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Manifestaciones contra la libertad

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Muchas de las reivindicaciones no son aceptables y socavan el ideario liberal más básico.

En Occidente, las manifestaciones en las calles se han convertido en una herramienta política indispensable. Hacen visibles ideas, reivindicaciones o problemas, generalizándolos y popularizándolos, llegando así a aquellos que antes los ignoraban y obligando a tomar partido a aquellos que no se implicaban, aunque sólo sea en el plano intelectual. Las manifestaciones son capaces de generar corrientes de opinión, cambiar posturas personales y, en situaciones extremas, Gobiernos e incluso regímenes. Una manifestación es exitosa o no por el número de asistentes y el ruido, real o mediático, que genera. Ejemplo de ello serían las guerras de cifras que se desencadenan con frecuencia en torno al número de manifestantes reales que han asistido y la necesidad de mostrar fotografías o planos en televisión en los que no se vean huecos libres de personas, ya que estos espacios en un plano o fotografía pueden arruinarla, haciendo un flaco favor a la idea que se pretende transmitir.

Los políticos, cuyo éxito depende entre otras cosas del voto, son muy sensibles a las manifestaciones, hasta el punto de que son capaces de cambiar sus propios programas e intenciones cuando un conjunto de movilizaciones empieza a tener relevancia, incluso cuando va contra su ideario original. También son capaces de apuntarse a ellas u organizarlas si con ello existe la posibilidad de obtener una ventaja política[1].

En democracia se ha extendido la idea de que casi cualquier reivindicación o idea es aceptable si no choca contra algunos principios básicos que soportan la convivencia social. Esto no es cierto del todo; realmente, cualquier idea, incluso las más despreciables, puede ser aceptada si se formula de manera adecuada, evitando ciertas palabras, resaltando ciertos matices y creando un relato adecuado a lo políticamente correcto de ese momento. En definitiva, es una cuestión de reformular la idea e iniciar un proceso de popularización de la misma. No es extraño que delitos tan despreciables como el robo o incluso el asesinato puedan ser aceptados si la idea sobre la que se sustentan se muestra socialmente exitosa.

Desde la perspectiva de las ideas de la libertad, muchas de estas reivindicaciones no son aceptables y socavan el ideario liberal más básico, aunque puedan ser ideas muy populares desde un punto de vista colectivo y social. De hecho, en España, en las últimas manifestaciones se puede observar una preocupante predilección por opciones que debilitan la libertad de los españoles y ponen en peligro derechos tan básicos como el de la propiedad, al tiempo que fortalecen el afianzamiento del Estado clientelar, dificultan la separación de poderes o facilitan la apropiación por parte del Estado de la propiedad de los españoles, con la justificación de la preservación de determinados “derechos”.

  1. El primer ejemplo que quiero analizar son las reacciones populares a la sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra contra los cinco acusados de violación que se conocen como La Manada. En dicha sentencia, los acusados son condenados a nueve años de cárcel por el delito de abuso sexual continuado[2]. No es una sentencia definitiva y pasará a tribunales superiores que tendrán que enfrentarse no solo a las pruebas y al fallo, sino también al tremendo revuelo social, mediático y político que se ha generado. Desde que se conoció la sentencia, las manifestaciones han sido continuas. Grupos y organizaciones de distintas ideologías y pareceres, pero principalmente feministas y de izquierdas, se han mostrado especialmente duras con las decisiones de los jueces. El problema no está en el desacuerdo con la sentencia, aunque no creo que casi nadie se la haya leído y tenga tampoco los conocimientos adecuados para dudar sobre ella, sino en los mensajes lanzados y las soluciones planteadas. Pedir que desde el Gobierno (poder ejecutivo) se propicie un cambio de legislación (poder legislativo), a la vez que se desautoriza a los jueces (poder judicial) porque, y pese a ser recurrible, la sentencia no gusta, es poner en solfa las bases del Estado de derecho y de la separación de poderes, a la vez que se favorece una justicia popular, de pancarta, de reivindicación, llena de modas, incertidumbres y emocionalidad, sin lógica, razonabilidad, casi un linchamiento[3]. Una forma de justicia que favorece en primera instancia a los políticos más populistas, enemigos de las ideas de la libertad.
  2. El pasado 1 de mayo se celebró, como todos los años, la Fiesta del Trabajo con las habituales manifestaciones de sindicatos y partidos, sobre todo de izquierdas. Si algo ha caracterizado a esta jornada en las últimas décadas es una disminución del número de manifestantes, bien porque no comparten las ideas que reivindican estas organizaciones, bien porque dan más peso a la parte festiva del día, dedicando el tiempo al ocio, el descanso o incluso al viaje si las fechas lo propician. En el fondo, es una manera de decir que las viejas reivindicaciones laborales ya no importan tanto o que, si importan, se consiguen a través de distintos medios. De hecho, los últimos años he percibido una reivindicación más centrada en la importancia de los propios sindicatos que en las condiciones del trabajador. Los sindicatos fueron entidades poderosas cuando las condiciones de trabajo eran realmente mejorables, pero en la actualidad las principales organizaciones sindicales se han convertido en una parte del Estado clientelar, preocupándose sobre todo de su supervivencia y mucho menos de favorecer la mejora de las condiciones de trabajo de sus afiliados. Es discutible que las medidas que proponen, como los convenios colectivos, sean realmente eficaces para tal fin. Una vez más, las manifestaciones, que hay que decir que en este sentido son más simbólicas que populares, agreden a las ideas de la libertad.
  3. Con cierta frecuencia se pone de moda la cuestión de las pensiones. Cerca de las citas electorales, se pone en duda la sostenibilidad de las pensiones tanto en el presente como en el futuro, azuzando el miedo de trabajadores, en especial de los que no cuentan con otras fuentes futuras de ingresos, y jubilados. Lo cierto es que el actual modelo de pensiones está basado en la existencia de una pirámide demográfica que ya no existe, propia de décadas pasadas donde había varios trabajadores por cada jubilado y en el que la esperanza de vida no era tan larga. En aquella época, arrebatar una parte del sueldo de los que estaban trabajando para pagar a los pensionistas era más llevadero, aunque desde las ideas de la libertad sea igual de reprobable. Si bien es cierto que los críticos de este sistema vienen denunciando su insostenibilidad por su parecido, más que razonable, con los esquemas Ponzi, también lo es que la sensación de que el sistema está en quiebra no es general, ni siquiera mayoritaria. No pocos piensan que hay una solución política al hecho: por ejemplo, cuidar más el fraude fiscal y que se ponga coto a la corrupción. La consecuencia de ello es que la mayoría de manifestaciones no piden un cambio en el sistema de pensiones, sino ahondar más en el actual, lo que favorece un incremento de la presión fiscal, es decir, un meter más la mano en el bolsillo de los españoles con la peregrina excusa de un derecho como el de las pensiones, pasando de puntillas por sistemas mucho más justos para la propiedad de los ciudadanos[4].
  4. El cuarto caso que quiero tratar se aparta un poco de la definición de manifestación que he manejado, pues esta manifestación no tiene, a priori, reivindicaciones políticas, sino que se refiere al ocio, la fiesta y el esparcimiento. Quien haya cursado una carrera universitaria sabrá que no es extraño que, durante esos años, además de conseguir conocimientos y un título, la mayoría de los jóvenes pasa una parte relevante de su tiempo dedicada a actividades de ocio, siendo las fiestas y el desenfreno algo más habitual de lo que le gustaría a algunos. Hace unos días en la Ciudad Universitaria de Madrid, se celebró de manera oficiosa San Cemento, una especie de fiesta popular y anual que tiene como escenario los terrenos de la Ciudad Universitaria y las calles y parques cercanos[5]. Miles de estudiantes se dedican durante unas horas (o días) a divertirse, comer, beber y alguna que otra actividad. Sin ánimo de entrar a juzgar este comportamiento, sí quiero hacer hincapié en una de las consecuencias: 307 toneladas de desechos, que es la cantidad que se ha recogido en este 2018. Si ya nos cuesta mucho la limpieza de la capital, limpieza que no es precisamente ejemplar con el Gobierno de Ahora Madrid en el Ayuntamiento, este exceso de los que se dicen una generación solidaria y muy mirada con el medio ambiente cuesta mucho a los madrileños, en forma de un servicio extra. En favor de los estudiantes diré que este fenómeno no es nuevo y puede que haya sido aprendido de sus mayores. Hace más de 30 años, en plena Transición, cuando la famosa movida madrileña estaba en pleno auge, los mismos terrenos eran igualmente usados por los estudiantes de la época para cuestiones parecidas y los servicios del Ayuntamiento, en aquella época en manos de Enrique Tierno Galván y Juan Barranco, tenían que recoger toneladas y toneladas de desperdicios. ¿De verdad que no hemos aprendido nada en este tiempo?

No estoy poniendo en duda aquí la libertad de expresar una opinión, de destacar ciertos hechos, incluso de ignorar otros y manifestarse por ello. Solo llamo la atención sobre una realidad: que la gente se manifiesta y lo va a seguir haciendo, bien de manera espontánea y motu proprio, o influida por la opinión de otros, incluso manipulada, y que tales manifestaciones, al menos las más populares, van a promover unas ideas que son en ese momento corrientes principales de pensamiento. Asumiendo que van a seguir ocurriendo, desde las ideas de la libertad es importante dar la pelea y que éstas se dejen ver.

El comunista italiano Antonio Gramsci hablaba de hegemonía, de ideas hegemónicas sobre las que hacer política y, en cierto sentido, es lo que ha pasado, hasta el punto de que algunas de estas ideas son ahora incuestionables y han sido asumidas incluso aunque hagan daño. No es extraño ver en estas manifestaciones a personas que defienden doctrinas, opiniones y pensamientos que le son realmente negativas y las defienden de manera voluntaria, sin cortapisa e impedimentos. Quizá lo que falta es espíritu crítico, pero de nuevo estaríamos ante un hecho que habrá que tener en cuenta. Mientras esto no cambia, no nos cansaremos de ver manifestaciones contra la libertad.



[1] Aunque a la larga, demasiados vaivenes en una u otra dirección comprometen la ética de la organización y pueden ser peligrosos para la carrera del político o incluso el éxito o supervivencia de la institución.

[2] En cuanto a la polémica en torno a este fallo, me remito a esta página donde se explica desde el punto de vista de los cambios habidos en el Código Penal de 1995 en torno al delito de violación.

[3] Cabe destacar que no pocos de los que ahora se quejan pidiendo cambios legislativos inmediatos son los mismos que pedían no legislar en caliente cuando se ponían en duda otras sentencias.

[4] En enero de 2018, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, propuso un nuevo impuesto a la banca para, según él, solucionar el problema de las pensiones, justificándose con que la banca había sido rescatada en plena crisis y que ahora le tocaba devolver el favor. Unos meses después, se descubriría en los medios que Pedro Sánchez tiene su propio plan de pensiones privado, hecho que el socialista justificó.

[5] San Cemento se celebra en el campus de la Universidad Complutense, el último jueves del mes de abril y su nombre hace referencia al patrón de la facultad de Arquitectura, que es el de la Universidad Politécnica.

 

26 Comentarios

  1. San Cemento es la fiesta de
    San Cemento es la fiesta de la facultad de Arquitectura Técnica (ahora llamada Edificación), no de Arquitectura.

  2. Cito textualmente: «Las
    Cito textualmente: «Las manifestaciones son capaces de generar corrientes de opinión, cambiar posturas personales y, en situaciones extremas, Gobiernos e incluso regímenes.» Por simple curiosidad, ¿qué diferencia ve entre un Gobierno y un régimen político?
    Un saludo,

    • Bueno, desde mi punto de
      Bueno, desde mi punto de vista, un régimen político es la manera que se estructuran las instituciones que ostentan el poder, mientras que el gobierno es una de esas instituciones. Por poner un ejemplo relacionado con las manifestaciones, las que se produjeron al final del franquismo ayudaron en cierta medida a promover un cambio de régimen, mientras que las que se produjeron durante el último gobierno de Aznar propiciaron un cambio en el partido del gobierno que salió en las elecciones de 2004.

    • Quizá te ayude saber que
      Quizá te ayude saber que entre otros, y a parte del Régimen monarquico, en sus diversas versiones (en una de ellas vives) , existen otros tipos de regímenes políticos, tales como:

      -Régimen republicano. Como su propio nombre ya nos indica, en este sistema no existe un monarca que ejerza como jefe de Estado sino que es un grupo de representantes, elegidos por el pueblo en las urnas, el que se encarga de gobernar en nombre del pueblo que es el que posee la soberanía.
      -Régimen oligárquico. También responde al nombre de oligarquía y, si estudiamos un poco su etimología, podemos saber qué significa: el poder supremo de un Estado es ejercido únicamente por un grupo reducido de personas que pertenecen a la misma clase social. Su origen se encuentra en la Antigua Grecia y se considera que acaba convirtiéndose en una tiranía.
      -Régimen totalitario. Uno de los regímenes políticos más repudiados y temidos a lo largo de toda la historia es este, ya que la policía y la propaganda se convierten en los instrumentos de “presión” y “sometimiento” al pueblo. Y es que en este caso no existe ni la separación de poderes ni la soberanía, el poder lo tiene únicamente el Estado, que se “salta” todos los derechos y normas básicas que se establecen en la sociedad actual. Bajo este paraguas, se encuentran tanto el régimen fascista impuesto en Italia por Mussolini como por el nazi llevado a cabo en Alemania.
      -Régimen aristocrático. El poder soberano, el gobierno de un Estado, en este caso lo tiene un grupo de personas que se considera que son las más idóneas para realizar dicha labor. Una alternativa actual y en los tiempos que corren no del todo desdeñable sería la Tecnocracia, con expertos gestores dirigiendo nuestras vidas. Desde un punto de vista pragmático, quizá la más óptima.

      Dentro de cada régimen podrá o no haber distintas formas de gobernar, o Gobiernos, a veces no tan dispares; … en nuestro país las experiencias entre PP y PSOE, al mando del timón de proa, deberían darte una idea de dichas diferencias.

      Espero que te sirva de ayuda,

    • Juan Manuel, no te olvides de
      Juan Manuel, no te olvides de citar a los más totalitarios que ha habido y hay: los comunistas. Ej que tiene tela que te los dejes en el tintero…

    • Estimado Alberto Illán,
      Estimado Alberto Illán,

      El partido en el Gobierno no es el Gobierno. Un régimen político es la articulación, el entramado concreto del ejercicio del poder, es decir, su división en instancias. Por tanto, el Gobierno no es lo mismo que el régimen político pero no es algo diferente, no tiene ningún sentido la expresión «Gobiernos e incluso regímenes». En cualquier caso, Juan Manuel, esos supuestos regímenes políticos que has identificado son una, y perdona la expresión, catetada. No entiendes el concepto de régimen político, y haces una clasificación pseudoaristotélica de la que el Estagirita se reiría a carcajadas. Las instancias de poder político no son diferentes en un supuesto régimen monárquico que en un supuesto régimen republicano; el ejercicio del poder no cambia en ellas y por tanto si el poder es en este caso el concepto a tratar se cumple el principio de los indiscernibles: es lo mismo el régimen monárquico constitucional que el régimen republicano (no cambiaríamos de régimen político en España si la jefatura de Estado pasase de ser hereditaria, monárquica, a ser republicana).
      Un saludo,

    • Y añado, Juan Manuel:
      Y añado, Juan Manuel:

      Nuestras democracias son regímenes mixtos: España tiene un régimen político mezcla de democracia, aristocracia y monarquía (ejercidas en las elecciones generales, en el Parlamento, y en el Presidente del gobierno, respectivamente). El campo teórico de delimitación conceptual se restringe al darnos cuenta de que, dentro del régimen mixto, tenemos un régimen político fundamentalmente aristocrático: la mayoría del ejercicio del poder en España es desde el Parlamento y no desde las elecciones democráticas.
      Un saludo,

    • Cierto. Se me pasó mencionar
      Cierto. Se me pasó mencionar a los comunistas. Totalitarios sin parangón.

    • Cierto. Se me pasó mencionar
      Cierto. Se me pasó mencionar a los comunistas. Totalitarios sin parangón.

    • No he pretendido citar todas
      No he pretendido citar todas las formas potenciales de regímenes, simplemente algunas, de manera didáctica y muy simplistas. Siento que te parezcan catetadas. No está en mi afán sentar cátedra, si bien siento discrepar, una monarquia no es el mismo régimen que una republica, y discrepo también en calificar al sistema politico actual de España como «mezcla de democracia, aristocracia y monarquia». Mezclas, o quizá confundes, términos. La democracia es independiente de la monarquia e incompatible con la aristocracia, ya sea entendida está como la clase privilegiada que ostenta el poder, como aquella que lo ejerce por su capacidad superior al resto (tecnocracia), mi preferida.
      Vivimos, creo, en un régimen monárquico, democrático o más bien partitocrático y sesgado. Pero, esto es una opinión.

    • JUAN MANUEL, la tecnocracia
      JUAN MANUEL, la tecnocracia se suele regir por el utilitarismo.
      Podría ser utilitario para según qué fin el subir los impuestos al 90 % en algunas sociedades, obligar a que todo el mundo vaya ‘a pata’ para no emitir gases que no sean cuescos o poner a casi todo quisqui a picar piedra para construir esfinges por ejemplo.
      La tecnocracia por eso puede ser totalitaria (o al menos eso creo vamos, corrígeme si me equivoco).

      Se te olvidó el régimen más mediático y que lleva el récord de películas de Hollywood: el nazi.

      Es más, cualquiera que defienda alguna identidad individual o colectiva puede ser tildado de nazi a las primeras de cambio.

      De lo que llevo leído sobre el tema diría que el nazismo era una ideología racista y por ende supremacista, no solamente identitaria y nacionalista.
      Pero bueno, es más fácil meterlos en el mismo saco si no se rompe claro.

      La histeria (colectiva) hitleriana se podría llamar.

    • Oops, perdón, sí pusiste el
      Oops, perdón, sí pusiste el nazismo hablando primero del fascismo, sorry.

    • JUAN MANUEL, el comunismo es
      JUAN MANUEL, el comunismo es un totalitarismo pero que «cae bien» se podría decir.

    • Quizás el régimen se base en
      Quizás el régimen se base en las instituciones ya instauradas por el gobierno más que en el gobierno y sus acciones en ellas claro.
      La ideología a seguir podría decirse que formaría parte de tales instituciones, ¿no?
      Un tema curioso.

    • «Monarquico», «Republicano»,
      «Monarquico», «Republicano», Oligarquico», Totalitario», «Aristocrático» pertenecen a categorías distintas y, por tanto, incomparables. Un régimen «Aristocratico» tiene muchas posibilidades de ser simultáneamente «Oligarquico» aunque es poco probable que sea también «Totalitario», mientras un régimen «republicano» puede ser simultáneamente «Oligárquico» y Totalitario».
      Desgraciadamente y «Estado mediante», todos ellos pueden ser (y lo son en realidad) «iliberales» (que se incardina en una categoría distinta a las anteriores)

    • «Monarquico», «Republicano»,
      «Monarquico», «Republicano», Oligarquico», Totalitario», «Aristocrático» pertenecen a categorías distintas y, por tanto, incomparables. Un régimen «Aristocratico» tiene muchas posibilidades de ser simultáneamente «Oligarquico» aunque es poco probable que sea también «Totalitario», mientras un régimen «republicano» puede ser simultáneamente «Oligárquico» y Totalitario».
      Desgraciadamente y «Estado mediante», todos ellos pueden ser (y lo son en realidad) «iliberales» (que se incardina en una categoría distinta a las anteriores)

    • «Monarquico», «Republicano»,
      «Monarquico», «Republicano», Oligarquico», Totalitario», «Aristocrático» pertenecen a categorías distintas y, por tanto, incomparables. Un régimen «Aristocratico» tiene muchas posibilidades de ser simultáneamente «Oligarquico» aunque es poco probable que sea también «Totalitario», mientras un régimen «republicano» puede ser simultáneamente «Oligárquico» y Totalitario».
      Desgraciadamente y «Estado mediante», todos ellos pueden ser (y lo son en realidad) «iliberales» (que se incardina en una categoría distinta a las anteriores)

    • «Monarquico», «Republicano»,
      «Monarquico», «Republicano», Oligarquico», Totalitario», «Aristocrático» pertenecen a categorías distintas y, por tanto, incomparables. Un régimen «Aristocratico» tiene muchas posibilidades de ser simultáneamente «Oligarquico» aunque es poco probable que sea también «Totalitario», mientras un régimen «republicano» puede ser simultáneamente «Oligárquico» y Totalitario».
      Desgraciadamente y «Estado mediante», todos ellos pueden ser (y lo son en realidad) «iliberales» (que se incardina en una categoría distinta a las anteriores)

    • «Monarquico», «Republicano»,
      «Monarquico», «Republicano», Oligarquico», Totalitario», «Aristocrático» pertenecen a categorías distintas y, por tanto, incomparables. Un régimen «Aristocratico» tiene muchas posibilidades de ser simultáneamente «Oligarquico» aunque es poco probable que sea también «Totalitario», mientras un régimen «republicano» puede ser simultáneamente «Oligárquico» y Totalitario».
      Desgraciadamente y «Estado mediante», todos ellos pueden ser (y lo son en realidad) «iliberales» (que se incardina en una categoría distinta a las anteriores)

    • «Monarquico», «Republicano»,
      «Monarquico», «Republicano», Oligarquico», Totalitario», «Aristocrático» pertenecen a categorías distintas y, por tanto, incomparables. Un régimen «Aristocratico» tiene muchas posibilidades de ser simultáneamente «Oligarquico» aunque es poco probable que sea también «Totalitario», mientras un régimen «republicano» puede ser simultáneamente «Oligárquico» y Totalitario».
      Desgraciadamente y «Estado mediante», todos ellos pueden ser (y lo son en realidad) «iliberales» (que se incardina en una categoría distinta a las anteriores)

    • Zenón de Elea (buen filósofo)
      Zenón de Elea (buen filósofo): Yo diría que el régimen político que tenemos es fundamentalmente «oligárquico» (más bien que aristocrático).
      El libro de Ángel López-Amo «El poder político y la libertad» (premio nacional de ensayo en 1952, y «actualísimo») es una necesaria referencia en este tema. De este importante y olvidado autor, también existe una selección de textos titulada «El principio aristocrático» (2008, Isabor), con un excelente prólogo de Miguel-Anxo Bastos encuadrándolo: http://anterior.esdiario.com/instructor-olvidado-reivindica-monarquia-distinta-91277.htm

  3. Alberto, gracias por tu
    Alberto, gracias por tu artículo. Simplemente añadir que, en el tema de las pensiones, lo que a mi juicio hace las manifestaciones más injustas aún, es que quienes se están jubilando en esta época, calculado en euros constantes y teniendo en cuenta la esperanza de vida, van a recibir, hasta que fallezcan, en torno al doble de lo que cotizaron en su vida laboral. Y eso será a costa de los trabajadores actuales: quienes se jubilen dentro de 20 ó 30 años acabarán habiendo cotizado el doble de lo que van a recibir, y eso se lo llevarán los pensionistas actuales. Que haya quien se manifieste para que esa desigualdad sea aún mayor, me parece de un egoísmo y una insolidaridad tremendas. Esto es una muestra más de como divide a la sociedad este aspecto del estado del bienestar.

  4. Solución pues según el
    Solución pues según el ‘tertuliano’: eliminar a todos los que vivan más años de los que cotizan.

    Qué cosas, justo cuando pensaba que ya no podía rodearme de más actos lunáticos…

    No es nada personal de veras, pero creo que todo el mundo debería de reconocer que España lleva cultivando una pirámide invertida con el tema de las pensiones públicas desde hace décadas.
    ¿Consecha? lo que está pasando hoy.
    Y hoy en día hay quien promociona el tener hijos como panacea al asunto, cuando por muchos que se tengan hoy, no cambiará eso mañana; puede mantenerse igual el asunto e incluso empeorar; ya que el ‘quid’ de la cuestión se basa en que es aconsejable que existan más cotizantes que pensionistas. Así se repartirían los costes de las pensiones y los pensionistas no verían peligrar su pensión.
    Pero a lo hecho, pecho.
    La solución que parece más sensata es complementar la pensión pública con algún tipo de ahorro o ayuda privada o «apretarse el cinturón» si se puede claro.
    ¿Hasta cuando? hasta que al menos la pirámide se mantenga normal (no invertida).
    Aunque quizás se queda en utopía esto en un país como este.
    Siendo realistas más que idealistas, las soluciones de nuestros gobernantes me temo que irán por subir las cotizaciones y los impuestos en general y tirar por tanto de otras partidas para costear las pensiones, como: IVA, IBI, sociedades, sucesiones, etc.

    Como añadidura no sé si te refieres a las pensiones de autónomos, empleados públicos o empleados privados en concreto o a todas la verdad.

    Las sociedades se pueden dividir hasta por el tiempo que hace.

  5. Dos fragmentos especialmente
    Dos fragmentos especialmente reseñables (de este ponderado y certero artículo):
    1) “Pedir que desde el Gobierno (poder ejecutivo) se propicie un cambio de legislación (poder legislativo), a la vez que se desautoriza a los jueces (poder judicial) porque, y pese a ser recurrible, la sentencia no gusta, es poner en solfa las bases del Estado de derecho y de la separación de poderes, […] ”

    2) “…realmente, cualquier idea, incluso las más despreciables, puede ser aceptada si se formula de manera adecuada, evitando ciertas palabras, resaltando ciertos matices y creando un relato adecuado a lo políticamente correcto de ese momento.”
    Un ejemplo de este segundo tipo de proceder: las iniciativas legislativas educativas desde 2017 (al menos) en la Comunidad Valenciana (siguiendo la senda marcada desde Cataluña). Se encubre la implantación de una escuela única y uniformadora, liberticida, con bonitas palabras como Decreto de plurilingüismo, o Decreto de educación inclusiva.
    Como decía una chica: “Una sola educación, es como estar en la legión”.

    • «Pocos son los ciudadanos que
      «Pocos son los ciudadanos que cuestionan hoy el poder omnímodo del Estado para decidir no solamente lo que se ha de estudiar, sino cómo tienen los maestros que enseñar y qué valores han de fomentar en la juventud. El ejemplo más claro es lo ocurrido en España en estos últimos meses (2008), en que la mayor parte de la población ha contemplado impasible cómo la reivindicación del DERECHO de los padres A DECIDIR sobre la educación moral de sus hijos se ha catalogado de reaccionaria y radical» (fragmento del artículo de Alicia Delibes).
      Llama la atención observar la posición que tienen sobre este derecho individual a decidir (que es sobre la propia vida de uno, no sobre las de los demás) muchas de las personas que defienden ese otro supuesto «derecho» a decidir que propugna la independencia de ciertas comunidades autónomas españolas.


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