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La ética del capitalismo: las virtudes burguesas según Deirdre MacCloskey

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La sinceridad, mantener la palabra y servir a los demás sin resentimiento es lo característico del mercado.

La economía política es la ciencia que investiga las leyes de los fenómenos sociales que se desprenden de las operaciones combinadas de la humanidad para la producción de riqueza, en la medida que esos fenómenos no se vean modificados por la búsqueda de cualesquiera otros objetivos

–John Stuart Mill.

La expresión “virtudes burguesas” no es ninguna contradicción. Es el modo como hoy vivimos la mayor parte del tiempo, en el trabajo, en nuestros días buenos; y la manera como deberíamos vivir, de lunes a viernes”

–Deirdre MacCloskey.

El liberalismo es pecado y por ende todo aquello que esté relacionado con dar una mayor autonomía y responsabilidad de acción a los individuos, o al menos eso es lo que decía hace más de 130 años el sacerdote Félix Sardá y Salvany, al que Carlos Rodríguez Braun y Juan Ramón Rallo han conseguido desacreditar, tanto lo dicho por el sacerdote como por todos los enemigos del comercio y del mercado.

Sin embargo, las críticas al capitalismo continúan siendo constantes por parte de la izquierda, y no tanto porque este sistema no sea capaz de generar riqueza, sino más bien porque no sabe distribuirla y, además, incentiva los comportamientos poco éticos y virtuosos en el que la competencia, la codicia, la injusticia, la extremada racionalidad de los empresarios y el engaño son la base a través de la que se sustenta la acumulación del capital.

La raíz de todos nuestros males, por lo tanto, deberían situarnos en el año 1800 en adelante, cuando la libertad se fue asentando en numerosos países. Pues bien, durante los últimos 200 años la población se ha multiplicado por seis, y a pesar de dicho crecimiento de la población, y en contra de las teorías malthusianas, la cantidad de bienes y servicios producidos y consumidos por persona se han incrementado por más de 8. Si tomamos países genuinamente capitalistas, el éxito es todavía mayor, como en Hong Kong o Estados Unidos, con un incremento de hasta 20 veces del ingreso per cápita. El descenso de la desnutrición, la mejora en el acceso a agua saneada o el aumento de la esperanza de vida permiten reforzar la idea de progreso de la humanidad gracias al capitalismo global.

Sin embargo, ¿cuántos de nosotros venderíamos nuestra libertad y nuestra alma al diablo para conseguir un mejor bienestar material?, y eso es en esencia lo que indican muchos autores de izquierda, a saber, el capitalismo ha logrado un gran bienestar material, pero a costa de acabar con todo comportamiento virtuoso, cegándose los burgueses por su “superficialidad y materialismo”.

Pero Deirdre MacCloskey, en su magnífico libro Las virtudes burguesas, considera que el capitalismo ha ido ligado al comportamiento ético. La autora sostiene que “la producción y el consumo carece de un propósito inherente”, por lo que “no está claro que consumir en el centro de Manhattan tenga menos sentido que hacerlo en la anticapitalista Corea del Norte” Es. más, el estadounidense medio actualmente dedica el 70% de su ingreso a actividades como el ocio, que sirven para “mejorar el espíritu”, cuando en 1880 prácticamente el 80% de sus ingresos debían destinarse a comprar alimentos, y es que una población más rica y urbanizada tiende a ser “menos violenta, menos materialista y menos superficial”, ya que “la gente cuenta ya con bienes materiales”.

El ahorro, la seguridad jurídica y el cumplimiento de los acuerdos, pero también la solidaridad, la valentía y la cooperación son patrimonio del mercado, por eso existen bienes colectivos que se pueden ofertar desde la esfera privada, como los bienes de club de Buchanan, y en otros donde la exclusión es todavía más compleja, como los faros que alumbraban las costas británicas en el siglo XIX

La ética, según MacCloskey es un sistema de virtudes, en donde virtud es un hábito de comportamiento que nos lleva al bien, al comportamiento virtuoso dentro del sistema capitalista. Según la autora estadounidense, dicho sistema de virtudes está compuesto por la justicia, la prudencia, la fortaleza, la templanza, la fe, la esperanza y el amor; todas ellas imprescindibles para hacer que el capitalismo arraigue y funcione, como explicó de manera brillante Juan Ramón Rallo hace unos meses en el Free Market Road Show de Madrid. 

El amor como la capacidad para cuidar de nosotros mismos, pero también de los demás, buscando la cooperación pacífica y la armonía de los diversos intereses; la fe para confiar en todo aquello que no conozcamos y “honrar nuestra comunidad de negocios”, respetar las costumbres, tradiciones y normas de tal forma que entendamos nuestras limitaciones para no caer en la fatal arrogancia de que alguien es capaz de planificar la vida de todo el mundo; la esperanza de que vamos a ver un mundo mejor, un progreso que vendrá, pero siendo racionales; prudencia para calcular las consecuencias de nuestros actos, es el pensamiento utilitarista o el homo economicus que llevamos dentro, “comprar barato y vender caro”, perseguir el bien con talento; la templanza para controlar nuestras pasiones, es la forma por la cual nos atamos a un mástil si vienen sirenas, es lo que nos hace invertir en educación o ahorrar para acumular, es la humildad para escuchar al cliente, el no engañar, es la paciencia; la justicia para proteger la propiedad privada, para respetar los contratos, la igualdad jurídica ante la ley, para dar a cada uno lo suyo; por último, la valentía para vencer al miedo y emprender, no temer a los cambios, resistir en las derrotas y salir fortalecido, ser antifrágil.

Esas virtudes se manifiestan en muy diversas formas, por ejemplo, el amor, tal como sostenía Milton Friedman, viene dado por la responsabilidad social del empresario, esto es “haz tanto dinero como puedas al tiempo que cumples con las reglas básicas de la sociedad, tanto aquellas encarnadas en la ley como aquellas encarnadas en la costumbre ética”. En efecto, hoy en día las empresas tienen en cuenta en gran medida su riesgo reputacional, puesto que un comportamiento que ataque o ofenda a la sociedad o a un colectivo determinado puede ocasionar grandes pérdidas, así como un comportamiento virtuoso y respetuoso, por ejemplo, realizando campañas que cuidan el medioambiente, puede ofrecer grandes nichos de mercado. En un entorno competitivo, si un oferente no cumple las expectativas ya no solo a la hora de satisfacer nuestras necesidades, sino también de comportarse de manera correcta con respecto a ciertos asuntos, le retiraremos nuestro apoyo y nos pasaremos a la competencia. El capitalismo ha hecho que no necesitemos preocuparnos solo de satisfacer nuestras necesidades fisiológicas y de subsistencia. Quizás no maximicemos nuestras preferencias, pero la prudencia por si sola, esto es, el homo economicus, no existe.

Lo normal en una economía de mercado es la cooperación, no la traición, porque nos enfrentamos a un dilema del prisionero, y puede que si “delatamos” a nuestro compañero ganemos el primer juego, pero luego viene el segundo, el tercero, y así sucesivamente, y lo más probable es que en esos juegos sucesivos los que no cooperen acaben expulsados y/o marginados. Todo esto viene corroborado por algunos estudios como el presentado por Bellah et al. (1985), que lejos del individualismo randiano, para una muestra de 200 personas los autores concluyen que “si de verdad existe una nutrida ‘generación Yo’, ególatra y narcisista, en Estados Unidos, al menos nosotros no la encontramos”. 

Existe una combinación de prudencia llena de humildad para no centrarse exclusivamente en uno mismo, y justicia sin renunciar a uno mismo; en fin, una idea parecida a la mano invisible de Adam Smith, en la que cuando buscamos nuestro propio beneficio, probablemente, estaremos ayudando a otras personas.

El comportamiento ético o el sistema de las siete virtudes de Deirdre MacCloskey es una guía, pero “no resuelve todos y cada uno de los problemas éticos al instante”, nos exige un “papel activo” como intérpretes. Porque los problemas éticos no se resuelven con pensar en escoger lo que “todo ser racional elegiría”, o lo que “maximice nuestra felicidad” o aquello que sería aprobado tras un “velo de ignorancia”. Lo ético, en resumen, “es un conocimiento local, no universal”, es “contingente y falible, no universal y necesario”, la moralidad “consiste en experiencia personal e instituciones sociales, no en conjuntos de proposiciones”.

Piense que en el mundo cosmopolita y burgués en el que vivimos, nunca antes habíamos disfrutado de más, y no menos, libertades, en donde la mujer es un sujeto de derecho igual de respetable que el hombre, o que los homosexuales son consideradas personas igual de importantes que los heterosexuales. Quizá, esto se debe a que en el mercado no importa tu condición y tu forma de ser, simplemente se trata de comerciar y cooperar para que todos ganen, y quien no actúe así no llegará a nada, porque renunciará a demasiado, incluida la justicia o el amor, pero también la prudencia.

Porque el capitalismo es más que dinero-capital-dinero, porque en el mercado lo importante es la supervivencia en el largo plazo, no la ganancia inmediata; y es que la evolución mercantilista se queda con aquellos que también actúan con justicia y con amor y aun así “la supervivencia (la prudencia) no es la única meta de la vida humana”, porque de lo contrario estaríamos exigiendo a nuestros hijos que “paguen por sus comidas” o le pasaríamos una factura a nuestros amigos por escucharles durante una hora.

Tampoco se puede considerar al capitalismo consumista, desde la izquierda se argumenta que las empresas nos manipulan a través de la publicidad, es decir, “la plebe” es irracional, pero si lo es para consumir, también lo debería ser para votar a partidos anticapitalistas, ¿no? Bryan Caplan da buena fe de ello. Pero, aunque esto fuera así, ¿qué hay de malo en tener más y no menos? Si consumimos es porque nos lo podemos permitir, porque lo hemos producido y porque como muchos antropólogos aseguran, es una formar de “construir nuestra identidad”.  Y no, consumir menos no hará que en Venezuela u otro país “socialista y virtuoso” puedan tener más; si en Occidente consumimos es porque lo producimos, no porque lo robamos: “la fortuna está hecha de tribunales razonablemente honestos, derechos de propiedad razonablemente seguros, gobiernos razonablemente no abusivos, sistemas educativos razonablemente eficaces y el tiempo razonablemente largo para que ideas razonablemente buenas cumplan con su tarea”.

Tampoco vivimos esclavizados dentro de un mundo burgués, y si no que se lo pregunten al propio Marx, el cual “nunca trabajó en otra cosa que no fuera la filosofía y el periodismo, jamás cogió una pala a cambio de un salario ni mucho menos puso un pie en una fábrica o granja”. En el capitalismo eres libre y, por lo tanto, tienes el derecho “a sembrar lo que desees, a fabricar zapatos o abrigos, a hornear pan con la harina que obtuviste de moler el grano que sembraste, y venderlo o no venderlo según tu designio”, en resumen, tienes el derecho a “trabajar como tú quieras y no como te lo ordene” el planificador de turno.  El planificador entrega los bienes que no le pertenecen a las personas, generalmente, equivocadas, por ejemplo, a los miembros del Partido.

En conclusión, seamos honestos, no podemos generalizar y etiquetar a toda persona capitalista o burguesa como una persona virtuosa, pero en la fragilidad individual encontramos la antifragilidad del sistema, a saber, “la sinceridad, mantener la palabra y servir a los demás sin resentimiento” es lo característico del mercado, y no sólo por prudencia, sino también por justicia, fortaleza, templanza, fe, esperanza y amor; solo son las personas “fuera del mundo de los negocios, no quienes están dentro, quienes piensan que es posible hacer grandes sumas de dinero engañando”, y mientras, los burgueses que se comportan de manera ética son los que acaban generan riqueza y los que prosperan, poniendo brazos, cerebros o máquinas a trabajar para producir más cosas.

6 Comentarios

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    De acuerdo en casi todo,pero
    De acuerdo en casi todo,pero el claro fracaso del socialismo no hace perfecto el capitalismo. Recordemos las disparatadas ganancias de los grandes directivos ,millones y millones que ellos no generan ,esos sueldos son unja falta de respeto para toda la sociedad. El Presidente del grupo Prisa,ha ganada un salario de varios millones de euros anuales,con una sociedad apuntalada por créditos de la Banca que no puede devolver,que sistema es este que premia las quiebras. Presidentes de sociedades del ibex 35 ,que solo tienen un porcentaje muy escaso en el capital,disponen de un poder económico desproporcionado y que en algunos casos han llevado a sus empresas a la quiebra como en el Banco Popular. La acumulación exagerada de poder de los dueños del capital ,es injusta en la mayoría de los casos.

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      En efecto, el capitalismo no
      En efecto, el capitalismo no es perfecto, y cuando un capitalista no se comporta virtuosamente, tarde o temprano, tendrá un resultado negativo en el mercado, como en los casos que mencionas. Saludos.

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      El capitalismo no es perfecto
      El capitalismo no es perfecto porque nada lo es, pero no comete errores. Quienes pueden cometerlos son como mucho los capitalistas y bien que los pagan, salvo que sean algo más que meros capitalistas. Lo importante es que el capitalismo no es injusto y, en cambio, negarlo, limitarlo o parasitarlo, sí

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      Nunca he entendido que tiene
      Nunca he entendido que tiene que ver el capitalismo con salarios gigantescos o rentas ilegítimas.

      Luchan contra un molino de viento, el capitalismo puro no puede existir en sociedades que están constantemente produciendo, consumiendo y/o redistribuyendo.
      Un sistema económico que incluye el ‘ahorro’ en sus postulados, no puede surgir, sobrevivir o ser estable en esas condiciones.

      La sociedad de consumo que llaman estaría todavía más exponenciada si cualquiera pudiera producir cualquier cosa y aunque sólo utilizara lo producido para autoconsumo.

      Y sobre el dinero que también se confunde con capitalismo, recordar que éste, es un medio de cambio.
      En cuanto a llamar al mercado también capitalismo, decir que son intercambios voluntarios; ambas partes pueden vender incluso por debajo del coste inicial y sin ‘ahorrar’ nada (esto se puede observar en productos que se devalúan con el tiempo).

      Al final a todo lo material un día lo llamarán capital.

      Cualquier persona que no se encuentre las 24 hrs. en el «ciclo socio-económico»: producir-consumir-redistribuir, puede ser tildado de burgués y de forma despectiva además.
      ¿Porqué? porque estaría llevando un estilo de vida alternativo.

      Esto tiene que ver con algo cultural más que económico.

  2. Avatar

    Una empresa,en la economía de
    Una empresa,en la economía de mercado no tiene que ser altruista,debe cumplir las leyes y buscar beneficios. Si no actúa de esta manera se aleja del objetivo de la economía libre buscar la eficiencia en la división del trabajo. Pero sucede que .en especial en las grandes sociedades,ciertamente escasas ya que la mayoría del empleo productivo lo dan las pymes,el salario de los altos cargos se mantiene con unas remuneraciones que sobrepasan los limites razonables. facilitado por unas juntas de accionistas dominadas y domesticadas por una parte minoritaria de la propiedad,por tanto el mercado libre no tiene capacidad de arreglar losl escandaloso sueldos ,pongamos de los presidentes del Ibex 35.

  3. Avatar

    Empresa o no, si consigues
    Empresa o no, si consigues cosas que necesitan o desean otros y obtienes beneficios y no otorgas beneficios con ellas, en sociedad, siempre te podrán tildar de egoísta. Es algo cultural.

    En cuanto a grandes sueldos, también los hay en la industria del cine, los deportes, etc.
    Las grandes empresas pueden tener más asalariados o más gente como accionista.
    Sobre la productividad de una empresa, si luego no hay ingresos no sirve de mucho, a no ser que los ingresos formen parte de ella.

    Creo que sería un gran avance (o progreso; que gusta mucho esta palabra) discernir entre ética y economía. Algo puede ser ético pero no económico y viceversa; lo que se trata pues es de intentar que ambas cosas vayan aparejadas.


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