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La desigualdad no es el problema

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El mensaje de la izquierda en España es simple: la desigualdad es el principal problema, y para combatirla es imprescindible aumentar el poder intervencionista del Estado.

“No me importa la desigualdad porque no soy envidioso. Me importa la pobreza”.

Pedro Schwartz.

Antiguamente la izquierda anticapitalista solía centrarse en criticar al capitalismo por considerarlo generador de pobreza. Sin embargo los hechos se empeñan en demostrar lo contrario: el capitalismo reduce la pobreza de forma sistemática. Durante los últimos 35 años el mundo ha visto la mayor reducción de pobreza de la Historia: según el Banco Mundial, mientras en 1980 el 43% de la población mundial vivía en condiciones de pobreza extrema, en 2016 por primera vez el porcentaje es menor del 10%. La relativa apertura económica y comercial de los países más poblados del planeta, China e India, han permitido sacar de la pobreza a más de mil millones de personas en unas pocas décadas.

Puesto que en la actualidad es muy difícil sostener la tesis, contra toda evidencia, de que el capitalismo genera pobreza y que el socialismo en cambio la elimina, la izquierda anticapitalista ha ido reagrupándose en torno a otro viejo estandarte: la lucha contra la desigualdad. El problema ya no es tanto la pobreza en sí misma como la diferencia estadística entre ricos y pobres en un momento dado. De ahí el éxito editorial de autores como Thomas Piketty, que no muestra ningún interés por analizar la pobreza pero sí que dedica cientos de páginas a criticar lo ricos que son los ricos. Lo cierto es que la desigualdad económica toca nuestras fibras más primarias y no falta quien está dispuesto a explotar esos sentimientos con motivos políticos.

En España el alarmismo ideológico en torno a la desigualdad lleva años en aumento. Los principales partidos de la izquierda, PSOE y Podemos, han tomado la lucha contra la desigualdad económica como una de sus banderas. El mensaje es simple: la desigualdad es el principal problema de España, y para combatir la desigualdad es imprescindible aumentar el poder intervencionista del Estado. Es preciso arrebatar la riqueza a los ricos y entregársela a las extensas masas de pobres. Y esto es así porque, como repiten continuamente todos los medios e incluso organismos internacionales, España es uno de los países más desiguales de Europa. Sin embargo existe un problema: que no es verdad.

El Instituto Juan de Mariana ha publicado un informe titulado “La desigualdad en España: ¿Realmente es España uno de los países más desiguales de Europa?”, en el que se analizan a fondo los datos de desigualdad en nuestro país. Y la conclusión es clara: la desigualdad en España es mucho menor de lo que habitualmente se dice. España es de hecho uno de los países más igualitarios de Europa en la distribución de la riqueza y del consumo, y es un país con una desigualdad de la renta intermedia una vez se corrigen los principales sesgos con los que las cifras suelen presentarse. Además, el informe demuestra que la principal causa generadora de desigualdad de la renta en España no son ni las diferencias salariales ni las rentas del capital, como a menudo nos intentan vender, sino la extraordinariamente elevada tasa de desempleo. Y si hay algo que se dispara cada vez que los socialistas llegan al poder en España es, precisamente, el desempleo.

Para participar en el debate público en torno a la desigualdad es importante conocer bien la realidad. En ese sentido, el informe del Instituto Juan de Mariana es relevante porque proporciona una imagen mucho más completa y realista de la desigualdad existente en España que la que habitualmente se difunde. Y cuando miramos los datos en detalle, el discurso alarmista que reclama inmediatos recortes a nuestras libertades queda desactivado. Conocer mejor la realidad es importante para que los políticos no nos manipulen. Sin embargo, la batalla de las ideas en torno a la cuestión de la desigualdad ha de librarse a dos niveles. Por un lado el empírico, que es el que aborda el informe. Pero por otro lado, es preciso articular el debate también desde el punto de vista filosófico: ¿es la desigualdad económica algo negativo en sí mismo?

La respuesta es que la desigualdad económica no es algo necesariamente negativo. El problema es la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades o la escasa movilidad social. Pero no podemos decir a priori si una determinada distribución estadística de renta o riqueza es justa o injusta. Lo que puede ser justo o injusto es la forma de adquirir dicha renta o riqueza. Por ejemplo si la obtenemos mediante privilegios o prebendas estatales, sí podremos considerarla injusta; pero si se ha adquirido mediante trabajo, ahorro e intercambios voluntarios, dicha riqueza será perfectamente legítima y digna de elogio. En todo caso, el ideal al que deberíamos aspirar no es a una sociedad igualitaria, sino a una sociedad próspera; una sociedad que permita que la gente viva lo mejor posible y desarrolle en paz sus proyectos vitales. Y para lograrlo, nada es más pertinente que defender el respeto a la libertad y a los derechos de propiedad de las personas. Es el marco institucional en el que todos, ricos y pobres, tienen más posibilidades de prosperar, crecer y alcanzar altos niveles de bienestar. Lo curioso es que son precisamente esas instituciones las que pretenden quebrantar quienes insisten, de forma infundada, que la desigualdad económica es el principal problema de España.

5 Comentarios

  1. La desigualdad es el problema
    La desigualdad es el problema, de hecho es un problemón.
    La cantidad de partidos políticos, medios de comunicación, organismos internacionales y ciudadanos de a pie capaces de publicitar o asumir una trola es abrumadoramente desigual respecto a la cantidad de partidos políticos, medios de comunicación, organismos internacionales y ciudadanos de a pie capaces de desmontarla.
    Una mentira propagada y asumida por una inmensa mayoría de una manera permanente, no se convierte en verdad, pero sí se convierte en la realidad que has de vivir. Vamos, un problemón.

  2. Estupendo artículo sobre un
    Estupendo artículo sobre un estupendo Informe, Ignacio. Parece que les escuece, porque ya están escribiendo sobre ello algunos progres iletrados… Añado otra cita, de Carlos Rodríguez Braun : «no queremos ser iguales, ¡queremos ser mejores!».

  3. Gracias por el excelente
    Gracias por el excelente artículo. Las 10 razones por las que soy liberal:

    1. Porque considero la libertad como un derecho natural, que nadie debería amenazar mientras el ejercicio de mi libertad no agreda la libertad de ningún otro ser humano.
    2. Porque no admito que otros se arroguen el derecho a administrar o confiscar los bienes producidos legítimamente con el esfuerzo de mi trabajo o mi capital, ya que va en contra de mí libertad.
    3. Porque creo que el libre mercado, el capitalismo, los derechos de propiedad, la división del trabajo y en el que todos seamos iguales ante la ley, son los pilares sobre los que se fundamenta la prosperidad para toda la humanidad, especialmente para los más humildes.
    4. Porque veo como evidente que la riqueza no viene dada, y ha de crearse antes de disfrutarse, y por lo tanto las políticas redistributivas de la riqueza como el socialismo o el comunismo jamás conseguirán crear riqueza sino destruirla.
    5. Porque me veo en la obligación moral de denunciar a las legiones de demagogos y populistas que pretenden acusar a aquéllos que crean la riqueza de causar perjuicio a sus semejantes, cuando es todo lo contrario.
    6. Porque he estudiado la naturaleza humana creo en el Estado mínimo o inexistente como en la única forma de acabar con la corrupción, la ineficiencia y la tiranía de los Gobiernos.
    7. Porque creo que los seres humanos no son propiedad de nadie salvo de ellos mismos, y considero que el derecho de estos nunca puede subordinarse al derecho de ningún otro ser humano u otra entidad como el Estado, el Gobierno, el Planeta o la Sociedad.
    8. Porque se ha demostrado que los servicios privados son de mejor calidad y tienen un coste inferior a los públicos, y aspiro a que todos los ciudadanos puedan disfrutar de los mejores servicios a los mejores precios.
    9. Porque creo que existe una desinformación intencionada sobre lo que el liberalismo es y representa, y siento la necesidad de difundir sus ideas a aquellos que han sido confundidos y deseen escucharme.
    10. Porque aspiro a las mayores cotas de libertad y prosperidad para mí y todos mis semejantes y creo que la libertad y diversidad de prensa, reunión, opinión, religión, opción sexual, política y de todo tipo enriquecen al ser humano y a mi mismo.

  4. El problema es que, como dice
    El problema es que, como dice Santiago Niño Becerra, el aumento de productividad necesita cada vez menos de que haya personas que presten servicios al inversionista. Gracias a la organización cada vez más eficiente de las empresas, el capitalista necesita menos personas para lograr que su inversión rinda, y los que necesita, salvo aquéllos que generan un alto valor añadido, pueden ser pagados cada vez menos (pura oferta y demanda). Por ello, la mayor riqueza no redunda en mayor bienestar general. Y no defiendo el socialismo sino la necesidad de un colchón para la gente que va siendo cada vez menos necesaria.

  5. Totalmente de acuerdo, los
    Totalmente de acuerdo, los que creen que las diferencias y desigualdades son la base del problema, en realidad tienen una insana envidia, y su incapacidad de desarrollarse como seres humanos y hacer felices a otros la transfieren en querer quitar a los que tienen, lo que tienen, porque a eso llaman «justicia»… Ya estamos hasta el copete de revoluciones desde el cuentazo de 1789, y ninguna de ellas ha llevado desarrollo, progreso y felicidad a nadie, como no sea a sus dirigentes que después de pelearse y matarse entre si (Danton, Marat y Robespierre; o Trotsky, Lenin y Stalin; y otros) se han adueñado del poder en su propio beneficio… Mientras TODOS puedan acceder a una mejor vida, no deberia importar si el más rico es un millon de veces más rico que el más pobre, siempre que este último pueda comer, vivir y tener la oportunidad de educarse y crecer.


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