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Los aciertos de los colectivistas

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Pese al fracaso práctico de los colectivistas en todo el mundo y a lo largo de la historia, sus propagandistas continúan teniendo cierto éxito y sus propuestas políticas cosechan votos. ¿Cómo es posible?

El marco en el que ordenamos nuestros pensamientos tiene mucho que ver, es difícil ver más allá del Estado y de la hegemonía socialdemócrata. La única forma de lo político que hemos conocido en nuestras vidas es la estatal y no somos capaces de concebir otras formas en las que el hombre pueda desarrollarse políticamente. Desde pequeños las escuelas refuerzan estas ideas para mantenernos en la caverna platónica sin imaginar que fuera de la misma hay todo un mundo por descubrir. Nos enseñan que el Estado es la única forma de lo político y, más allá de estas estrechas fronteras mentales, solo imaginamos la falta de organización política y social, el caos.

La escuela austriaca de economía ha demostrado teóricamente la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo y, por tanto, la imposibilidad a largo de plazo de cualquier régimen socialista. No hace falta irse hasta Cuba o Corea del Norte -todavía a día de hoy- para comprobar la miseria generalizada que el socialismo puede provocar, pues las sociedades más colectivistas son las que se empobrecen y las más abiertas las que consiguen prosperar. El caso paradigmático de Suecia ilustra a la perfección cómo la insostenibilidad de un sistema socialista democrático tuvo que liberalizarse y privatizar los servicios públicos para no derrumbarse.

No obstante, los enemigos de la libertad no están equivocados en todo. Sus propuestas colectivistas son un mal tratamiento para un diagnóstico muchas veces acertado. De la misma forma que una situación límite puede llegar a desquiciar a una persona, el origen lejano del socialismo es real, pero sus propuestas así como las diatribas del loco han perdido todo contacto con el mundo que nos rodea. La desigualdad existe, los jefes explotadores en las empresas existen, el gobierno de las oligarquías bancarias existe… Y así un largo etcétera de situaciones concretas a las que tenemos que enfrentarnos en nuestro día a día generando frustración e injusticia. Frente a estos problemas, los colectivistas proponen una batería de soluciones a corto plazo que, aparentemente, podrían solucionarlos. Por eso obtienen predicamento entre la gente.

Lo que los enemigos de la libertad no cuentan es que la mayoría de esas injusticias fueron creadas por ellos mismos: redistribución de la renta, capitalismo de amiguetes de lo público, monopolio bancario como extensión del control monetario, etc. Su solución es una mayor planificación que conecta con la aspiración humana de una salvación mesiánica. A partir de ese momento, el debate con cualquier planificador se torna imposible, pues su argumentación discurre en el ámbito de la fe -sustituye la religión por el Estado salvador-, mientras que se le oponen argumentos razonados.

El mayor reto al que nos enfrentamos no se mueve en el terreno teórico sino el sentimental. Tratamos de combatir emociones con razones y esa es una batalla que perderemos de antemano a menos que seamos capaces de transmitir no sólo los argumentos que defienden la libertad, sino también de transmitir la emoción de ser libres.

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