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La defensa liberal de los trabajadores

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Justo este pasado 11 de abril, el Viernes de Dolores, este diario digital destapaba la punta de un iceberg que, por desgracia, tiene pinta de crecer en los próximos meses. Se trata del fraude en los cursos para desempleados financiados por la Junta de Andalucía, e impartidos en concreto en la provincia de Málaga.

La Unidad de Delitos Económicos y Financieros (UDEF) sigue investigando, pero las conclusiones a las que ha llegado hasta ahora son de vergüenza.

Dame pan y dime tonto

Lo que es seguro es que de las veinte empresas adjudicatarias de la ayuda solamente tres cumplían con los requisitos. Las otras diecisiete cometían irregularidades. Bien no colocaban al 66% de los alumnos, como estaba estipulado en las condiciones para recibir el dinero, llegando a obligar a los parados a firmar la renuncia al puesto de trabajo. Bien la lista de alumnos que enviaban era fraudulenta. O bien, una vez recibido el 75% del dinero de la Junta, la empresa desaparecía como por arte de magia.

Los cerca de 200 testigos que ya han declarado han explicado que no había vigilancia alguna por parte de la Junta de Andalucía. Hablamos de una cantidad de 1,5 millones de euros solamente en una provincia en la comunidad autónoma con más paro de la Unión Europea, que además es la región con un índice de pobreza más alto de España. El pasado diciembre, el informe Pobreza 3.0 apuntaba que el 40% de la población andaluza rondaba el círculo de la pobreza. En esas circunstancias, ¿no deberían ser las autoridades especialmente cuidadosas con cada euro gastado?

Y con ello me refiero a la medida del impacto que los cursos van a tener en la población desempleada, el uso eficiente de la ayuda, la estricta observancia de los requisitos por parte de las empresas que ofrecen los cursillos seleccionados, encuestas de satisfacción a los estudiantes (estos cursos datan de hace cuatro años). En fin, toda una serie de medidas que asegurara que el euro pagado por el contribuyente, ese que se ha empobrecido y que sigue manteniendo a pensionistas, parados y a todos los demás, es un euro bien gastado. Es una cuestión de respeto. En primer lugar, al desempleado al que se le vende algo que no es. En segundo, al sufrido paganini. Y, no se nos olvide, en tercer lugar, al votante que cae embaucado ante la defensa del trabajador por los socialistas, en concreto por un partido político que tiene la desvergüenza de llevar la palabra Obrero en su nombre. Yo imagino a los líderes socialistas andaluces, de los de pura cepa, de los que argumentan "si eres obrero, ¿qué vas a votar si no es al partido que te representa y lleva tu nombre?", como he tenido que oír alguna vez. ¿Dónde están los escraches a los que no vigilaron? ¿Dónde está la exigencia al negligente, la rendición de cuentas? ¿Dónde están los parados andaluces reclamando lo que les prometieron? ¿De qué color va a ser esta "marea" de gente reclamando honestidad? Porque hoy es Málaga, pero se anticipa una ola de denuncias en el resto de la geografía de Andalucía.

La liberación de los trabajadores

Por esas casualidades que tiene la vida, ayer estaba escribiendo sobre la revolución liberal chilena y, cotilleando en la página de José Piñera, uno de los actores principales de la misma. Y encontré este párrafo que extraigo de su discurso como ministro de Trabajo en la celebración del 1 de mayo del año 1980, en el que anunciaba la reforma del sistema de pensiones tan exitoso para los trabajadores chilenos:

"Toda forma de trabajo es un ejercicio constante de la libertad humana. Mediante su trabajo creador, el hombre no sólo expresa y manifiesta su condición libre, sino que también acrecienta día a día la magnitud de su libertad. El hombre, trabajando más y mejor, se libera de la servidumbre de las ciegas fuerzas de la naturaleza, de la esclavitud geográfica, de las imposiciones del clima y del medio ambiente. El hombre, trabajando más y mejor, se libera también de las coacciones sociales y de las presiones políticas. En efecto, su capacidad creativa le permite erguirse con firmeza frente al posible atropello de un Estado totalitario, que para imponerse requiere una masa anónima de siervos tan dóciles como carentes de educación laboral. Y con el producto de su mayor y mejor trabajo, el hombre conquista ese tanto de propiedad privada, de libertad económica, que es la base de su libertad social y política, pues le impide ser arrasado por un poder central absoluto: sólo el que nada tiene puede caer bajo el yugo de esas fuerzas impersonales e irrestrictas".

Y la historia acaba bien. Cosa que la izquierda liberticida, que profana vergonzosamente el término "obrero", jamás perdonará al liberalismo. Trabajadores españoles, no nos dejemos engañar más, nuestra lucha es la de la libertad.

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