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Los Castro y Chávez: desfachatez y cobardía

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Vayamos por partes, porque los hermanos Castro son máquinas de generar noticias. El que fuera tirano de la Isla (ahora más en la sombra) porque tiene previsto publicar una obra en la cual explicará a las futuras generaciones de “revolucionarios” como él acabó con la prosperidad de su país, allá en la lejana década de los años cincuenta del siglo XX. Sin duda alguna será un éxito de ventas, la propaganda comunista siempre ha sido una máquina de cumplir objetivos, en muchas ocasiones de forma letal.

La izquierda más nostálgica y reaccionaria cuenta los días para hacer cola, como si de un Real Madrid- Barcelona de Champions League se tratara, para acudir a las librerías y comprarlo. ¿Para quién serán los beneficios económicos de las ventas? Ya sabemos que el Castrismo condena la propiedad privada pero también que no hay progre que sea pobre.

El icono de la izquierda parece que ha vuelto y que lo ha hecho con más fuerza que nunca. Su lengua viperina, aquélla que le lleva a repartir halagos y críticas, había estado sedada durante unos años, por lo que ahora nos desayunaremos con sus “reflexiones”, que dicho sea de paso, rozan el patetismo.

En cuanto a Raúl, tras haber estado un tanto ausente en las celebraciones del Día de la Rebeldía ¿?, también ha regresado y lo ha hecho, claro está, para sentar doctrina. Su finalidad es clara: perpetuarse él y perpetuar su ideología, pero en esta tarea ha reflejado (aunque él no quería) los errores del socialismo. Uno de ellos, la capacidad que tiene para generar individuos parásitos, incapaces de tomar decisiones ya que para eso, piensan, está el Estado. Lo cierto es que en Cuba si eres, no ya de la casta política dirigente, sino simplemente un seguidor de base, puedes estar una vida entera sin dar un palo al agua. Basta con espiar a tus compatriotas o dar algún que otro chivatazo al gobierno, nada que exija una preparación intelectual profunda.

Raúl ahora permite abrir pequeños negocios privados. Sigue, en consecuencia, la creencia de otro socialista-comunista de pro como Mijail Gorbachov, aunque no parece tener en cuenta lo que le pasó al ruso, quien vio con sus propios ojos como el sistema soviético implosionaba y como buena parte de las repúblicas y países satélites de la URSS miraban hacia el Oeste, particularmente a Thatcher. Que a nadie se le olvide este “pequeño” detalle.

Pese a ello, y esto una característica definitoria de los grandes ideólogos de la izquierda, Gorbachov se convirtió en un referente capaz de dar lecciones y opinar sobre lo humano y lo divino. ¿Sucederá lo mismo con el hermanísimo? Dios nos pille confesados si la respuesta es afirmativa.

Finalmente, no podemos olvidarnos del tercero en discordia. El “gran” Hugo Chávez, el dirigente capaz de exportar ideología y petrodólares (ahora menos) pero de tener a su población consumiendo leche en polvo (eso los afortunados) y sin agua con que ducharse. Pues bien, tras el reciente encontronazo verbal con la Colombia de Uribe (con actuaciones apaciguadoras lamentables del tipo Insulza y la OEA), Chávez ha optado por quedarse en su país y no acudir a la reunión del MERCOSUR, organización en la que ansía entrar, con la excusa de que necesita reposo. No nos sorprende. No es nuevo este modus operandi. La cobardía de este tipo de tiranos les hace que sólo con los suyos y entre los suyos estén seguros. Allí donde pueda haber crítica no van. Todo ha quedado en manos de su escudero, Nicolás Maduro, de quien no podemos decir que sea menos beligerante. Lula, una vez más, se ofreció como árbitro y, de nuevo, ni una palabra de condena hacia Caracas, ¿esto es lo que está enseñando a Dilma Rousseff? Parece que José Serra no está de acuerdo. Veremos.

En definitiva, el tiempo transcurre y las sociedades que son regidas por estos tres dictadores empeoran su situación a todos los niveles. Mientras tanto, seguimos creyendo que otra América Latina es posible. Los ejemplos de Uribe-Santos, Chinchilla o Piñera así lo refrendan.

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