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Los peculiares compañeros de viaje del nacionalismo escocés

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Que Reino Unido ha sido siempre un socio incómodo en la Unión Europea es un fenómeno que no admite discusión. Desde la negativa inicial a tomar parte en la CECA a las históricas dialécticas con motivo del Tratado de Maastricht, pasando por el famoso give my money back de Thatcher en los años 80. Simplemente son algunos ejemplos que ilustran la tesis.

El liderazgo de David Camerón no ha variado ni un ápice esta línea euro-escéptica. Por el contrario, paso a paso la ha incrementado. Consecuentemente, la convocatoria de un referendo de permanencia frente a abandono, siempre y cuando gane las elecciones de 2015, supone una muestra más.

Mayor importancia va a tener la consulta doméstica a celebrar en 2014, donde se decidirá la nada baladí cuestión de si Escocia se separa o no del Reino Unido. A día de hoy, es poco probable que triunfen los postulados del Scottish National Party (SNP), aunque su líder (y First Minister de Escocia), Alex Salmond, lleva haciendo campaña casi desde el momento en que ganó las elecciones (escocesas) por mayoría absoluta (mayo de 2010).

¿Está sólo Alex Salmond en la empresa independentista? Bien podría decirse que sí a tenor de sus recurrentes apariciones en los medios. Sin embargo, aunque es cierto que el SNP es el abanderado de la creación de un Estado escocés independiente, no es el único. En efecto, cuenta con algunos aliados que, aunque minoritarios, tienen un discurso tan peligroso como beligerante. El principal de ellos el Scottish Socialist Party (SSP), formación que se ha sumado a la cruzada pro independencia, con un mensaje que en las formas y en el fondo provoca incertidumbre, como sinónimo de miedo.

Así, el SSP es un partido que bebe en las fuentes de la ultraizquierda más rancia y reaccionaria, al que la plataforma creada por el SNP, YES SCOTLAND le otorga un buen altavoz para hacer llegar sus soflamas incendiarias, algo que de otro modo no podría hacer, puesto que carece de representación en el Parlamento de Edimburgo. En su día, tras las elecciones de 2003, la tuvo, pero el comportamiento antisistema de sus miembros, unido a la renovación del programa del SNP, hizo que la perdieran en 2007.

La independencia es percibida por los socialistas escoceses no como un fin, sino como un medio de cara a una meta mayor: la transformación de la sociedad capitalista en una socialista. A partir de ahí no es difícil imaginar los mantras que elaboran, en función de los cuales culpabilizan al gobierno británico de todos los males no sólo domésticos, sino internacionales también, obviamente junto con Estados Unidos.

Pancarterismo en su máxima esencia es lo que mejor de define el comportamiento del SSP. Apelaciones a la guerra de Irak, a la destrucción medioambiental, a (supuestas) violaciones de derechos de las minorías, colonización de Escocia por Inglaterra o ejercicio de la opresión por parte de Londres… son, bajo su punto de vista, realidades de las que es responsable el statu quo del cual el gobierno de coalición Cameron-Clegg sería simplemente un exponente más.

Esta visión radical es probable que choque con los planteamientos más moderados del SNP, lo que en última instancia minará las posibilidades de éxito Salmond y los suyos. De hecho, en unas declaraciones no excesivamente antiguas (agosto de 2011), el socialista Campbell Martin (otrora miembro destacado del SNP) afirmaba que el actual escenario político escocés era controlado por partidos de derechas, añadiendo que un gobierno del SNP en una Escocia independiente no sería diferente al de tories y laboristas.

Quizás, la mayor coincidencia entre ambos partidos radica en el significado utópico que conceden a la independencia. Ambos la conciben como el fin de los recortes y de los especuladores. Sin embargo, esta edulcorada visión carece de realismo, pues convierte a Escocia en una suerte de arcadia feliz, alejada de la realidad.

En definitiva, el SSP es un compañero de viaje problemático para los nacionalistas del SNP cuyo proyecto político, particularmente en lo que a las repercusiones jurídicas se refiere, presenta actualmente más interrogantes que realidades.

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