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La teoría de Carl Menger sobre la ganancia del empresario

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Anteriormente, en una serie de artículos, he analizado las contradicciones internas de El Capital de Marx (1, 2, 3, 4) y he demostrado que la teoría de la explotación de Marx está llena de profundas contradicciones, lo que la hace insostenible. La teoría de Marx es tan poco sólida, que la mayor parte de la literatura postmarxista moderna rechaza la teoría de la ganancia de Marx; por ejemplo, Karl Polanyi en la Gran Transformación. Sin embargo, de un modo u otro, el carácter ilegítimo de la ganancia es uno de los temas de conversación más importantes en los círculos postmarxistas.

La cuestión clave es cuál es el origen de la ganancia de los empresarios, y hasta qué punto es una fuente legítima de ingresos en el sentido de que es una compensación por un servicio o trabajo, y hasta qué punto es fruto de la explotación basada en el poder y la situación ventajosa de los capitalistas.

No se trata solo de optar por una teoría económica sólida. Es una cuestión profundamente moral. La mayoría de nuestras decisiones políticas son consecuencia de nuestras emociones y de la particular visión moral de cada uno. Todo el mundo querría vivir en una sociedad justa y moralmente aprobable. Por eso es importante clarificar cuál es el origen de la ganancia y su legitimidad.

En los dos artículos siguientes, reconstruyo la teoría de la ganancia de Menger y analizo cuáles son las implicaciones sociales y políticas de la teoría de Menger. La primera parte analiza la teoría de la ganancia de Menger. La segunda entrega estudia sus implicaciones sociales y políticas.

Según Menger, los capitalistas son aquellas personas que no utilizan su propia riqueza como empresarios, sino los que prestan su propia riqueza a los empresarios. A cambio, el capitalista recibe el interés como compensación del capital prestado. La magnitud del interés depende del riesgo percibido y del descuento del tiempo temporal que depende de la esperada productividad del capital. Los capitalistas que invierten sus capitales en sus empresas o los empresarios que lanzan sus propias compañías esperan obtener beneficios.

Menger no desarrolló una teoría íntegra sobre los ingresos empresariales en los Principios de Economía.  Sin embargo, trató el papel de los empresarios y sus ingresos en dos secciones separadas del libro, sin conectarlas en una teoría unificada. Las dos fuentes que producen ingresos según Menger son las siguientes:

1) La compensación por el servicio del trabajo empresarial, tema analizado en la sección “Sobre el valor de las cantidades complementarias de los bienes de orden superior

2) La ganancia, que se trata en la sección “La formación del precio en el comercio monopolista”. 

Por lo que respecta a la primera fuente, la compensación por el servicio de trabajo técnico de un empresario incluye:

1) La obtención de información sobre la situación económica;

2) El cálculo económico;

3) El acto de la voluntad por el que se asignan los bienes órdenes superiores a una determinada producción;

4) La vigilancia para la ejecución más económica posible de los planes de producción.

Este servicio del trabajo empresarial es un factor necesario de la producción, por lo que es un bien económico y está determinado por el valor prospectivo del bien producido, como ocurre con todos los bienes económicos.

Esta parte de la teorización mengeriana sobre la función empresarial o managerial está bien recogida en la literatura económica que analiza la contribución de Menger a la iniciativa empresarial.

La segunda fuente de ingresos empresariales en el sistema teórico mengeriano es la ganancia. El concepto mengeriano de ganancia y su interconexión con el espíritu empresarial inventivo e innovador y con el monopolio, no se discute en la literatura que analiza la contribución de Menger a la ciencia económica (véase, por ejemplo, Knight 1950, Schumpeter 1954, Kirzner 1987). 

A pesar de que Menger no desarrolle una teoría completa, partiendo de mi lectura de Principios de Economía, planteo que Menger sí tenía una teoría sobre la ganancia y la iniciativa empresarial innovadora en estado embrionario, más allá del papel del empresario-manager. 

A continuación, reconstruiré la figura del empresario inventivo e innovador mengeriano y su teoría de la ganancia como resultante de la posición monopolista del empresario. Esta reconstrucción se basa en la discusión de Menger sobre la formación de los precios de monopolista, donde discute el fenómeno de la ganancia y la explotación.

Así, la ganancia es la consecuencia de la posición de monopolista del empresario. Menger propuso que hay dos posiciones posibles de monopolio:

1) Monopolio que excluye la competencia debido a la regulación o protección del Estado o de algún otro órgano de la sociedad. Este monopolio es permanente.

2) El monopolio en mercados libres debido a circunstancias especiales.

Menger añade que todavía existía en su época, alrededor de 1870, un tipo intermedio de monopolio, el de situación actual, que pervivía en pueblos lejanos. Este monopolio surge si en una localidad determinada solo hay una persona que pueda suministrar determinados bienes; por ejemplo, si en un pueblo sólo hay un médico. Así pues, puede surgir un monopolio de situación actual debido a la relativa pequeñez de un nicho de mercado concreto, sin que existan barreras sociales ni regulación.  También señaló que este tipo de monopolio de situación actual, que no está causado por la regulación social o estatal, era, por regla general, un fenómeno anterior y primitivo. La competencia lo había erradicado, salvo en algunas pequeñas aldeas lejanas.

Como señaló sucintamente, debido al complejo progreso de la civilización, el monopolista de la situación actual no puede cumplir con los crecientes requisitos de la sociedad para sus mercancías o servicio laboral. En esta situación, la necesidad de suministrar más bienes llama a la competencia, siempre que no haya barreras reguladoras o sociales en el camino. El proceso de aumento de la riqueza conduce a mercados competitivos en los que los productores o proveedores de servicios compiten entre sí por los consumidores.

Según Menger, en un mercado competitivo, un monopolio solo puede surgir por causas especiales. Menger enumeró tres causas especiales: la propiedad exclusiva de bienes, un talento especial o una circunstancia especial. Estas causas especiales crean una situación en la que un bien o servicio no podría ser proporcionado por otra persona.

El caso de la propiedad exclusiva y el talento especial son las causas fundamentales en la reconstrucción del empresario inventivo e innovador mengeriano. Por esta razón, a continuación, analizó estos casos.

En cuanto al monopolio de la propiedad exclusiva como circunstancia especial, la cuestión clave que abordó Menger fue el caso de que el capital ya es propiedad de personas ricas. El hecho consiguiente es que la escasez de la propiedad del capital limita la entrada de nuevos empresarios y, en consecuencia, permite posiciones monopolísticas a las personas ricas y a sus vástagos. Menger opinaba que la disponibilidad de crédito abre el espacio para que los agentes económicos con mentalidad empresarial accedan al capital. Esta idea se convirtió más tarde en la piedra angular de la teoría schumpeteriana del capitalismo. Schumpeter (1934) sostenía que el crédito creado por el sistema bancario de la nada permite a los empresarios dinámicos llevar a cabo sus ideas innovadoras y acceder a bienes de capital.

El segundo factor enumerado por Menger es el talento especial. Este factor es el que conduce a una nueva interpretación del pensamiento mengeriano sobre el espíritu empresarial. A mi entender, el talento especial es lo mismo que el talento para descubrir nuevos conocimientos, conexiones causales y leyes desconocidas hasta entonces. El descubrimiento de conexiones antes desconocidas y la ampliación del conocimiento es el concepto clave de Menger para explicar el avance de la civilización. Menger indicó claramente que era consciente de que siempre existen primeros descubridores, inventores o empresarios que gracias a sus inventos convierten bienes antes no conocidos en bienes económicos y este descubrimiento es la causa de una nueva fase de desarrollo.

Así pues, es lógico suponer que el talento especial es el antecesor del concepto schumpeteriano de invención e innovación empresarial, en una forma embrionaria. No obstante, Schumpeter no hizo referencia a que estaba ampliando las teorías de Menger sobre el espíritu empresarial (1954), aunque el sistema schumpeteriano del espíritu empresarial es muy similar a la teoría económica mengeriana (Tóth 2021).

En un mercado competitivo, en el que no existe ninguna barrera reguladora a la competencia, la ventaja de ser el primero en actuar de los empresarios inventivos e innovadores establece una posición similar a la que Menger describió como monopolio situación actual. Menger pensaba que la situación de monopolio real ha sido superada en gran medida por el progreso de la civilización y por el crecimiento de los mercados. Pero, de hecho, cualquier empresario establece un monopolio de situación actual si es el primero en introducir un bien o servicio nuevo, previamente desconocido, o si produce una versión superior de un producto o servicio previamente conocido de forma más eficiente. Esto es así, dado que el bien es un producto apetecido y los consumidores lo compran al precio fijado por el empresario innovador. En consecuencia, este empresario innovador disfruta de un monopolio temporal o actual y puede fijar un precio elevado mientras no haya otro empresario que copie la idea y entre al mercado. 

Hasta que no aparezca un competidor, el primer innovador tiene un monopolio actual y temporal por su innovación. Esto hace que el empresario pueda fijar un precio alto por el producto, lo que constituye la fuente de una ganancia inusualmente alta. Pero este alto precio es un llamamiento para que los demás copien la idea original e introduzcan en el mercado un producto similar ofreciendo un precio más competitivo, capten más consumidores y esperen una ganancia más alta de lo normal.

Por eso, en los mercados competitivos la ganancia inusualmente alta es un fenómeno temporal, ya que en cualquier momento otro empresario podría entrar en este nicho de mercado copiando el bien innovador original o presentando un bien aún mejor, siempre que exista una demanda de consumo suficientemente grande que permita recuperar el coste de lanzamiento y produzca una ganancia más elevada que la usual. En un mercado competitivo, los nuevos empresarios pueden entrar en el mercado y comercializar el bien en cuestión entre aquellos que no podían comprar el bien monopolizado debido a su precio más elevado y a su producción restringida. La consecuencia de la entrada de competidores es la competencia de los precios y el aumento del volumen de los bienes dados hasta que se satisfacen las necesidades de todos los posibles consumidores. Como consecuencia de la bajada de los precios, la ganancia también desciende al nivel usual. Fue Adam Smith quien teorizó sobre el nivel usual de la ganancia en un mercado competitivo. Según él, la ganancia tiene que ser más alta que el nivel del interés para compensar las molestias y el riesgo del empresario.

Según Menger, otra consecuencia de la competencia es que obliga a los empresarios a emprender una producción a gran escala para poder satisfacer la demanda. La competencia obliga a los empresarios a reducir el despilfarro, a eliminar cualquier ineficacia en el proceso de producción y a revolucionar constantemente los métodos de producción para que cada vez sean más rentables.

Un argumento explícito que falta en este análisis embrionario sobre el talento especial empresarial en un entorno competitivo es la posibilidad de introducir nuevos productos por parte de los empresarios. En este sentido, Menger hizo especial hincapié en la importancia del descubrimiento de nuevas conexiones causales. De ahí viene que las nuevas conexiones casuales se materializan como nuevos productos. En realidad, como podemos ver día a día, los empresarios buscan constantemente nuevos productos que puedan captar el interés de los consumidores, asegurándose para sí mismos una ganancia inusualmente alta. De esta manera, la competencia crea un ambiente institucional muy favorable para la invención de nuevos productos además de generar una mayor eficiencia. 

En resumen, partiendo de las ideas embrionarias de Menger, es posible construir una teoría integral del espíritu empresarial inventivo e innovador. Una persona con talento especial, un empresario, puede conseguir un monopolio temporal en un mercado si tiene una invención o una idea innovadora. La producción o prestación de servicios resultante le asegura una posición de pionero en este nicho de mercado. Mientras este único empresario sea el único proveedor del bien o servicio en cuestión, tendrá un monopolio actual o temporal en el mercado. El monopolio actual le permite fijar un precio elevado y obtener un beneficio inusualmente alto, por encima de los ingresos que normalmente esperaría como compensación por su papel empresarial y directivo en el proceso de aplicación de ideas innovadoras y el riesgo de invertir su capital en un proceso de producción.

Menger también argumentó que el precio elevado y la demanda insatisfecha de los consumidores, que son consecuencias de la posición de monopolio, abren la ventana para la entrada de una nueva tropa de empresarios que copien la idea original y proporcionen el mismo bien o servicio, o uno similar. Aunque las empresas establecidas tienen una posición ventajosa debido a su riqueza o capital acumuladas, los emprendedores pueden entrar en el mercado con la ayuda de los créditos disponible para financiar a un emprendedor audaz.

En el capitalismo moderno, los bancos son las instituciones que proporcionan crédito a los empresarios que carecen de capital propio, como una generación más tarde afirmó Schumpeter (1934). Entre los bancos también hay competitividad; así, quienes tienen un plan de negocio viable tiene más de una posibilidad de obtener un crédito suficiente para poder lanzar su negocio. Con la ayuda del crédito, las nuevas tropas de empresarios pueden plantear un desafío competitivo. La competencia resultante hace bajar los precios. La caída de los beneficios obliga a eliminar el despilfarro y a innovar en los métodos de producción para mantener los beneficios, y apremia nuevos invenciones e innovaciones para poder llegar a una posición monopolista y ganar una ganancia inusualmente alta.

Esta imagen embrionaria de la competencia es similar al concepto de competencia de Schumpeter. Schumpeter sostenía que la competencia no es solo competencia de precios, sino que implica innovación de productos, introducción de nuevas tecnologías, descubrimiento de nuevas fuentes de suministro, descubrimiento de nuevos mercados y creación de nuevos tipos de organizaciones industriales (Schumpeter, 1943).

La fuerza motriz de este proceso es la perspectiva de un beneficio inusualmente alto, lo que constituye la recompensa al talento especial por la invención y la innovación.

Desde Cantillon el riesgo y la incertidumbre era la mayor razón y justificación moral para explicar la ganancia de los empresarios. Sin embargo, Menger no acepta esta teoría porque no considera necesario invocar factores como el riesgo y la incertidumbre. En su discusión sobre la compensación por el trabajo técnico de los empresarios Menger explica muy claramente que pensaba que el riesgo es incidental, que es un fenómeno omnipresente que afecta a cualquier actividad económica humana. Lo importante para Menger es el talento especial y las cualidades humanas que hacen posible la puesta en práctica de la idea innovadora 

Una generación más tarde, Wieser, unos de los discípulos más importantes de Menger, opinaba que un empresario debe ser un individuo fuerte, con exceso de poder y vitalidad: tienen que poseer una mente lo suficientemente abierta como para resistir las presiones externas, es decir, la libertad de espíritu. Wieser también opinó que los empresarios no están motivados únicamente por el beneficio, sino también por la autorrealización que conforma el destino y el propósito de la vida humana (1914). Este punto de vista wieseriano fue desarrollado posteriormente por Schumpeter (1934), discípulo de Wieser, cuyas poéticas palabras sobre la figura del empresario superhéroe se convirtieron en el modelo estándar de los empresarios de éxito en la literatura empresarial.

Mientras que el monopolio actual de un talento especial es un monopolio temporal, el beneficio monopolista puede asegurarse de forma permanente o durante un periodo de tiempo determinado mediante la regulación proteccionista estatal o comunitaria, que limita o prohíbe la entrada de nuevas tropas empresarios a mercado. Así, una regulación proteccionista asegura un monopolio en un nicho de mercado para un empresario o un grupo de empresarios atreves de limitar la competencia.

Menger advirtió que es también habitual que un monopolista defienda su posición frente a la entrada de un nuevo competidor de forma beligerante. Pero, también es común encontrar, como él mismo describió, que una vez que un competidor está bien establecido, los empresarios intentan llegar a un común acuerdo para mantener una relación no competitiva dividiéndose el mercado para mantener un alto beneficio.

En estos casos – regulación proteccionista o acuerdos entre empresarios –, la inusualmente alta ganancia ya es una consecuencia de las restricciones a la competencia y no es una prima a la invención o la innovación. En cambio, los consumidores son explotados por el monopolista (o un círculo cerrado de monopolistas) porque pueden cobrar precios elevados sin tener que enfrentarse a la pérdida de consumidores debido a la existencia de un competidor, que está dispuesto a vender los mismos bienes a menor precio para desarrollar su propio negocio.

En la siguiente sección se analiza las implicaciones más amplias de las dos versiones de ganancia monopolísticas en los ámbitos social y político.

 

Bibliografía

Kirzner, I.M. (1978) ‘The entrepreneurial role in Menger’s system’, Atlantic Economic Journal, 6(3), pp. 31–45. Available at: https://doi.org/10.1007/BF02313307.

Knight, F. (1921) Risk, uncertainty, and profit. New York: August M. Kelley. New York: A. M. Kelley.

Menger, C. (1871) Principios De Economía Política. Available at: https://archive.org/details/carl-menger-principios-de-economia-politica.

Schumpeter, J. (1934) The Theory of Economic Development. 2008th edn. New Brunswick, New Jersey: Transaction Publishers.

Schumpeter, Joseph (1943) Capitalism, Socialism and Democracy. 1976th edn. London and New York: Routledge.

Schumpeter, Joseph (1954) History of Economic Analysis. 2006th edn. Routledge Taylor & Francis e-Library.

Tóth, A. (2021) ‘Los fundamentos mengerianos de la Escuela Austriaca de Economía y la Teoría Austriaca del Ciclo Económico: vínculos y controversias’, Procesos de Mercado, XVIII(1 Primavera), pp. 123–160. https://www.procesosdemercado.com/index.php/inicio/article/view/707/774

Wieser, Friedrich (1914) Social Economics. 1927th edn. New York: Adelphi.

2 Comentarios

  1. Muy interesante análisis de los Principios de Carl Menger. Una invitación a releerlo. Respecto a las inconsistencias de Marx sobre renta, beneficio y propiedad, me permito añadir que abundan en ellas prejuicios y falta de sentido común, propias del recelo radical. En ello el marxismo imita a los antiguos jacobinos. En la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que precede a la Constitución del 24 de Junio de 1793, Condorcet propuso (y así fue aprobado como Art. 16): “El derecho de propiedad es aquel que pertenece a todo ciudadano de gozar y de disponer como lo desee de sus bienes, de sus rentas, del fruto de su trabajo y de su industria”. Robespierre se opuso, argumentando que el derecho a la propiedad debe discriminarse para no favorecer «a aquellos que quieren acrecentar indefinidamente sus propiedades en detrimento de la propiedad de los otros» y porque , en principio, «la propiedad no se apoya sobre ningún principio moral”. La objeción de Roberpierre al derecho general no se impuso, pero sobre sus premisas se estableció el principio del «impuesto progresivo» (tributan más los que más poseen), una ley restrictiva del latifundio (complicando el derecho de herencia) y la «Loi du maximun général» (de control drástico de precios de primera necesidad) que fueron, en conjunto, un fracaso. Los regímenes marxistas aplican desde 1917 los mismos criterios. Quizás el error más importante de El Capital de Marx está en el primer párrafo del tomo 1: reducir la relación entre capital y trabajo a una simple concurrencia de dos mercancías: la máquina-herramienta y el trabajo asalariado. El riesgo, la inventiva, la innovación técnica, la pericia administrativa, la atención oportuna a la demanda del mercado, la articulación de esa actividad con el desarrollo de otras industrias, la capacidad de exportar tanto el producto como el know-how y los beneficios que todo ello provee son, simplemente, parte de las «especulaciones inmorales» del capitalismo. Cordiales saludos.

  2. Muchas gracias. Estupendo artículo. Converge en mi actual exploración procurando componer una visión sobre el mercado como entorno complejo y dinámico, la función empresarial como acción de coordinación y creatividad en procesos no lineales, históricos e irreversibles siguiendo intereses particulares que resultan en emergentes. Estaré atento a referencias suyas en este sentido. Abrazo desde Argentina.


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