Skip to content

La guerra de Madrid: el eje Prado-Recoletos

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

El duelo está servido. El Plan Especial Prado-Recoletos es la excusa esta vez. La Comunidad ha decidido que para estudiar el impacto medioambiental (su única arma) hay que retrasar el proyecto de Gallardón al menos un año. Así que el alcalde de Madrid ha decidido arremangarse, ponerse en jarras y dejar claro de quién es la calle. De usted, de usted, mía y de aquel, es decir, de todos los madrileños y madrileñas que, por lo visto, hemos decidido al respecto.

Esto del urbanismo participativo es una gran idea. Permite acometer reformas à la Haussmann con la diferencia de que no se le puede echar la culpa a nadie: la gente se ha expresado, la voluntad popular es la ley suprema y, recordémoslo, nunca se equivoca.

Para quien no esté ducho en historia del urbanismo, hay que recordar que el barón Eugène Haussmann, prefecto del Sena de 1853 hasta su caída en 1870, alabado (ahora, claro) por ser el artífice de la reforma de la ciudad de París a mediados del XIX, fue también el que se hundió dejando un pufo presupuestario de órdago por falta de previsión financiera para su proyecto, entre otras razones.

Émile Zola le retrató muy bien en sus novelas, en concreto en Au Bonheur des Dames y en La Curée. Apoyándose en sus alianzas con promotores corruptos y con los empresarios dueños de los grandes almacenes, que recibieron entonces el impulso definitivo, Haussmann consiguió poner de acuerdo a todos los sectores de la oposición en su contra y también arruinar París. El exceso de coste no previsto entre 1864 y 1868 fue de 900 millones de francos de la época. Una barbaridad.

Convenciendo a propios y extraños con razones de diversa índole, como hacer de ella el prototipo de la ciudad imperial, Haussmann metió a su ciudad en un plan sin plan urbanístico enloquecedor. Claro, el paseante amante de la belleza en París anda por sus calles dedicando aleluyas al barón… pero quienes vivieron entonces tenían una percepción bien distinta. Y era con su dinero y no con el nuestro con lo que se jugaba, no lo olvidemos. La razón de las razones siempre ha sido el interés común… las demás van de comparsas: la higiene, la seguridad, el aspecto moderno y luminoso son las damas de la corte, pero la princesa del castillo de las razones urbanísticas es que interesa a la sociedad. Así se abrió la Avenida de la Ópera, entre otras acometidas. Pero lo cierto es que la implementación de las llamadas Tres Redes no seguían un plan preconcebido al detalle.

A quienes consideren que tal vez esto es lo que explica el fracaso financiero de Haussmann y conserva la esperanza en la reforma gallardoniana, he de recordarles que quienes decidieron imitar el cambio urbanístico à la Haussmann, pero planificado, fracasaron en su mayoría. Y ahí está el ejemplo de Ildefonso Cerdá y el ensanche de Barcelona.

La cosa ahora no ha cambiado mucho. El interés público es decidido por un comité de sabios que amoldan la ley a su criterio. Va usted por esta parte de la calle y no, pero tres metros más para allá, pisa usted suelo de interés cultural: protección al canto.

El bienestar de la sociedad, la modernización, la ciudad del futuro, la capital de capitales, las Olimpiadas que vienen… todo eso está inventado. Lo que nos vende como novedad Ruiz Gallardón ahora es la participación ciudadana. Es decir, que usted puede entrar en la página del ayuntamiento de Madrid, y comentar qué le parece:

Una vez que la autoridad ambiental emita su pronunciamiento, y de acuerdo con el mismo, el Plan Especial se someterá durante dos meses a un nuevo periodo de información pública. Durante este período, el Ayuntamiento propiciará la máxima participación ciudadana e institucional, para seguir enriqueciendo y mejorando el Plan.

Dice la presentación del Plan que ha incorporado casi todas de las más de seiscientas alegaciones presentadas por los ciudadanos en el 2005. Y esa es la participación ciudadana. Y sobre eso se apoya el alcalde cuando afirma: "Las decisiones que competencialmente son de la ciudad, sólo la ciudad tendrá que tomarlas." Y le ha faltado añadir: "Y yo soy la ciudad".

El caso es que tampoco en eso es original Gallardón. Esa manera de utilizar a la gente de escudo tampoco es nueva. Tal y como cuenta su principal detractor, el republicano Jules Ferry, cuando se emprendieron las obras de la Tercera Red, sin la aprobación del Estado, la excusa de Haussmann para saltarse la ley fue que atendía a "una especie de clamor popular" (Ferry, J. 1869, p.73). Clamor popular… eso vale más que seiscientas alegaciones.

Esperemos que el resultado sea diferente, al menos en cuanto al agujero negro de deudas que dejó el barón… También es cierto que el tema urbanístico fue lo que precipitó la caída de Haussmann. Mejor, no deseemos nada y dejemos que suceda lo que tenga que sobrevenir. Pero, por si las moscas, ¡agarre la billetera!

Nota: La información referida a Haussmann, Zola y la reforma de París pertenece al capítulo "La reforma urbanística de París y la especulación bajo el mandato de Haussmann. Una aproximación a la obra de Zola", publicado en el libro Economía y Literatura, Ecobook, 2007.

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

Begoña Gómez: crimen y castigo

Miriam González: «Si yo hubiera hecho lo mismo que Begoña Gómez cuando mi marido era vicepresidente del gobierno británico, me habrían quemado en Trafalgar Square».

La final del mundial

Esta gente no ha entendido que Milei no es Núñez Feijóo, sino un tipo que ha derrotado a los Kirchner (de Argentina, no los de La Moncloa).