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La teoría del Estado de Miguel Anxo Bastos (IV)

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Las causas que explican el auge del Estado desde principios del s. XX hasta el día de hoy son de tipo ideológico.

En este cuarto artículo de la serie dedicada a la teoría del Estado de Miguel Anxo Bastos nos referiremos a las ideas que legitiman el Estado.

¿Cuál ha sido el cambio sustancial en las ideas, se pregunta el profesor Bastos, que ha hecho que el Estado sea mucho más legítimo hoy de lo que lo era antes? Charles Adams, en su historia sobre los impuestos, For Good and Evil, señala que éstos históricamente nunca superaron el 10% del PIB. Los reyes, tiempo atrás, no recaudaban más no porque no quisieran sino porque no podían. Las personas se rebelaban, las revueltas de carácter fiscal eran frecuentes. Y es que el Estado no era visto como algo bueno, a diferencia de los tiempos actuales en los que es percibido como un ente positivo, racional, que defiende a los débiles. Y esa es, al cabo, la razón que posibilita el incremento de su poder.

Las causas que explican el auge del Estado desde principios del s. XX hasta el día de hoy son de tipo ideológico. Hay tres grandes ideas que llevan al Estado a adquirir el poder tan inmenso del que goza en la actualidad. Un poder, como señala William Marina, que acabará colapsando por el exceso de impuestos, tal y como le sucedió a Roma con los bárbaros.

La primera idea es la teoría científica de la necesidad del Estado. La desarrolla la Economía del Bienestar, con Paul Samuelson a la cabeza. Es la idea de los fallos del mercado (monopolios, externalidades, bienes públicos o información asimétrica), que justifica que el Estado intervenga para corregirlos. Pero los fallos del mercado no son tales: los únicos monopolios son los que crea el Estado, todo lo demás son situaciones de competencia; las externalidades se producen porque el Estado impide que se asignen derechos de propiedad; todos los llamados bienes públicos han sido privados en algún momento de la historia; la información no está dada, sino que solo se puede descubrir en el mercado.

La segunda idea se refiere al intervencionismo. Antiguamente se temía al Estado, que era visto por la gente con total recelo. Pero tras Keynes aparece toda una justificación, con un aparato teórico muy elaborado, del intervencionismo estatal, que lleva a los gobiernos a incurrir en déficits públicos, a establecer la tasa de interés, a alterar la masa monetaria, etc. El keynesianismo, así, hizo mucho por agrandar y legitimar el papel del Estado, con aquello de intervenir contracíclica y compensatoriamente. En las universidades únicamente se enseñan estas ideas intervencionistas. Todo se presenta desde el punto de vista del Estado: estadísticas, PIB, tasas de paro, tasa de inflación, exportaciones e importaciones, etc. Esto es, agregados estatales que no son reales para los actores individuales al tratarse siempre de promedios. Así, se implanta la idea de que toda la economía es estatal y, por tanto, la ciencia económica aparece siempre referida al Estado. Es la idea también de que el Estado puede estimular la economía, algo asumido por toda la población (el presidente del BCE, por ejemplo, actúa como los faraones: lo que dice tiene una repercusión absoluta e inmediata).

El tercer punto es la idea de la tecnocracia. Se trata de hacer ver que los técnicos del Estado están más legitimados que el común de los mortales para dirigir los asuntos económicos. Pero para acceder a la función pública no hay que demostrar conocimiento del mercado, saber producir o capacidad para dirigir una empresa, sino que hay que superar una serie de exámenes que consisten en recitar el funcionamiento del Estado. Y esa persona ducha en repetir el temario de una oposición es considerada un técnico: alguien legitimado para gobernar e influir sobre la vida del resto de la población.

Estas tres ideas, junto con otras de la tradición hegeliana (la visión de que el Estado es un ente absoluto, la razón encarnada que mejora la vida de la gente), son las que crean el poder del Estado moderno.

Y estas ideas se traducen, por un lado, en que la economía se plantea únicamente desde el punto de vista estatal (por ejemplo, cada Estado cuenta con su moneda, independientemente de que eso sea racional; los transportes públicos y las telecomunicaciones están configurados con criterios estatales, no de tipo económico, etc.) y, por otro, en el interés nacional económico, que se expresa a través del imperialismo (es bueno que el Estado se expanda y tenga colonias; por ejemplo, los gobernantes españoles deciden invadir Marruecos en 1925 y se apoderan de unas minas de fosfato, que Primo de Rivera acaba repartiendo a sus amigos: no hay ningún beneficio para los españoles, que tuvieron que pagar con sus vidas y sus impuestos esa guerra; los únicos beneficiados fueron quienes se quedaron con las minas; se trata de una redistribución de pobres a ricos; además, la decisión carece de lógica económica, pues es más barato comprar el mineral a Marruecos que el coste que supone conquistar las minas; por eso los imperios acaban fracasando). En el fondo siguen prevaleciendo las ideas mercantilistas: es bueno exportar mucho e importar poco, las devaluaciones son positivas porque fomentan las exportaciones, hay que acumular oro, la industria nacional debe ser protegida de la competencia mundial, etc.

En definitiva, el Estado es una máquina de predación: un grupo de personas que extrae recursos al resto de la población a través de tributos, privilegios o regulaciones. El truco de la política, su éxito, fue explicado por Mancur Olson en La lógica de la acción colectiva: beneficios concentrados sobre determinados sectores y costes difusos sobre todos los contribuyentes. La gran astucia del Estado consiste, en última instancia, en ocultarse detrás de una máscara: ninguno de nosotros aceptaría ser dominado por otra persona, pero sí admitimos con total normalidad ser dominados, entregando la mitad de nuestras rentas y poco menos que la totalidad de nuestras libertades, por el Estado, que se nos presenta bajo la máscara de España.

7 Comentarios

  1. Magnifico analisis . Sin
    Magnifico analisis . Sin desperdicios.

  2. Una pequeña corrección, el
    Una pequeña corrección, el autor de «The Logic of Collective Action» es Mancur Olson, no «Marcus».

  3. El Estado es el procedimiento
    El Estado es el procedimiento mediante el cual un grupo de individuos ejerce la violencia sobre otros. Da igual si hay astucia o no. Cuando tienes una pistola en el pecho o un cuchillo en el cuello y la forma de que no te maten es ceder tu propiedad también la cedes.

  4. Gracias. Errata corregida.
    Gracias. Errata corregida.

  5. En definitiva, José Augusto,
    En definitiva, José Augusto, empeñarse en ignorar las razones por las que surgió el estado os lleva a los anarquistas a teorizar sobre los males del ACTUAL estado, el estado socialdemócrata y no ser capaces de ofrecer a la ciudadanía alternativa al mismo pese a su evidente deterioro por la imposibilidad de cumplir todo aquello que promete.

    Cierto es que antiguamente las revueltas fiscales eran mas que frecuentes. Y eso es así porque los impuestos no estaban ya destinados a garantizar la defensa, o mejor dicho aún, al pago por tener garantizada la defensa, sino al lujo y la ostentación del rey, el noble o la propia Iglesia. El otro día vi un documental que relataba el cabreo manifiesto que tenía una duquesa en Chartres porque ella sólo podía poner impuestos en sus territorios mientras que no en los de la Iglesia mientras que ésta si podía ponerlos en los de la duquesa…. Resultado… ¿Rebeliones? No, la gente votaba con los pies y se iba a vivir a los territorios del obispo.

    Y es que cuando uno paga lo que quiere es pagar menos, claro, pero también obtener algo a cambio. Ese obispo si sufrió rebeliones por los impuestos, pero es que estaba pagando la construcción de la mayor y más hermosa catedral de la cristiandad del momento, algo que inicialmente motivaba mucho a sus ciudadanos y pagaban gustosos esos impuestos. Sólo cuando empezaron a ser excesivos tuvo problemas. La construcción de una catedral en honor de la Virgen María se entendía como algo que repercutía en todos. Algunos lo verían como una oportunidad económica, la inmensa mayoría como una oportunidad de Fe.

    Mas allá de lo particular del ejemplo, que luego siempre hay alguien que se fija en el dedo en vez de lo que se está hablando, cuando uno paga impuestos lo hace de mucho mejor grado cuando entiende que de alguna manera va a repercutir en ellos el que Todos contribuyan al Común. Algún beneficio habrá para todos, no sólo seguridad y defensa, sino que se atenderán el empedrado de las calles, el alcantarillado, la traída de aguas, mas adelante la urbanización de la ciudad o del territorio, mas adelante la educación, la sanidad, … y todo lo que podamos imaginar hasta llegar al absurdo que es donde estamos. Pero lo importante es que la legitimación del Estado actual se produce porque “todos esperan vivir a costa de los demás”. Vale?.

    La realidad es que el estado está, tiene su origen y lo que hay que saber es si su situación actual es sostenible.

    Pronosticar simplemente su hundimiento para mi tiene el mismo valor que los algoreros del clima. La cuestión es ¿qué se propone como alternativa? La teoría ancap no es una alternativa. Conceptualmente se desintegraría en el momento de llevarla a cabo. Es irrealizable. La lógica deductiva a sí lo dice. La lógica humana así lo ha demostrado a través de la historia. Nunca ha existido ninguna sociedad que pudiera decirse Ancap. No vale que el tamaño del estado fuera muy pequeño, la cosa es…. había estado, o una superestructura de poder que garantizara orden y autoridad, o no había. Y nunca ha habido.

    Ni en las manadas de homínidos primigenios.

    Entonces ¿qué se propone como alternativa?

    Lo cierto es que la alternativa es simplemente menos estado, pero para llegar a él hay que tener por parte de los ciudadanos la conciencia de las penosas consecuencias de confiar nuestros impuestos a los políticos y explicarles que cuanto más dinero gestionen más personas indeseables acudirá al mismo para beneficiarse ellos en primer lugar. Y luego explicarles que la gestión de los servicios públicos es y será siempre mucho más eficiente cuando la responsabilidad de esa gestión recaiga en los gestores y no que ellos tengan separado su responsabilidad de los servicios que se prestan. Es decir, privatizar no es beneficiar a los que obtienen las privatizaciones sino que todos nos beneficiamos.

    Insisto. El estado está aquí por alguna razón. No es más legítimo ahora que lo fuera anteriormente. Simplemente el socialismo ha hecho del “estado del bienestar” un estrambote de lo común que lo llevará a su decadencia. La cuestión que tenemos que tener claro es que es necesario que para que el derrumbe no sea catastrófico o pase por unas fases de demagogia barata hay que ofrecer alternativas C R E I B L E S.

  6. grande Bastiat. Grande.
    grande Bastiat. Grande.

    • Se es grande por lo que uno
      Se es grande por lo que uno crea. El mediocre aparenta grandeza por lo que destruye o pretende destruir.


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