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Mercado y Humanidades Clásicas

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En una de las páginas web que suelo visitar, encontré una noticia sobre una carta enviada por el decano de la Facultad de Letras de la Universidad de Lérida al Consejero de Salud de la Generalidad de Cataluña, el Sr. Boi Ruiz. Éste, en un arrebato (poco usual en los políticos) de sinceridad exigía más enfermeros que licenciados en Filología Clásica, porque aquéllos vienen exigidos por el mercado y éstos, sin embargo, no podrán ser absorbidos por ese mismo mercado. La carta del Sr. Joan Busqueta, decano de la mencionada Facultad, mostró su indignación. El decano alegaba que el estudio tradicional del Griego y el Latín aporta unos valores que están en el fundamento de nuestra cultura (no sé si especificará "Occidental") y nuestro país (no creo que se refiera a España, sino a Cataluña, obviamente). En suma, quien se acerque a las Humanidades Clásicas (HHCC) "adquirirá la capacidad de romper con la tiranía del mercado y mejorar las condiciones sociales de nuestra existencia personal y colectiva". De nuevo, la tradicional cantinela que opone la mejora de las condiciones sociales de nuestra existencia personal y colectiva al mercado. Bicho tiránico, claro está.

Esta es la anécdota. Pero es una de las muchas que podría exponer. El hecho es que entre los profesionales de las HHCC el desprecio al mercado es un tinte de honor. O un tópico. En mi experiencia profesional, no recuerdo haber encontrado a ningún colega que mencione la palabra "mercado" como un factor que debe ser considerado esencial en el futuro de su profesión. El mercado es símbolo de la decadencia que nos rodea, de la pérdida de valores, del desprecio por la cultura y demás estigmas que cualquiera pueda imaginar.

Y así nos va. Aulas vacías y consideración social de ser una especie de antiguallas andantes.

La cuestión es otra, a mi parecer. Hay que buscar en el mercado lo que las viejas vías de presencia de las HHCC ya no permiten porque su tiempo ha pasado. Esas viejas vías eran exclusivamente el mundo de la docencia, fuera en el Bachillerato o en la Universidad.

A mi juicio, del mismo modo que se habla de disciplinas "aplicadas", se podría hablar de HHCC aplicadas. Hay algunos sectores en los que la presencia de los especialistas en HHCC se ha hecho un hueco diferente al tradicional y cuya presencia resulta valorada y rentable. Se trata de profesionales de la cultura. Hay clasicistas que trabajan en editoriales y fundaciones. Aunque en este aspecto, se debe constatar que el mundo de la gestión cultural en España es casi un monopolio estatal y su relevancia desde el punto de vista del mercado es escasa. En su inmensa mayoría, esas instituciones no son más que una muestra de competencia desleal. Si algún día la cultura en España fuera un asunto de la sociedad, no del estado, podríamos hablar del valor que los especialistas en HHCC poseen para rentabilizar la actividad cultural.

Lo más apasionante en esta materia surge cuando dirigimos la mirada, como siempre en nuestra época, a la luz que viene del otro lado del Atlántico. En los EEUU, hace tiempo que han sabido sacarle a las HHCC partido para el mercado. Los especialistas (majors) en HHCC tienen un campo de trabajo nuevo en ese ámbito. Y es el más prometedor. Hay libros, estudios, personas dedicadas a sacar partido de las enseñanzas eternas de los antiguos para aplicarlas a la empresa y a los negocios. Y lejos de ser un baldón para un clasicista, es una vía nueva que abre perspectivas amplias, sugerentes y esperanzadoras. En los EEUU contar con un major en HHCC es un tinte de prestigio para muchas empresas. Por supuesto, para que este contexto se dé hace falta que tanto el ejecutivo como el especialista en clásicas estén abiertos a nuevas perspectivas. Algo que en España es complicado, por hablar de algún modo.

Estas nuevas vías no anulan la antigua. Para que haya buenos aplicadores al mundo moderno del legado clásico, tiene que haber quienes los preparen. Ésta es la labor imprescindible de los Institutos y de la Universidad. Pero el número y presencia de sus profesionales debe ser acorde con las exigencias modernas. Luego, debe haber quienes estudien y sepan ofrecer a la sociedad aquellos aspectos útiles presentes en el legado clásico. Y qué mayor utilidad en la sociedad moderna que el mercado.

Lo peor es que me temo que si alguno de mis colegas lee estas líneas, pase un servidor a formar parte del clan de los apóstatas.

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