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Más problemas del anarcocapitalismo

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El anarcocapitalismo es una teoría política (o antipolítica) extrema, muy minoritaria, y con un alto porcentaje de fanáticos e ingenuos entre sus seguidores.

El debate sobre el anarcocapitalismo entre Juan Ramón Rallo y Miguel Anxo Bastos en la Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana de 2016 me ha sugerido diversas reflexiones.

Independientemente de la corrección o validez de sus ideas, el anarcocapitalismo es una teoría política (o antipolítica) extrema, muy minoritaria, y con un alto porcentaje de fanáticos e ingenuos entre sus seguidores.

La eliminación total del Estado como solución a los problemas sociales es una propuesta claramente radical, de máximos, no precisamente moderada: es una idea para rebeldes inconformistas, o para quienes buscan llamar la atención, y no es apta para grandes masas de la población que quizás prefieren refugiarse en posiciones más centradas, normales y populares, quizás sin pensar mucho al respecto.

Si los liberales somos pocos, la cantidad de anarcocapitalistas es aún menor: algunos ni siquiera se ven como liberales (como Jesús Huerta de Soto y muchos seguidores), y parecen orgullosos de ser los más fundamentalistas, integristas, selectos y fieles luchadores en la defensa de la libertad, la punta de lanza en la batalla de las ideas; los demás quizás son cobardes o acomodaticios.

El anarcocapitalismo parece una señal costosa de reputación, estatus, integridad y lealtad a la causa de la libertad: “yo soy más ancap que tú y que nadie”. Sin embargo este coste a menudo sólo consiste en declaraciones verbales altisonantes que parecen más poses teatrales histriónicas que llamadas auténticas a la revolución real contra el sistema y el orden establecido.

La mención del “Estado pequeñito” del minarquismo es objeto de humor, que puede ser muy sano (sobre todo con el acento gallego y la voz y los gestos de una persona brillante y bondadosa como Bastos), pero también es peligroso porque esto es un asunto muy serio y las risas y las burlas pueden usarse para no pensar y no contestar a las críticas: una de las funciones evolutivas del humor y la burla es cohesionar a los miembros de un grupo contra otros que son enemigos y no merecen respeto o miedo.

Además de fanáticos muy entusiasmados, muchos anarcocapitalistas me parecen ingenuos porque no ven los problemas que tienen sus ideas y no se dan cuenta de la debilidad de sus argumentos: además si se lo explicas seguramente les dará igual (sesgo de confirmación, negativa a reconocer errores, incapacidad de aprender) y repetirán los mismos tópicos año tras año, sin revisarlos o matizarlos (esto no es algo exclusivo de los ancaps, los objetivistas hacen esencialmente lo mismo, que es repetir una y otra vez un credo bastante dogmático). Aunque tus argumentos sean flojos, los repites porque te gustan, son los que conoces y los que otros fieles de tu misma parroquia esperan oír.

Es normal que muchos pensadores vean desde fuera al anarcocapitalismo y al objetivismo como enfermedades juveniles propias de adolescentes inmaduros (y que pueden superarse con la edad y la reflexión), ya que muchos de sus defensores se comportan como tales.

Creo que hay esperanza y que es posible ser anarcocapitalista sensato: verlo con simpatía, entender sus fortalezas como ideal deseado y sistema de ideas, pero estar dispuesto a investigarlo y criticarlo de forma objetiva y desinteresada, sin dejarse llevar por el fanatismo, sin ponerse orejeras, sin defenderlo a toda costa negándose a reconocer sus problemas y limitaciones.

Con los años yo he ido matizando mi postura conforme veía algún problema con los argumentos que suelen utilizarse para defender el anarcocapitalismo. Creo que Juan Ramón Rallo ha hecho lo mismo y ha seguido un proceso parecido, quizás por debates que hemos ido compartiendo a lo largo del tiempo: ha madurado mucho, ha aprendido y ya no defiende algunas de las cosas que con mucha firmeza utilizaba como argumentos contra algunos oponentes cuando era más joven. Dejo como ejercicio para los lectores la exploración arqueológica en antiguos textos y el descubrimiento de estos deslices de juventud.

Siendo el anarcocapitalismo una idea tan extrema, querida por algunos fanáticos y tan fácil de rechazar por la mayoría, conviene que los argumentos que se usen en su defensa sean muy rigurosos y sólidos, lo que a menudo no es el caso. Critico a continuación algunos argumentos típicos: que los gobernantes no utilizan un gobierno centralizado para coordinarse a sí mismos (no hay Estado dentro del Estado); que la sociedad extensa funciona sin necesidad de Estado; que el Estado no existe, que es una ficción, y en realidad sólo hay individuos; que no hay o no puede haber ningún contrato para legitimar un Estado; que el Estado no puede determinar qué cantidad y calidad de servicios de seguridad es óptima; que la ausencia de Estado puede hacer más difícil el ser conquistados por un atacante externo; que la defensa puede ser proporcionada por mercenarios o por asociaciones de entidades políticamente independientes; que la seguridad es un concepto confuso que se refiere a cosas distintas (guerra, salud, accidentes); que muchos problemas de bienes públicos o no existen o tienen solución no estatal; que el minarquismo tiene muchos problemas.

Conviene distinguir entre el Estado como unidad política constituida por unos ciudadanos, un territorio y unas leyes e instituciones, del Estado como aparato que gobierna de forma monopólica y centralizada a dicho colectivo (políticos, burócratas, funcionarios). Es cierto que los gobernantes no utilizan un gobierno para dirigirse a sí mismos, del mismo modo que el cerebro no tiene un minicerebro que lo controle. Pero esto no significa que el Estado como gobierno central monopólico sea prescindible siempre, sino que su existencia depende de ciertas circunstancias como la escala o tamaño del sistema y la complejidad de la tarea de coordinación: unas pocas personas pueden cooperar para un objetivo común sin necesidad de instaurar un mando superior; unos pocos grupos o naciones pueden convivir sin necesidad de un imperio que los gobierne. Cuando es necesaria una jerarquía de control esta puede tener varios niveles de mando (departamentos en una empresa, organización territorial subsidiaria de una nación), con cada nivel coordinando y supervisando a los inferiores, pero al ser una estructura finita el nivel superior necesariamente no tiene nada por encima.

La sociedad extensa no es lo mismo que un grupo delimitado específico: la sociedad extensa está constituida por una multiplicidad flexible de personas, grupos y relaciones entre los mismos, no tiene un interés común, ni fronteras o barreras de entrada y salida; un grupo tiene un interés común para sus miembros, mecanismos de identificación, límites y barreras de entrada y salida, y algún sistema de gobierno para gestionar sus activos comunes y el cumplimiento de sus funciones. Además un grupo sólo puede tener un gobierno centralizado, no puede tener varios potencialmente en conflicto: por ejemplo una comunidad de vecinos o un club deportivo sólo tienen una junta directiva; la naturaleza única o monopólica del gobierno no es una prohibición ilegítima de la competencia sino un requisito funcional.

El gobierno del Estado es algo más o diferente de las personas que forman parte de él, de forma semejante a como un ser humano es algo más o diferente de sus células o átomos constituyentes. No es Fulanito Pérez quien te confisca tu propiedad con los impuestos, sino que es una persona que ejerce como ministro de Hacienda, un cargo que existe más allá del sujeto específico que lo ocupa o desempeña en cada momento, y que implica una autoridad especial, unos derechos y deberes que no tienen otros individuos.

Que las ideas que se utilizan para legitimar al Estado sean ficciones o falacias no significa que el Estado en sí mismo no tenga existencia real más allá de los individuos. Hay tres entidades: los individuos, el Estado como asociación y gobierno de esa asociación, y las ideas (correctas o incorrectas) utilizadas para defender la justicia de la asociación y facilitar su funcionamiento; igual que en la religión hay tres entidades, el creyente individual, la iglesia o comunidad de creyentes con una jerarquía eclesiástica, y el ámbito sobrenatural como conjunto de ideas imaginarias falsas pero funcionales por su utilidad para cohesionar al colectivo.

Si el Estado no existe, el Estado no ha hecho nunca nada malo, no ha matado nunca a nadie y no hay razón para criticarlo y oponerse a él: han sido personas individuales, en los ejércitos todos casualmente vestidos igual, que han matado a otros individuos también vestidos igual entre ellos pero con un uniforme diferente a los primeros.

La legitimación contractual del Estado es muy difícil pero tal vez no sea imposible, y por otro lado puede tener un problema de interpretación. Es ingenuo pretender que el Estado resulta de unos individuos inicialmente autónomos y con derechos de propiedad definidos que en un momento dado deciden asociarse contractualmente: probablemente lo que sucede históricamente es que unos individuos viven en un grupo cohesionado, con normas más o menos formales, que al crecer y hacerse más complejo va formalizando progresivamente sus normas de convivencia, sus objetivos compartidos y sus criterios de pertenencia. La proclamación de una ley fundamental o constitución para una nación o grupo humano no es algo que suceda de repente y a partir de la nada, sino que puede ser la culminación de un proceso gradual de cohesión social. En ciertos casos la permanencia en un grupo puede entenderse como una aceptación tácita de las normas de dicho grupo: si el colectivo está constituido de forma legítima, es el individuo que no está de acuerdo quien debe abandonarlo en lugar de imponer cambios no deseados a los demás.

Un contrato implica un compromiso voluntario libremente adquirido y una formalización explícita del mismo. Las relaciones y asociaciones humanas no son totalmente informales o plenamente formales, sino que presentan diversos grados de formalidad según sus necesidades: la formalización es costosa y puede tener consecuencias no deseadas; puede emerger de forma gradual e imperfecta, como en el caso del derecho evolutivo. Los compromisos explícitos pueden servir para aclarar a todas las partes cuáles son las reglas y roles de cada individuo y qué se espera de ellos, pero también existen expectativas de sentido común y usos y costumbres tácitos e informales.

Es cierto que el Estado, como entidad ineficiente que es por sus problemas de información, incentivos y corrupción, no puede determinar qué cantidad y calidad de servicios de seguridad es óptima según las valoraciones subjetivas personales. Pero esto tampoco se resuelve por individuos produciendo, comprando y vendiendo en el mercado, porque la defensa es un bien especial que suele proporcionarse y recibirse de forma colectiva, en forma de cooperativa de producción y consumo. Cuánta defensa obtener y cómo conseguirlo es un problema de decisión y acción colectiva: las preferencias y capacidades de los individuos deben agregarse de algún modo para producir una única solución global, y este proceso puede resultar muy problemático. Los intercambios libres y voluntarios permiten conocer las preferencias de los individuos y la posibilidad de competencia fomenta la eficiencia, pero en algunos ámbitos no son posibles ni las decisiones puramente individuales ni la existencia de alternativas simultáneas en competencia entre las cuales elegir. Además las preferencias existen aunque no se manifiesten en elecciones individuales: puede haber individuos insatisfechos con los servicios de seguridad recibidos (por escasos o excesivos), pero también puede haber individuos que reciban grandes beneficios a costa del sacrificio de otros; y todo el mundo puede mentir en sus declaraciones verbales al respecto.

Para garantizar su supervivencia tal vez los grupos deban tender a excederse en sus gastos de defensa y no arriesgarse y quedarse cortos: existen países sin ejército, o comunidades pacifistas que renunciar al uso de la fuerza, pero pueden estar protegidas por alguna otra comunidad o corren el riesgo de ser invadidas y conquistadas o destruidas. En un entorno primitivo, sin posibilidad de pedir ayuda a aliados, un grupo incapaz de defenderse de forma efectiva seguramente será aniquilado, esclavizado o asimilado en otro.

Puede parecer irracional no renunciar a la defensa de ciertos territorios marginales y de escaso valor, como la isla de Perejil. Pero en las relaciones de competencia bélica (real o potencial) a menudo es necesario producir señales honestas costosas de que estás dispuesto a defenderte de cualquier ataque para así evitarlos. Ciertos actos son importantes por su carácter simbólico, por lo que representan, por cómo definen el carácter y la reputación de quien los lleva a cabo.

La existencia de un gobierno central podría hacer más fácil la conquista de un territorio si el enemigo consiguiera hacerse con el control de dicho gobierno y se aprovechara del aparato jerárquico organizado para el mando y de la costumbre de obedecer de los ciudadanos. Sin embargo este argumento olvida considerar que la propia organización centralizada puede hacer mucho más difícil la invasión externa y la victoria del enemigo: sin ejército organizado la posibilidad de defensa efectiva es muy pequeña, y si no existe aparato de gobierno este puede organizarse e imponerse por los invasores. Si no logran capturar un gobierno local establecido tal vez los invasores simplemente se marchen, pero también es posible que se dediquen al pillaje, a la violación y al asesinato antes de marcharse. Algunos territorios y grupos humanos no son invadidos y pueden vivir sin Estado porque no interesa a nadie conquistarlos: viven en zonas de difícil acceso, pobres, marginales.

Las guerrillas o grupos espontáneos de lucha suelen ser más molestas que realmente destructivas: funcionan mejor cuando se organizan y asemejan a ejércitos, y no suelen ganar guerras o expulsar invasores por sí solas. Las armas ligeras no suelen ganar batallas contra las armas pesadas, y además quienes poseen armas pesadas también tienen armas pequeñas.

El tema de la guerra es tan importante que conviene tratarlo de forma científica, con buenas teorías y buenos datos, y no con ideas sueltas y anécdotas anómalas y poco representativas. Hoy día la ciencia indica que no sólo el Estado hace la guerra sino que es la guerra la que hace al Estado: la necesidad de sobrevivir y dominar a otros fomenta la existencia de organizaciones centralizadas que controlan grandes grupos humanos.

Ciertos ejemplos de defensa privada, como los mercenarios en barcos mercantes contra piratas, no son equivalentes a los problemas de la seguridad de un grupo humano relativamente grande, con bienes comunes (infraestructuras públicas como calles, alcantarillado, murallas defensivas) y establecido en un territorio fijo.

Las ligas o asociaciones defensivas entre unidades políticas separadas (por ejemplo, ligas de ciudades) pueden tener diversos problemas como la necesidad de concentrar físicamente los recursos militares y la forma de garantizar el cumplimiento de los compromisos de ayuda mutua. Los Estados normalmente son territorios conexos, compactos y delimitados por fronteras bien definidas donde se concentran armas y barreras defensivas (pueden tener colonias o emplazamientos alejados por su importancia comercial o estratégica); su unidad política garantiza la defensa común con un único ejército y mando, de modo que no hay problemas de incumplimiento de pactos porque no hay unidades autónomas que puedan incumplir pactos de ayuda mutua.

La seguridad es un término amplio que puede referirse a muchas cosas: ataques externos e internos, agresiones, robos, violaciones, accidentes, enfermedades, pobreza, desempleo, calidad de bienes y servicios (alimentos, agua). La ideología socialdemócrata ha ido extendiendo el Estado a todos los ámbitos con las excusas de la igualdad, la seguridad y la solidaridad, aun cuando existen alternativas libres, privadas y no estatales perfectamente funcionales. Sin embargo la esencia más fundamental del Estado es el problema de la seguridad humana ante ataques de otros humanos, especialmente si son grupos organizados: la guerra, el ataque y la defensa.

Es posible que muchos problemas de bienes públicos no existan, no sean graves o tengan solución privada. Pero resolver otros problemas de bienes públicos, a veces poco importantes o anecdóticos (como la provisión de fuegos artificiales en las fiestas populares), no garantiza que el problema de la defensa común sea poco importante o fácil de resolver.

El minarquismo también tiene muchos problemas, pero analizarlos y enfatizarlos no implica automáticamente que la respuesta acertada, por eliminación, sea el anarcocapitalismo. Depende de cuáles sean más graves y qué soluciones puedan encontrarse a los mismos. Y tal vez no exista una respuesta clara a cuál de los dos sistemas es mejor.


Vídeo con el debate entre Miguel A. Bastos y Juan Ramón Rallo: https://www.juandemariana.org/ijm-media/video/debate-miguel-bastos-y-jr-rallo-sobre-la-viabilidad-del-anarcocapitalismo

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26 Comentarios

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    El anarcocapitaslismo es
    El anarcocapitaslismo es cierto que parece que plantea más problemas de los que pretende resolver, que no son pocos. Pero en gran medida eso se debe al tipo de ideología «estatana» de la que está impregnada cada palabra que utilizamos.

    La denominación misma de este «movimiento» político y social parece haber sido elegida por sus enemigos. «Anarco» y «capitalismo» tienen mala prensa y unidos (como picado de carne caliente y lechuga fría en una hamburguesa) los efectos son devastadores para la imagen que se pretenda proyectar sobre todo en un medio mayoritariamente hostil.

    Agorismo, por ejemplo, sería una denominación que, aunque ya este ocupada por un movimiento con tendencias más radicales y problemáticas, funcionaría mucho mejor. Seguro que algún autor en el futuro encontrará una palabra con más gancho y menos lastre para arrancar. A los cristianos les fue mejor hace siglos llamándose de esa forma que nazarenos y no llegarían a nada si se denominaran «antiponciopilatistas»

    La defensa como último baluarte de la utilidad del Estado va a quedar muy dañada por el tipo de guerra en la que ya estamos inmersos. No se trata tanto de ataques indiscriminados a población civil sino del ambiente antisocial que se produce en muchos momentos de la vida donde se tiene que interactuar con «colectivos» que divergen completamente en aspiraciones y valores El Estado en estos casos muchas veces ni toma partido por lo que se ve como un agente externo al problema o a la tragedia.

    La agrupación de agentes sociales organizados en forma de Estado con su neutralidad políticamente correcta disolverá completamente los lazos emocionales que mantiene con buena parte de la población. La rapiña impositiva hará el resto. El valor estará en las instituciones que libremente elija cada uno para convivir, trabajar y defenderse.

    Pero lo peor es no poder explicar como se pasa de lo que hay a lo que tendrá que venir. Como explica el libertarismo científico (mal llamado anarcocapitalismo) su cálculo es totalmente imposible. Y lo imposible se interpreta popularmente como falto de estudio o solución. En todo caso una presentación muy poco amable con las emociones más profundas.

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    Si algo es bueno o inevitable
    Si algo es bueno o inevitable (el Estado o lo que sea) ¿por qué se debe imponer al beneficiario? Responda si puede el articulista a esta simple pregunta y déjese de rollos.

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    El anarcocapitalismo es la
    El anarcocapitalismo es la conclusión ideológica final a la que se llega con los fundamentos liberales deontológicos. No obstante esto no implica que haya que volverse un radical y que sea lo único que debe defenderse, pues la sociedad no está preparada. Lo ideal sería ir abriendo camino liberalizando el Estado y habituando a las personas a la libertad, progresando a través de un minarquismo hasta llegar al punto de que el Estado deje de ser necesario, si es que llegamos a ese punto.

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    Todo libertario desea una
    Todo libertario desea unas relaciones sociales-políticas no coactivas. La historia indica que el devenir evolutivo de las relaciones sociales-políticas ha sido, es y va ha seguir siendo predominantemente de tipo coactivo. Todo libertario con la fatal arrogancia de creerse capacitado para gestionar-organizar-planificar sistemas de hipercomplejidad, por muy injustos que le parezcan los actuales o por muy verdaderos, útiles y bondadosos que le parezcan sus planteamientos de solución, va a encontrarse con la imposibilidad del anarcocapitalismo y la incoherencia del minarquismo. Los libertarios tenemos excelentes herramientas para procurarnos felicidad en influir positivamente en nuestro entorno, ahora bien, en cuanto empezamos a jugar a ingenieros sociales somos tan ridículos que damos pena.

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      El anarcocapitalismo no es
      El anarcocapitalismo no es imposible y el minarquismo no es incoherente. Lo que no se puede pretender es una transición instantánea de la sociedad actual a una sin estado, se debe hacer progresivamente.

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      La introducción del artículo
      La introducción del artículo quita credibilidad al resto. Analicemos con lo hace JHS punto a punto y veremos que no hay una sola área de acción social en la que los individuos de común acuerdo y con posibilidad de salida del acuerdo no lo puedan hacer mejor que el estado.

    • Avatar

      La introducción del artículo
      La introducción del artículo quita credibilidad al resto. Analicemos con lo hace JHS punto a punto y veremos que no hay una sola área de acción social en la que los individuos de común acuerdo y con posibilidad de salida del acuerdo no lo puedan hacer mejor que el estado.

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    La introducción del artículo
    La introducción del artículo mejor se la hubiera ahorrado: mero menosprecio y descalificación hacia los defensores de una idea (o “un alto porcentaje”; para el caso, patatas), así como irrelevante testimonio de catarsis personal, que sólo deslucen la crítica de manera un tanto pueril. Después pretende rebatir presuntos argumentos típicos del anarcocapitalismo que constituyen anécdota y no categoría: que una buena idea se defienda más o menos torpemente, si fuera el caso, (o resulte impopular) no supone, hablando con propiedad, un problema de la idea sino tal vez de sus frustrados defensores (o de los necios que la rechazan).

    ¿Problemas del anarcocapitalismo? No está muy claro si lo impugna o cuestiona de plano o sólo pretende reprochar lo que entiende malas defensas concretas del mismo. Puede que ambas cosas, pero sería bastante frívolo que derivara lo primero de lo segundo. Puesto que el anarcocapitalismo es, y sólo es, la consecuencia lógica de condenar radicalmente todo tipo de ataque violento, idea clara y distinta, sólo podrá desacreditarlo quien desvele los insuperables problemas lógicos o prácticos de reprobar tajantemente cualquier clase de agresión o, dicho de otra manera, quien ilustre sobre la ética o inexcusable necesidad de iniciar algún tipo, por muy especial que sea, de violencia. Fin de la historia. Creo que una crítica que eluda tan básica cuestión no será refutar mucho o poco el anarcocapitalismo, sino más bien marear, confundir y manipular.

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      Berdonio : Leo tu comentario
      Berdonio : Leo tu comentario y veo tu honesta preocupación ante este artículo que parece del socialista catalán Garcia Dominguez en una de sus habituales columna en LD.
      Y creo , Capella comparte con Dominguez el frontal sarcasmo que ambos despliegan como hobby. Sin embargo sé, que ambos son conscientes de los problemas del estado, de sus regulaciones cada vez mas asfixiantes , y en resumen de los lesivo que es para nuestras libertades individuales que desde nuestras propias filas liberales, se intente confundir al lector con un término medio, que no es tal, sino una copia del fácil relato de un relativismo moral propio de la progresía socialdemócrata. Si bien es notorio que Ayn Rand denostó al propio Kant como artífice del nazismo, existe una sutil diferencia con los mencionados; si Kant de alguna manera propicio el totalitarismo germano fue debido a una interpretación prejuiciosa del genuino pensamiento del filósofo por la mente febril del Fuhrer. Aquí en cambio, estaríamos ante un intelectual que se divierte con sus propias acrobacias, on the edge, de nuestras creencias políticas y económicas.
      No contesto punto por punto las casi 99 % de imprecisiones (para decirlo políticamente correcto) del presente artículo porque no tengo espacio , tiempo ni interés de sembrar en el desierto. Pero se me obliga ante quienes aquí me conocen como Cesar, aclarar que:
      1) Un liberal radical como quien suscribe, cree que cada hombre es el absoluto dueño de su vida y puede disponer de ella como desee, extendiendo este respeto por cada otro hombre y niega radicalmente que un gobierno tenga otra función que la de proteger la seguridad de cada individuo si este no puede lograrla por si mismo.
      2) Un liberal radical concede a su prójimo el natural derecho de voluntariamente formar comunidades o gobiernos basados en la ética de la libertad. Esto claramente contradice al autor del presente de llamar anarquista a quien asi piensa.
      3) El anarco capitalismo no es otra cosa que el prístino capitalismo del Laissez Faire, donde un individuo puede intercambiar libremente bienes y servicios sin interferencias regulatorias de un gobierno de arrogantes.
      4) Un verdadero liberal rechaza los políticos porque tanto la derecha como la izquierda solo buscan controlar al individuo mediante el estado. Un político entonces jamás desmantelaría el estado por ser su indispensable instrumento de dominación y poder sobre los demás.
      Este comentario va dirigido a ti Berdonio y a quienes se gozan de la singularidad llamada honestidad intelectual.

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      Gracias, César. Podremos
      Gracias, César. Podremos equivocarnos, ser ingenuos e incluso obcecarnos, pero siempre adictos al juego limpio, jamás tramposos ni lábiles; eso sí está en nuestra mano.

      Creo que has dado en el clavo: un ancap asemeja una especie de integrista de la honestidad, dado que hay quien piensa que cabe la honestidad a medias. Como el niño de la fábula, vemos al rey en pelotas y lo espetamos con toda frescura e ingenuidad. Ahí les duele, porque ellos sencillamente no pueden permitírselo. Tienen miedo cerval a cuestionar lo más arraigado y parecer inmaduros o chalados, se agarran a un clavo ardiendo, a sarcasmos dialécticos como descubrir dogmatismo en el escepticismo al poder (áteme esa mosca por el rabo, como diría don Jaime)

      Estoy contigo. Un liberal radical no afecta magisterio alguno y poco debe revisar, pues sólo exhorta algo bien sencillo: respetar absolutamente, a toda costa, al pacífico. No rechaza el gobierno, sino el impuesto e indeseado. Ni mucho menos se opone a que los grupos y las empresas administren sus intereses comunes como les plazca ni considera el gobierno de la propiedad una prohibición ilegítima de la competencia (suponer lo contrario es puro desbarre si no insidia); no se pierde en discusiones baldías sobre la naturaleza del Estado, habida cuenta de su indiscutible carácter confiscador, opresivo y totalmente ilegítimo, sobre el cual es ridículo presumir anuencia individual alguna. Todo eso y demás, que tampoco merece la pena enrollarse demasiado, son zarandajas y bizantinismos que enfangan el fondo del asunto: la ilegitimidad de obligar al individuo a aceptar lo más maravilloso del mundo o la mínima molestia salvadora si no lo desea. De eso va el anarcocapitalismo y no de las pamemas que le convienen al señor Capella para despacharse a gusto dando la impresión de que patentiza supuestas debilidades.

      Saludos.

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      Berdonio . Que original
      Berdonio . Que original expresión: «un ancap es un integrista de la honestidad» . Tienes razón porque la política es hoy reaccionaria . Tanto la derecha como la izquierda solo buscan mantener el status quo hobbesiano . Solo revisan los métodos para adquirir mas poder político. Los movimientos radicales y revolucionarios no solo buscan «revisar» sino revocar la política misma. Revocación (inconformismo pacifico activo) que causó el hito memorable de la revolución del te en la América de los colonos ingleses. Por eso el status de izquierda y de derecha, sin distinción, nos odian y temen. Somos la piedra en el zapato de los intelectuales que parasitan las servidumbres voluntarias de La Boetie.
      Hoy la izquierda predica el individualismo, la defensa de minorías … y practica el colectivismo. La derecha predica el capitalismo, pero practica el mas abyecto proteccionismo (fíjate en el republicano Trump) . ¿Quiénes en esta nebulosa situación pueden seriamente criticar de ingenuos o utópicos a quienes abogamos activamente por la libertad y el capitalismo del laissez faire? ¿No seremos de los pocos visionarios iniciados que predicen que el Brexit solo ha marcado una futura tendencia? ¿Anti político? Sí pero real-
      Saludos amigo Berdonio.

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    Y yo el mas fanático e
    Y yo el mas fanático e ingenuo de todos sigo insistiendo “medios erróneos para conseguir los fines que perseguimos”, “Libertad para equivocarnos”, “Grandeza para desear lo que nos convence”, “Serenidad para comprender que somos poco inteligentes, no como otros”. Agradecer a la naturaleza que nos haya incluido entre ese famoso 6 porciento de libertarios que no libertinos. Pero sobre todo admiración por los que han defendido y defienden las ideas que consideran las mejores hasta hoy. Menosprecio a los que atacan la paja en el anarcocapitalismo y no la viga en los estatismos, socialismos, paternalismos, intelectualismos, teóricismos, profesorismos, buscadores de una verdad absoluta imposible, defensores de flecos de grandes teorías, principiantes en la aniquilación de personas que han dedicado su vida a enseñar anarcocapitalismo no solo a los que no saben sino a todos aquellos que se creen saber más que nadie. Etc…… perdón por mi incultura, mi mala escritura pero para mí no ha sido esto el fin de mi vida……

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    la viabilidad esta en
    la viabilidad esta en ciudades estado: en cambio el liberalismo siempre será una tibia socialdemocracia con todos sus exitos y corrupciones

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    Hola Paco. Un tema que creo
    Hola Paco. Un tema que creo que teneis flojo es la cuestion puramente politica. Por ejemplo, que es mejor, el presidencialismo o el parlamentarismo? El sistema de representacion proporcional o el uninominal? En este ultimo caso, distritos grandes o pequeños? Que es el poder? Es conveniente que este separado? Como forma de estado, monarquia o republica? Como regimen de poder, democracia, oligarquia, dictadura…?

    Cualquer debate de este tipo esta viciado sin un analisis de estas cuestiones, pues como tu bien sabras (aunque no asi Huerta, Bastos e incluso Rallo), la politica es una ciencia mas fundamental que la economia. La conferencia de Rallo «Democracia y liberalismo», plagada de errores, es un buen ejemplo de cuanto he dicho.

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    Parece mentira tanto sobre el
    Parece mentira tanto sobre el anarcocapitalismo y ni mu sobre el sistema monetario. Primer paso hacia una sociedad «libre» sería el intercambio de bienes y servicios, inversión y ahorro, con dinero REAL y no la monetización de deuda emitida por bancos centrales privados. Para poder llegar tan lejos habría que tomar un primer paso y de ese paso ni se habla. Recomiendo dos fuentes sobre este primer paso hacia la libertad.
    http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/sociopol_globalbanking309.htm
    https://www.youtube.com/watch?v=Y-9Bb9SgvYw
    Un cordial saludo,
    Greg Grisham

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    no es lo importante que
    no es lo importante que enarbolemos una bandera como la del anarcocapitalismo. Es un principio de accion reaccion donde contrapesamos en el extremo de manera genuina y voluntaria. Sin vergüenza y con coraje. Mostrando desde una posicion cinica y cómoda las falacias donde se han instalado, los socialismos encubiertos como democracias (demofalacias) democristianos como el PP y socialdemocratas como el PSOE, que llevan mas de tres decadas pudriendolo todo..para que ahora surja un monstruo que estaba agazapado, el ranciocomunismo (en sociedad y apadrinando al islam ademas…)

    no es cuestion de filosofia o politica. Es cuestion de lograr algo practico empezando por limpiarle los ojos a la gente y mostrarle la mentira impuesta que es todo.

    Porque esta anarquia de la que hablamos ha de ir emparejada con un capitalismo utopico tambien. Y de eso poco hablais los liberales templados. Que ese capitalismo no existe desde hace tiempo. El tiempo que hace que se pervirtio hacia el mercantilismo y posteriormente la degeneracion aberrante hacia las finanzas o el monetarismo.
    la produccion ya no es lo importante, son las finanzas con dinero virtual, y a estas alturas ficticio porque ya no existe. No hay patrones tangibles q lo respalden y todo esta fiado a dinero ficticio de pasado mañana… y todo esta ahí como la espada de damocles….
    Pues nosotros estamos aqui para luchar y señalar al comunismo, al socialismo, a los mal llamados neoliberalistas, a los monetaristas y mercantilistas falsocapitalistas…. a todos menos al anarquismo utopico de izquierda que esta en otro mundo…

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    …quien esté dispuesto a
    …quien esté dispuesto a ceder un poco de libertad por unas migajas de seguridad, no merece ni una y probablemente pierda ambas…

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    Inaceptables
    Inaceptables descalificaciones: «radicales», «fanáticos», «ingenuos», «fundamentalistas», «integristas», y «adolescentes inmaduros». Craso error es confundir «integridad» intelectual con «integrismo».
    He mandado al IJM una réplica a Capella titulada: en defensa del anarcocapitalismo.

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    Veo al autor y a los
    Veo al autor y a los comentaristas bastante perdidos: El minarquismo siempre fue una broma, un cachondeo. El inventor de la palabra es un peligroso anarquista llamado Samuel Edward Konkin III, SEKIII para los amigos, quien además de ser un fanático impresentable era un cachondo mental y le gustaba hacer juegos de palabras. Así, minarquismo viene de minarquía, palabra tremendamente parecida a «menarquia», usada en la ciencia de Hipócrates para designar al primer sangrado de las mujeres. Es decir, los minarquistas son como una chica de doce años que ha pasado de niña a mujer.

    Entre los múltiples defectos de SEKIII está el de inventar la palabra «Kochtopus», que compara a los entrañables hermanos Koch con un pulpo (octopus). (Nota bene: Koch se pronuncia Kouk, y rima con yolk, folk, oak, joke, choke y smoke). Rothbard, el Moisés del anarquismo, y el Kochtopus tuvieron una buena refriega. En el mundillo libertario existen cosas como la revista reason, libertarianism.org, la excelente biblioteca Liberty fund, econlib, el instituto Cato y muchos más sitios que están financiados o controlados por el Kochtopus. En estos sitios, Rothbard y los rothbardianos (en especial los rothbardianos de la secta de Lew Rockwell) son vistos como una gran desgracia, un grupo de locos y malvados histriónicos que no tienen (ni tendrán) ninguna credibilidad. El problema es que hay rothbardianos tolerados o asimilados por el Kohctopus: Roderick Long, Sheldon Richman, Bob Higgs y algunos otros. Pero no se tolera a nadie que venga del Instituto Mises, ni a nadie que haya abandonado el Instituto Mises, como Stephan Kinsella o el genial Jeffrey Tucker. El segundo está en proceso de conversión a la verdadera fe libertaria, pero es contumaz en su herejía rothbardiana. El primero es más fanático de la racionalidad por sus estudios de ingeniería y ya ha superado la fase de la rothbarditis.

    Si Capella (que significa cabrito en latín, es decir, una cabra (macho o hembra) jovencita) cree que puede disimular la locura que supone ser liberal aliándose a las posturas de Matt Zwolinsky o Jason Brennan, lo lleva crudo. Todos los liberales estamos locos, incluido Capella. Pero unos no tenemos vergüenza alguna y no perdemos el tiempo en esconder la pluma. También están muy locos, maravillosamente locos, Bryan Caplan y Michael Huemer, y no son austriacos ni minarquistas, sino anarquistas, neoclásicos, pacifistas (pacifistas en sus términos, no en los de Bob Murphy, quien también es un loco liberal) y friedmanitas (davidfriedmanitas en particular).

    Si Capella o cualquier otro miembro o simpatizante de este genial Instituto Juan de Mariana, al que todos deberíamos aportar más dinero, quiere ir por la línea del minarquismo serio, no por el sectarismo del ARI (Ayn Rand Institute), les recomiendo encarecidamente que sigan la línea marcada por el maestro del minarquismo, Jacob Hornberger, también un genial loco liberal, a quien le gusta disimular que en el fondo es más ancap que nadie. Menudo repaso le dio al rothbardiano y lewrockwelliano Jonathan Goodwin, a.k.a. bionicmosquito. http://fff.org/2016/06/03/open-borders-moral-practical-solution/

    Repito: estamos todos locos. Pero dejemos de estar locos un rato y seamos prácticos: abjuremos de cualquier principio ético o moral. Tapémonos los ojos ante las consecuencias de los actos de los políticos. Abracemos la socialdemocracia y el estado de bienestar cuanto antes. Unámonos al PP o al PSOE y pidamos un carguito a cambio de sumisión eterna, o, mejor aún, una subvención. Seamos fanboys como Maruenda y como Eduardo Inda, o como Nacho Escolar y como Ana Pastor. Los que tengan el defecto de creer en fantasmas que se vayan a religionenlibertad.com, al diario Ya y al partido Vox. O mejor aún, imitemos a FJL en su defensa del intervencionismo militar global. Pero todos tenemos que abandonar la locura del liberalismo cuanto antes, para que podamos ser aceptables ante los ojos de la Sociedad.

    Fuera de bromas. El liberalismo, o libertarismo, o libertarianismo, o anarcocapitalismo, o minarquismo, o como sea que llamemos a esta locura en el futuro, debe ser anti-guerra. No necesariamente pacifista, pero sí antiguerra. Dejemos de lado disputas económicas, filosóficas, estéticas o personales. Para los liberales es necesario estar en contra de la guerra, tanto como concepto como para cada caso concreto. El problema de la defensa no es el mismo problema de estar a favor o en contra de la guerra. Y tampoco es un problema de modo de gobierno, o de ausencia de gobierno. El problema de la defensa es de orden ético-económico, no de orden político. Pero hablo así porque para mí la política, la economía y la ética son cosas distintas, aunque sé bien que la mayoría de los expertos salidos de las incomparables universidades españoles saben científicamente que la economía y la ética son inferiores a la política.

    Ya no hay locos, ya no hay locos. En España, ya no hay locos.

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      Locos pero no tontos. No es
      Locos pero no tontos. No es un problema de estar a favor o en contra de la guerra, sino del ataque. Si estás en contra de la guerra, sí tienes un clarísimo problema de defensa, pues te declaras víctima fácil. Y en la confusión aparece el minarquista acomplejado: ¡Houston, Houston, tenemos un problema de defensa! En cambio, si renuncias al ataque (no a la guerra) no tendrás ningún problema de defensa, todo lo contrario, serás el bueno de la película con plena legitimidad y simpatía para cargarte a los malos.

      ¿Por qué te muestras tan superficial e irresponsable hablando de “guerra” cuando claramente deberías ceñirte a “ataque”? Precisamente el minarquismo apela a un espurio “problema de seguridad” que convierte por error, como bien reconoces, en causa política. ¿Por qué alimentas esa confusión con tu ambigüedad?

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    Francisco, si has visto la
    Francisco, si has visto la entrevista en «bailando con lobos podcast» de Juan Ramón Rallo, creo que expresa la esencia del asunto bastante bien. El se denomina anarquista filosófico, pues desearía que se pudiera llegar al anarcoliberalismo, pero no se considera anarquista político, pues no cree ni posible ni deseable en las circunstancias actuales llegar a ello. Al final lo relevante es que todo liberal que se precie, debe buscar la forma de minimizar la coacción en la sociedad; y aunque en la actualidad el mínimo de coacción se encuentra probablemente con un estado reducido. En el futuro podemos terminar resolviendo las fallas del anarcoliberalismo y hacerlo viable. Pero para conseguirlo hay que desearlo. Hay que ver al estado como un mal menor (ante el caos), y pensar en soluciones que hagan posible prescindir de ese mal.
    En cuanto al tema de la defensa, estoy completamente de acuerdo contigo. Pero por un lado la existencia de un ejército profesional permanente y centralizado, no hace necesario que sea un monopolio, puede coexistir con milicias provinciales y con multitud de empresas de seguridad que ofrezcan protección en zonas concretas. Y por otro lado, la existencia de un ejército permanente, no hace indispensable que se financie con impuestos. Puede hacerlo a través de los dividendos de un fondo soberano de inversión.
    Un saludo.

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      Javiac, me gustaría añadir
      Javiac, me gustaría añadir algo a la buena respuesta de Zayas

      Esa discriminación entre anarquismo filosófico y político parece un mero subterfugio diplomático. Se comprende que Rallo es una personalidad de cierta proyección pública que debe salvaguardar su respetabilidad e imagen de prejuicios y clichés peyorativos, y en ese contexto pienso que deben interpretarse sus declaraciones.

      Si por anarquista político entendemos persona de acción que se haya propuesto implementar ideas anarquistas de mercado materializando objetivos fácticos concretos, dudo que exista alguna en el mundo y sería trivial desmentir tal condición. Ahora bien, una filosofía política puramente especulativa que no aspire por principio a cambiar nada no tiene sentido. No hace falta que Rallo jure que no conspira para dar un golpe de Estado, es de creer, y en realidad tampoco matiza en nada lo sustantivo: un asumido anarquismo de mercado que no es preciso etiquetar salvo para no asustar a la mojigatería.

      Creo que todos los ancaps compartimos que no posible ni deseable en las circunstancias actuales (sin un sustrato suficiente o masa crítica de apoyo y concienciación) constituir una anarquía de mercado. Eso es una perogrullada. Lo estúpido sería inferir que ello refuta en algo el anarcocapitalismo o que delata alguna falla interna. A ver, que sea bastante difícil enseñar a un gorila a resolver ecuaciones diferenciales no es un defecto de las matemáticas.

      Pero para conseguirlo hay que desearlo, razón tienes. Y no es buen camino establecer de antemano límites infranqueables. No es correcto asegurar arbitrariamente que existe un mal mínimo insuperable, aunque tal sea la opinión generalizada.

      En cuanto al tema de la defensa, que necesitemos de un ejército profesional, permanente y centralizado no implica que deba financiarse mediante algún tipo de saqueo o privilegio monopólista. La solución de mercado incluye la estatal voluntariamente asumida; si el actual modelo estatal de defensa es el mejor, no puede caber duda de que se impondría en un mercado de libre competencia como un monopolio natural.

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    El anarcocapitalismo es un
    El anarcocapitalismo es un teoría social basada en la no-coacción. Una enunciación simple es la ausencia de coacción y el orden espontáneo (o La libertad) aumenta la eficacia, la prosperidad y el conocimiento, de manera proporcional. Tiene su vertiente económica basada en la Escuela Austriaca sobre la evolución del capitalismo y su vertiente política, muy fundada en pensadores anarquista sobre qué es, el origen y la finalidad de Estado. Por estar muy alejada de la opinión publica es radical. Como es radical la física quántica, o la teoría de cuerdas o lo fue la teoría de la Evolución. Con la opinión común ni se hace ni se juzga la Ciencia. Esta para ser debatida en foros académicos o intelectuales, no el platos de televisión. Es ingenuo pensar que veamos el final de los gobiernos en el mundo. Es ingenuo imaginar cuanto tiempo necesita la Humanidad para que llega tal momento. Si cien , mil o diez mil años. Nadie puede saber si ocurrirá o no. Es ingenuo pensar el futuro. Pero podemos estar seguro que será muy distintos al de hoy. La Historia lo único que nos demuestra es que todo el mundo se equivoco en sus predicciones. No es nuestra imaginación de cómo será el futuro lo que conforma o descarta la hipótesis de anarcocapitalismo ni la minarquista. Pero la teoría anarcocapitalista es mejor teoría: no admite excepciones ni tiene que justificarlas.Tiene mayor coherencia interna: no es bueno ni matar ni robar.

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    Respecto a la guerra, es
    Respecto a la guerra, es cierto que es el origen y la mayor justificación del Estado. Nos hace falta un Estado para defendernos de otro Estado. Pero estamos viendo que ese miedo cada vez es menor. Pues el riesgo real de guerra cada vez es menor. La razones son múltiples. La más importante: el aumento de la prosperidad. Pero no es por tener un ejercito muy poderoso lo que te evita la confrontación. Un ejercito medio seria barrido en una guerra relámpago con otro de mayor superioridad técnica y en tal caso a los gobiernos de mayores ejércitos les sería fácil invadir a los de menor capacidad armamentística. Francia a España, EEUU a Francia. Tendríamos unas escasas grandes superpotencias orwellianas gobernando el mundo. Los Gobiernos, que son anarquistas entre ellos, han aprendido y buscan las ventajas y la prosperidad del Mercado y no los riesgos y costes de la agresión y conquista, curiosamente en aquello en lo que sustentan su origen.
    Ahora intentan hacernos creer lo necesario que son para la “guerra contra el terrorismo”. Que cada uno valore su eficacia en este terreno.
    Y finalmente una consideración que hay que tener siempre presente. En caso de ser atacados e invadidos, no seria el Estado quien nos defienda. Seriamos usted y yo y nuestros hijos los que cargaríamos con el peligro y la responsabilidad de la defensa. El ejercito profesional únicamente esta cuando hay paz, y para controlar y reclutar a la población general en caso de guerra. O perpetrar “guerras sucias” en el exterior.
    En un mundo futuro de gran prosperidad global quizás no haya guerras. Habrá asesinos, habrá ladrones, habrá bandas criminales organizadas, pero tal vez no haya Estado.


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