de monedas de oro, tal como daba la idea el Rico Mac Pato de las caricaturas de Walt Disney. Tales ideas introducidas en la mentalidad de un pueblo son las que garantizan la pobreza, marginación, miseria y violencia.

Es tarea liberal dar la batalla contra esa cultura depredadora que se enseña a diario en las escuelas y universidades públicas. No es fácil, dado que llevamos más de un siglo de prédica marxista, pero hay que dar la batalla, de otra manera, no tenemos futuro.

En la tierra sin beneficios

Supongamos, sin conceder, que aceptamos como práctica indebida comprar barato y vender caro, es decir, obtener una ganancia mediante el acto de comerciar. Condenando dicha práctica armamos una ley que prohíba comprar barato y vender caro, quien rompa la Ley, le cortamos la cabeza. Solo queda la posibilidad de comprar, digamos, una bicicleta en cien euros y venderla en cien euros para no cometer delito; o comprar una botella de vino en 20 dólares y venderla en 20 dólares, allí no hay pecado.

La pregunta es: ¿Quién se atreve a obedecer dicha Ley? Supongamos, sin conceder, que hay un pueblo muy obediente y aplica esa ley de “cero ganancias”. Pensemos en ese comerciante que fue al pueblo vecino a comprar cien pares de zapatos a $300.00 y los vende en $300.00. No sacó ganancia alguna, pero gastó su tiempo, sus propios zapatos, alimentos, energía, transporte. En otras palabras, después de vender todo y ganar nada, quedó más pobre que antes. Lo mismo ocurre en cada miembro de esa sociedad, quedan cada día, más cerca de la miseria. Por tal motivo debe ser desechada una economía donde se prohíba la ganancia. En Cuba y Corea del Norte de plano prohibieron el comercio entre particulares y por eso los vemos hoy día en la miseria.

Un juego que suma más que cero

La respuesta automática es permitir la ganancia capitalista, dejar que los individuos compren barato y vendan caro. Los marxistas le llamarían “explotación al consumidor”. Llamarle así da la idea de cometer un delito de imposición, de coacción, pero no lo hay. Mientras el vendedor no use la fuerza para que el cliente compre al precio que dice el vendedor, no hay delito qué perseguir.

En el comercio libre nadie amenaza ni impone a nadie, son operaciones libres y voluntarias, las partes acuerdan un precio y hacen el Quid pro quo “yo te doy, tú me das”. Hecha la operación, se dan la vuelta y les verás una sonrisa en los labios porque llevan el sentir de que mejoraron después de la transacción. Técnicamente, se le llama ”Juego de Suma Positiva”, porque los dos ganan, por eso se van felices y nadie se siente “explotado”.

El argumento de que el comercio libre implica explotación cae por su propio peso. Luego quieren controlar el nivel de ganancia: que sí se gane, pero que no sea una ganancia exagerada para que no se vea una gran diferencia entre los que tienen mucho y los que tienen poco. Es otra idea absurda que se debe combatir y permitir que haya gente que se haga extremadamente rica, obscenamente millonaria. Veamos por qué.

Un panadero

Pensemos en el panadero que empieza con un horno pequeño para hacer cien piezas. Se da cuenta de que todas las vende y muchos se quedan sin comprar porque la demanda es mayor que la oferta. Se le ocurre hacer un horno más grande para elaborar 500 piezas y todo lo vende más caro, así que abre otra panadería y otra más con mejores productos, mejores camionetas repartidoras, etc. La gente percibe que ese panadero se ha hecho millonario, muy diferente al resto, pero no le ha robado a nadie. Al contrario, ha hecho felices a cientos o miles de compradores. Hace que fluya la economía, se generen empleos.

Para hacer pan se compra harina, significa que los trabajadores del molino ganan para alimentar a sus familias; y los que transportan, y los que siembran trigo, y los tractoristas, etc. Gracias a la iniciativa de nuestro personaje panadero, mucha gente sale beneficiada. No hay delito qué perseguir. Y mientras más rico se hace nuestro personaje, más felices son los ciudadanos. Razón suficiente para aplaudir y felicitar a aquellos que logran una fenomenal “acumulación capitalista”.

Sin perjuicio para nadie

La buena política consiste en impulsar, para que haya más, muchos millonarios. Después de todo, ningún supermillonario puede comer sus ganancias y tampoco se las lleva al infierno al morir. Cuando estaba pobre se comía un pollito y ahora que gana millones de dólares diarios, sigue comiendo un pollito al día. En otras palabras, la curva de consumo del millonario es horizontal. ¿Qué hace con las ganancias que no consume? Normalmente, las invierte, genera nuevos negocios, contrata más personal, produce más bienes y todo eso es para bien de la sociedad.

Pero aún cuando nuestro próspero panadero se construyera un palacio en cada provincia o en cada país, no está perjudicando a nadie, da empleo a ingenieros, arquitectos, albañiles, etc. Luego, a nadie está perjudicando, está beneficiando a miles, millones de personas. Toda sociedad debería querer muchos ricos, pues estos, aún sin proponérselo, irremediablemente benefician a la sociedad.

Los principios del capitalismo

Hay quien piensa que el capitalismo es malo porque produce a pocos ricos basándose en empobrecer a miles de personas. Eso es imposible. Si algo no puede hacer el capitalismo es empobrecer a personas. Está fuera de toda lógica, porque se fundamenta en acuerdos libres y voluntarios entre dos individuos soberanos.

El capitalismo se basa en tres principios fundamentales: No debes matar a nadie; no debes robar a nadie y no debes engañar a nadie. En pocas palabras:debes respetar la propiedad privada. El individuo tiene, por tanto, la libertad de hacer cualquier cosa que se le ocurra, poner en juego la iniciativa personal, perseguir sus sueños, realizar proyectos sin que nadie tenga el derecho de obstaculizarle.

Los signos de la rapiña

Sin embargo, vemos en nuestras economías reales que hay hombres muy ricos, que nada tienen que ver con la “acumulación capitalista”. Son hombres que se han hecho millonarios robando al erario, dando permisos gubernamentales para abrir negocios a cambio de un dinero por debajo de la mesa, o adjudicando contratos estatales mediante actos corruptos. A esto le podríamos llamar “acumulación corrupta” y ésta no es defendible en absoluto: “Que les corten la cabeza”.  Por cierto, de esta acumulación corrupta poco habló Carlos Marx, quizás porque comprendía que esa acumulación abona en la destrucción del sistema capitalista, que era el gran objetivo de Marx.

En resumen: bienvenido el capitalismo y bienvenida la acumulación capitalista. Es la hora de cambiar nuestra cultura y formar a nuestros niños y jóvenes con otra visión y mejores perspectivas. “Ser rico no es malo”; lo dijo Deng Xiaoping, quien fue el líder chino que abrió a China al mundo capitalista y hoy son sorprendentemente ricos. En tal caso, hay más pecado en ser pobre, pues significa que no has satisfecho las necesidades, gustos o preferencias de nadie. Quizás por eso estás pobre, pero en un mundo capitalista todo puede cambiar: quien estaba pobre se puede convertir en millonario y al revés también es posible.

Ver también

Países pobres, países ricos y acumulación de capital. (Juan Morillo).

Adam Smith, los austríacos y el crecimiento económico. (José Carlos Rodríguez).

La economía de generación de crecimiento. (Fernando Herrera).

1 Comentario

  1. Estimado articulista ; dice Vd.
    «Solo queda la posibilidad de comprar, digamos, una bicicleta en cien euros y venderla en cien euros para no cometer delito; o comprar una botella de vino en 20 dólares y venderla en 20 dólares, allí no hay pecado.»
    «»Un juego que suma más que cero
    La respuesta automática es permitir la ganancia capitalista, dejar que los individuos compren barato y vendan caro. Los marxistas le llamarían “explotación al consumidor”.

    Disculpeme, pero lo que Vd. afirma (salvo lo de comprar barato y vender caro, cuya causa primera es la tasa de descuento temporal que el capitalista-empresario aplica sistematicamente a los factores de producción, incluso en una economia en equilibrio, segun la jerga de los economistas matematicos) es completamente falso e imposible; veamos:

    «Ceteris Paribus», es ontologicamente imposible que se produzca su primera afirmacion; me parece que la cosa no requiere de mayor explicacion al tratarse de un absurdo o sinsentido; por lo tanto, ni siquiera es, ni puede ser un juego de suma cero.
    Tampoco hay juegos de suma positivos en una economia de mercado; es imposible y vd deberia saberlo, porque cualquier juego de suma positivo con N jugadores, puede reducirse a un juego de suma cero con N+1 jugadores, en el que el jugador adicional incorporado se lleve todos los premios o premio (Von Newman y Morgensten); este jugador se parece mucho al GOSPLAN.; estas falacias son el epitome de la pseudo-economia matematica.

    Hay pesudoeconomistas marxistas (en la UNAM que Vd. debe conocer bastante bien) que recurren con razón a estas y otras falacias de la economia mainstream-matematica para criticar y refutar su economia de «mercado» o neoliberal; lo que les ocurre es que son unos perfectos ignorantes en lo que a Economia de Mercado se refiere; evidentemente estoy hablando de la Escuela Austriaca, que en sentido estricto es la primigenia y verdadera Economia Neoclasica. (desde luego Morgensten y Von Newman quedan descartados; incluso Hayek )

    Un cordial saludo.


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