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La proporcionalidad populista

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Una de las novedades que nos han traído los avances tecnológicos presentes es tener acceso a miles de videos donde aparecen los momentos más dramáticos que han vivido otros seres humanos.

Ya sea las body cameras de las diferentes policías de Estados Unidos, o los videos grabados por los smartphones, o las cámaras de vigilancia, aumentan cada día este increíble catálogo donde se puede ver durante horas la forma en la que miles seres humanos se enfrenta a una amenaza real para su vida.

Uno de esos videos muestra un intento de atraco a mano armada donde el dependiente consigue disparar múltiples veces al atracador, y una vez sin balas consigue salir de la tienda con el teléfono en la mano para avisar a la policía.

Cuando lo vi hace unos meses me pareció un ejemplo de libro de una buena actuación de defensa propia. Aprovecha un exceso de confianza del atracador para repeler la agresión, utiliza toda la fuerza de la que es capaz, y escapa para avisar a las autoridades.

Hace unos días volví a ver el vídeo en Twitter en una cuenta en español, y me llamó la atención el enfoque del tuit que lo publicaba, así que decidí ver las respuestas esperando la reacción típica entre la sociedad española.

Por un lado, están los que se ponen del lado del dependiente con los típicos comentarios de señalización moral: “ese ya no roba más”, “pocos disparos se llevó”, etc.

Y por el otro, los teóricos de la proporcionalidad. Son sujetos que mágicamente son capaces de calcular qué cantidad exacta de fuerza requiere cada una de las acciones que analizan desde el teclado de su móvil u ordenador.

En este caso el consenso es que uno o dos disparos habrían sido más que suficientes, ya que parece que el hecho de caer al suelo obliga a dejar de disparar. No sé si han sacado la normal del boxeo o del cine, pero es algo que tienen muy claro.

Es comprensible que la mayoría de las personas de sociedades pacíficas como la española no hayan experimentado nunca una situación donde sus vidas hayan sido amenazadas por otro ser humano. Pero sorprende que existiendo cantidades ingentes de información disponible siga siendo tremendamente popular analizar videos de enfrentamientos mortales como si se tratara del último penalti de tu equipo favorito.

Como se puede ver en el vídeo, y es algo común a todas estas situaciones, desde que el dependiente percibe la amenaza real (ve el arma del atracador) hasta que su pistola se desmonta, por no tener más balas en el cargador, pasan seis segundos. Afirmar que en algún punto de esos segundos esta persona se paró a pensar algo mínimamente racional es totalmente absurdo.

Todas estas situaciones repiten un mismo patrón. Una persona se encuentra con una amenaza a su vida y la repele en cuestión de segundos con toda la fuerza de la que es capaz. Se actúa por puro instinto.

Nunca existe proporcionalidad. Pero para una parte de nuestra sociedad, la que por desgracia incluye a quien redactan las leyes y las aplican, toda esta evidencia sencillamente no existe.

Esto se traduce en que personas que viven en su burbuja teórica obligan a otros que viven fuera de esa burbuja a asumir un riesgo absurdo para su vida para no terminar sufriendo un castigo por defenderla.

Es algo cada vez más común, y aunque está muy vinculado con la visión progresista, y su manía de pensar que la realidad se tiene que moldear según su moral, lo cierto es que existe otro factor: cada vez más personas viven en un mundo artificial que les impide desarrollar cierto sentido común que va unido a experiencias que para nuestros antepasados eran cotidianas.

Este fenómeno es responsable de la que ha sido una de las mayores manifestaciones nacionales de la última década. Y la han protagonizado un colectivo que hasta ahora era invisible: los cazadores.

Tan invisible era, que pese a llenar Madrid desde Atocha hasta Nuevos Ministerios los informativos de TV, y muchos periódicos, les confundieron con agricultores protestando por los precios del diésel. Pero dejemos el análisis de cómo la mentira se ha vuelto la norma en nuestros medios para otra ocasión.

Para mucha gente la caza es una tradición absurda del pasado. Al parecer, hay comida de sobra sin tener que molestar a nuestros amigos los animales silvestres. Como la proporcionalidad, suena bien sobre el papel, y hay voluntarios de sobra para hacer sesudos ensayos que nos apoyen en esta nueva moral moderna que nos eleva sobre nuestros bárbaros antepasados.

Pero, también, como con la proporcionalidad, todas esas palabras se las lleva el viento cuando entran en contacto con la realidad.

Cada día se produce más fricción entre las personas que están expuestas a los problemas reales, y aquellos que viven de explotar problemas imaginarios. Las ideas que se mostrarán útiles serán aquellas que sirvan a los primeros, pero será necesario salir de las burbujas cosmopolitas en las que la mayoría del mundo intelectual habita.

Y por mi experiencia, creo que nadie de ese mundo quiere escuchar que toca salir de su zona de confort. Al final, los intelectuales son como todo hijo de vecino, solo les gusta que les digan lo que quieren oír. Les gusta el populismo, vamos. El populismo proporcional.

1 Comentario

  1. ¿quién inventó las ciudades modernas?
    ¿quién sacó a la gente de los pueblos para que fueran a las fábricas?
    ¿quién les dijo que eran inferiores por no saber leer o escribir, y que sus hijos serían mejores que ellos porque sabrían leer y escribir?
    ¿quién destruye idiomas y formas de comer, de cantar y de vestir, porque solo puede haber una?
    ¿y quién dice ahora que sobra gente, que son malos, que consumen mucho, que manchan mucho, que se quejan mucho, que son rebeldes y no aceptan las decisiones de la Autoridad?
    ¿acaso no estamos viviendo un infierno llamado democracia totalitaria?

    ¡Emosío engañado!

    No olviden abrocharse el cinturón de seguridad imaginario cuando van caminando por la calle, no sea que los cerdos empiecen a ladrar.

    El que siembra vientos centristas, recoge tempestades extremistas, señor Parrilla.


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