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¿Las máquinas destruyen el empleo?

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Cada vez que leemos la noticia de que ésta o aquella compañía introduce máquinas para hacer esto o lo otro, siempre surgen las típicas quejas que afirman que esto creará desempleo. Por ejemplo, es el caso en el momento que escribo esta líneas de las máquinas de cobro en el gigante textil Zara.

Puede que resulte sorprendente que diga esto, pero sí, una máquina comienza por regla general y en lógica creando desempleo. Esa máquina nos hace prescindir de una persona para una o varias tareas. Sin embargo, hemos de hacer hincapié en que como mucho podemos afirmar que Pedro ya no es necesario para cobrar al cliente si una máquina lo hace. Pero no podemos deducir de modo automático que Pedro ya no es necesario para nada, o dicho de otro modo, que el empresario prescindirá inevitable y totalmente de él. Pedro no será empleado para cobrar, esto es todo cuanto puede asegurarse.

A primera vista, pueden suceder muchas cosas lógicas. El empresario puede emplear a Pedro en otras tareas que considera que deben o pueden estar mejor atendidas (por lógica el coste de la máquina es inferior al coste que se ahorra teniéndola pues si no, no la tendría). En esto es fundamental la fuerza de la competencia. Los empresarios viven de servir a los clientes, y de hacerlo mejor que sus competidores. Si realmente ‘disfrutaran’ echando a empleados para ganar más dinero, no tendrían ninguno y, es más, acabarían sin beneficios porque los competidores les sobrepasarían con empleados buenos y eficientes. 

También puede que despida a Pedro pero necesite contratar los servicios de otras personas para el mantenimiento de sus máquinas. No olvidemos, además, que las máquinas son diseñadas por personas.

Pero pensemos que finalmente Pedro acaba siendo despedido cuando llega la máquina. Éste es el efecto inmediato. Pero los efectos de la máquina no acaban en que Pedro sea despedido. Al reducirse los costes con la máquina, los precios tienden a bajar para los consumidores. Así, los consumidores tienen más dinero disponible sin tener que modificar su consumo y favorecerá la creación de más empleo quizás en otros sectores. Al reducirse (por la reducción de costes con la máquina y la fuerza de la competencia) el precio de lo que vendía Pedro, con el dinero ahorrado sus clientes Juan y Lucas pueden comprar un libro, Joaquín una silla o Marta un cosmético. Cuantos más medios tengamos a nuestro alcance (máquinas) podremos obtener más fines (bienes y servicios).

Y las máquinas no sólo reducen los costes, sino que aumentan la productividad. Podemos obtener y satisfacer más fines realizando menor trabajo.

Las máquinas además típicamente suelen hacer trabajo gravoso para el hombre (ya no tenemos que cavar manualmente enormes hectáreas), hacer mejores o más fáciles otras actividades humanas (movernos de un lado a otro en coche, metro o avión) o incluso realizar tareas antes no posibles sin ciertas máquinas que crean así nuevos sectores de empleo (obtener petróleo). Es harto difícil defender que es más "digno" trabajar de sol a sol que en una oficina con aire acondicionado.

En resumen, al valorar los efectos de una máquina debemos considerar no sólo los efectos instantáneos sino a largo plazo y no sólo los efectos sobre Pedro sino sobre la sociedad en conjunto. Es en el fondo sobre lo que advertía Frederic Bastiat: centramos nuestra atención en lo inmediato que vemos, pero olvidamos los efectos a largo plazo que no advertimos en el momento.

Si realmente pensamos que las máquinas son malas porque crean desempleo, acabaremos en lógica defendiendo ideas tan peregrinas y absurdas como que deberíamos usar cucharas en lugar de palas para hacer zanjas y así crear empleo, o que las calculadoras son malas porque crean desempleo entre las personas que saben calcular. Nadie puede negar que la invención de la imprenta por Gutemberg en el siglo XV desempleó en su original trabajo a incontables copistas.

Todo esto, el pensar que las máquinas son malas para el empleo y la humanidad, es una falacia económica con nombres y apellidos. Dicha ocurrencia fue popularizada de Ned Ludd (creador del ludismo) a comienzos del siglo XIX, y como tantos otros sofismas y falsas creencias, sigue siendo creído por innumerables víctimas de cualquier genialidad anticapitalista de última hora.

Una de las consecuencias del capitalismo de libre mercado es que tendemos a tener cada vez más tiempo libre y a la vez más capital y bienes disponibles. Gracias en gran medida a que las máquinas trabajan para nosotros.

@AdolfoDLozano

6 Comentarios

  1. Estas totalmente equivocado,
    Estas totalmente equivocado, tu planteamiento está totalmente alejado de la realidad.

    Nadie está poniendo en cuestión el poder de las máquinas de liberarnos del trabajo y de hacernos la vida mas cómoda, decir que los que critican el «libre mercado» y el modelo económico actual defienden el ludismo, es una tontería como la copa de un pino propia de alguien sin argumentos.

    El número de trabajos que eliminan las máquinas es infinitamente superior al número de trabajos que se crean para diseñar, mantener, programar los autómatas, es decir, que existe un paro estructural creciente irreversible que pone en cuestión el modelo por sí mismo.

    Tus conclusiones equivocadas se resumen en tu siguiente parrafo:

    «Al reducirse los costes con la máquina, los precios tienden a bajar para los consumidores. Así, los consumidores tienen más dinero disponible sin tener que modificar su consumo y favorecerá la creación de más empleo quizás en otros sectores. Al reducirse (por la reducción de costes con la máquina y la fuerza de la competencia) el precio de lo que vendía Pedro, con el dinero ahorrado sus clientes Juan y Lucas pueden comprar un libro, Joaquín una silla o Marta un cosmético. »

    En un contexto de competencia perfecta donde todos tuviesen ingresos, eso sería parcialmente cierto, los precios bajarían y todos felices, es mas, nadie sería rico porque la competencia lo impediría y la riqueza se redistribuiría en su totalidad. Como es de esperar, la realidad no tiene nada que ver con eso. En la realidad, la competencia es imperfecta (vemos que hay ricos que acaparan y concentran en sus manos la riqueza sin redistribuirla a diferencia de como sucedería en la competencia perfecta) y por si fuese poco, parte de la gente se queda sin ingresos al ser despedida sin posibilidad de reinserción (paro estructural). En definitiva, que lo que dices es sencillamete irreal, imaginario, fantasioso…

    • Gracias a Dios eliminan
      Gracias a Dios eliminan muchos trabajos. Negar ese beneficio si es irreal

  2. Yo Estoy de acuerdo con
    Yo Estoy de acuerdo con DANIEL, las maquinas quitan el trabajo, por ejemplo en un banco las personas sacan dinero en el cajero automatico, de cada 20 personas que lo hacen en el cajero automatico cada dia, una lo hace en el cajero normal ( el humano) porque aparte tendra que consultar algo, si el cajero automatico no estuviera, 19 personas mas tendrian que ir al «humano», la pregunta es: ¿hay 19 personas reparando o dando mantenimiento a los cajeros automaticos cada dia en este banco ??????, la respuesta es NO, este mismo ejemplo, se podria aplicar tambien a surtidores de gasolina con el cual tu la pones y vas a pagar a la caja, si en esta habia 10 reponedores de gasolina ahora no hay ni 1 y solo hay el cobrador en caja, asi que ADOLFO y todos los que piensan como el, estan totalmente equivocados, esta es mi opinion

    • Se libera mano de obra para
      Se libera mano de obra para aumentar la productividad en otras areas. Por eso Hayek tenia razon cuando decia que la superpoblacion es buena y no tu

  3. Es muy ingenuo y atrevido por
    Es muy ingenuo y atrevido por tu parte Adolfo,suponer que porque baje elprecio de los productos todos los obreros van a tener ingresos para comprarlos.Baje de su nube mijo.

    • Ganaban mucho mas cuando no
      Ganaban mucho mas cuando no habia maquinas claro.. En la Edad Media por ejemplo..


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