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Los programas ‘sociales’ son antisociales

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Tenemos qué reconocer que la izquierda es muy astuta para llegar al poder. Nos gana de calle a los liberales. Es porque la izquierda tiene muchos años de experiencia. Cuando los primates formaban tribus hace miles de años, imponían un esquema de organización natural para esos tiempos. Alguien asumía el papel de jefe y los demás debían obedecer. Era una organización piramidal. El jefe podía nombrar un encargado de cazar búfalos y los que le acompañaban tenían que obedecer al subjefe y así lo demás. Nadie les dijo que eso era comunismo, socialismo, fascismo o nazismo porque esos términos se acuñaron mucho tiempo después.

Las tribus eran disciplinadas, los tiempos así lo exigían. Si en la cacería uno se quedaba atrás se lo podían comer los lobos. Si por haragán desobedecía la orden del jefe, era cruelmente castigado; si comía más que los demás, el resto de la tribu lo podían castigar, etc. El caso es que todos tenían que obedecer las órdenes, ideas, o planes del jefe. Y no podía ser de otra manera, no se podía contradecir al jefe, pues podía rodar su cabeza.

Aunque por costumbre pensar y ordenar era el privilegio y responsabilidad del jefe, siempre podía surgir un disidente. Alguien que criticara al jefe, alguien que rompiera las reglas. El jefe decía que tenían que caminar hacia donde se esconde el sol, pero el disidente decir que era mejor caminar hacia donde sale el sol. Este personaje tenía que salir corriendo y llevarse a su mujer e hijos para formar otra tribu donde ahora él sería el jefe. Y así ocurrió durante miles de años. Pero ahora podemos reconocer que esos disidentes, esos hombres que se tomaron el derecho de pensar y aplicar sus ideas, son los que fueron transformando y mejorando el mundo.

El anhelo del dictador

Hoy podemos reconocer que allí donde hay más gente que piensa y toman decisiones se construye un mundo mejor, pero no todos lo piensan así. Los hay quienes prefieren seguir con el esquema de un jefe, rey, monarca o dictador que se preocupe por darle todo a su pueblo. Son los resabios de los tiempos de las cavernas, pero modernizadas. Ahora se le puede llamar socialismo o comunismo o economía del bienestar. Y así se genera toda una teoría bien estructurada, con pensadores muy conocidos y que detentan el poder absoluto. Se creen los iluminados que pueden organizar la producción, el trabajo, la distribución y dar felicidad al pueblo. La izquierda es una corriente de pensamiento apoyada por Carlos Marx, Lenin, Stalin, Mao Tse Tung, John Maynard Keynes, Paul Samuelson, Piketty y otros.

Por el lado de los que prefieren que haya muchos individuos que piensen y tomen decisiones están los llamados liberales, neoliberales, anarcocapitalistas. Autores como Juan de Mariana, Adam Smith, Carl Menger, Böhm von Bawerk, Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, Milton Friedman, Jesús Huerta de Soto y otros. Sin embargo, esta corriente de pensamiento es muy nueva. La teoría solo la tienen algunos tanques de pensamiento y prácticamente está excluida de las universidades públicas y privadas.

En efecto, salvo cuatro o cinco universidades norteamericanas, el resto están dominados por filosofías marxistas y keynesianas. En América Latina solo hay una universidad que rechaza el marxismo. Y en Europa, todas las universidades abrazan el marxismo y están  dominadas por autoridades izquierdistas.

Obediencia y maná

En realidad, la izquierda tribal ha conformado al mundo con estructuras sólidas. No sólo dominan la educación de los pueblos. También dominan la salud, los sistemas monetarios, la banca… Impone reglas a las empresas, establece impuestos para mantener una enorme burocracia que nada produce, pero sí estorba a la gente que tiene iniciativa para emprender. Es una izquierda tribal que sabe mantener el poder, sea con cuartelazos, con procesos democráticos o con nuevas estrategias como son los “programas sociales”.

Quién se puede oponer a la ayuda a los ancianos. “Ya trabajaron toda la vida y tienen derecho a una pensión hasta que mueran”. La gente, que poco sabe de los efectos destructivos para una economía capitalista, lo aplaude. O las becas del gobierno a las madres solteras, a los estudiantes, a los universitarios, a los deportistas, a los incapacitados. El plan es hacer que todos los habitantes estén supeditados al subsidio del gobierno. Así, por lo pronto, ya ganaron la voluntad del ciudadano para que siga votando por esos buenos hombres de izquierda. Y ven la diferencia: “otros gobiernos se embolsaban los impuestos y este si reparte”. No saben que con esas “políticas de bienestar” se están suicidando.

Los impuestos

A pocos les interesa de dónde salen los recursos para que el gobierno ande regalando dinero y menos les interesa los efectos destructivos para la economía. Los recursos que maneja el gobierno son los impuestos directos que pagan los empresarios, comerciantes, profesionistas independientes, son los que no están en el aparato gubernamental.

Pero también son los recursos que contrata a manera de empréstitos nacionales o foráneos. Puede contratar a 10 0 20 años, al fin que cuando tenga qué pagar, el gobernante ya estará muerto. También puede usar la maquinita que imprime billetes. Es un impuesto furtivo que da popularidad, la gente se siente feliz de recibir dinero a cambio de nada. Y como dice Milton Friedman, la resaca viene después, cuando llega la inflación y el dinero pierde poder adquisitivo.

Trataré de explicarte el efecto destructivo del dinero que regala el gobierno. Supongamos que es una economía con un capital de 100 pesos y que por efecto del trabajo productivo se genera una ganancia del 10%. Esa economía tendría ahora un valor de 110 y ahora tiene mayor capacidad de producir, pues las ganancias se invierten y con ello se genera más fuentes de trabajo, se compra materia prima y se producen más bienes para beneficio de la sociedad. Sin embargo, si el gobierno usa esos diez pesos para regalarlos, entonces no habrá inversión, ni se comprará materia prima, ni se generan nuevos productos, ni se generan nuevos puestos de trabajo.

La destrucción de la economía

Y no solo se estanca la economía, sino que se pierden los incentivos para seguir produciendo. Los capitalistas prefieren cerrar e irse a lugares donde no haya tanta hostilidad gubernamental. Es así que esos que recibieron dinero del gobierno, se transforman en cómplices de la destrucción de la economía y de su propio futuro. En resumen, esos “programas sociales” son más antisociales porque destruyen a la gente, la pervierten y la transforman en una especie de mascotas que esperan las croquetas del gobierno. Es como si alguien los acostumbra a vivir drogados.

Ya no necesitan pensar ni luchar por la vida, ni producir algo que al prójimo beneficie. Los campesinos se olvidan de sembrar y mejor esperan el cheque regalado de cada mes, las madres solteras ya no buscan trabajo, pues teniendo cinco hijos reciben lo que nunca antes. Ahora viven del erario, es decir, de impuestos. Pero los impuestos son robo. Sin decirles nada, el gobierno populista los ha transformado en delincuentes, los ha incorporado al campo de la corrupción. Y esta gente subsidiada es la que le dará el voto al gobierno populista, dado que cree que eso se puede sostener ad infinitum. Sin embargo, tarde o temprano se quedarán las arcas vacías, la gente exigirá que le sigan regalando y de allí a la destrucción de la sociedad faltará solo un paso.

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