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Metáforas

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Si cruzamos el resentimiento intercultural que aflora en una sociedad "mestiza" con el clásico resentimiento que vertebra la visión marxista de la pirámide social, la doctrina del polilogismo que diría Mises, obtenemos una matriz de agravios que hace las delicias del moralista posmoderno. Una sociedad así necesita enmendarse y para ello nada mejor que un gobierno que sepa educar, un gobierno progresista que sea capaz de darle una moral construida sobre la empatía y la responsabilidad social.

El lingüista cognitivo George Lakoff sostiene que, dado que los seres humanos asimilamos las ideas complejas mediante metáforas que las acercan o descomponen en ideas más cercanas y sencillas, entendemos, siquiera inconscientemente, un orden complejo, como es una nación, en términos muy cercanos, familiares. Así, sostiene que los modelos de una estructura familiar idealizada fundamentan, metafóricamente, las concepciones políticas básicas más comunes: progresismo y conservadurismo.

Hasta aquí se parece bastante a la teoría de las visiones, utópica y trágica, de Thomas Sowell. Para Lakoff la visión progresista se representa, metafóricamente, con el modelo familiar del Padre "Educador" (nurturant parent family), mientras que la cosmovisión conservadora es representada por el modelo del Padre "Estricto" (strict parent family). Sendos modelos tienen diferentes prioridades morales lo que se traduce a efectos políticos en el papel que cada una reserva al Estado. Papá Estado o, mejor aún, Mamá Estado, puesto que Lakoff interpreta el mundo en clave femenina (nurturant) desde esa atalaya utópico-educadora. En su ensoñación progresista la economía debe servir a los fines morales promovidos por el gobierno y por lo tanto estar intervenida hasta el tuétano. En descarnado contraste, la visión estricta es desechada por ser culpable de todos los males derivados de su incondicional defensa del libre mercado y de la meritocracia.

Un cuento más de buenos y malos del que Steven Pinker da buena cuenta en las páginas de The New Republic. En definitiva, lo que persigue Lakoff es dar a los progres americanos un nuevo "marco conceptual" con el que puedan construir un mensaje radicalmente distinto al de los conservadores (y aquí incluye a los anarcocapitalistas), hasta el punto, nos dice Pinker, de que puede resultar ininteligible para sus potenciales votantes.

Si me he acordado de Lakoff en estas fechas prenavideñas es porque pensaba que precisamente los progres están convertido la Navidad en una metáfora en la que podemos reconocernos una buena parte de los liberal-conservadores que venimos "eclosionando" en España. Y es que volviendo al resentimiento que señalaba al comienzo del artículo, los progres a lo Lakoff están empecinados en solucionar problemas que sólo existe en sus agendas y aprovechan cualquier resquicio que les da la actualidad para atacar al mercado y a la libertad. Terrorismo islamista y multiculturalismo son hoy día relatos permanentes, palancas con las que bolcheviques resentidos, en expresión de Horacio Vázquez Rial, todavía tratan de cambiar el mundo o por lo menos hacerlo tambalear.

Y en esto llega la Navidad, ofendiendo a propios y extraños. Hay que vengarse. Deberían comenzar buscando algún nombre, algún ingenioso y grosero neologismo, cuanto más vejatorio mejor, con el que señalar la grave coincidencia que traen estas fechas: júbilo cristiano y alegría consumista. Cierto que el júbilo no es exclusivo de los cristianos, al menos no en Occidente. En Inglaterra los católicos, los musulmanes e incluso la propia iglesia anglicana, sin reparar en la alegría que su modesta alianza llevará a la Moncloa, están de acuerdo en que no hay nada ofensivo en la vindicación navideña. Oiga, y protestan en pandilla. Y no sólo ellos. Y es que escuchando a iluminados de variado pelaje y ocupación uno puede llegar al convencimiento de que la Navidad debería pasar a la clandestinidad; no sólo debería perder el favor del Estado, sino ser efectivamente perseguida con leyes, mientras los intelectuales subvencionados redescubren la estolidez de Oscar Wilde y nos ilustran a todos con nuevos remakes de "El alma del hombre bajo el socialismo".

Como Capella ya ha dejado claro que en el Instituto Juan de Mariana hay fenotipos diversos de un meme común que se define por su defensa "del derecho de propiedad, la no agresión y el cumplimiento de los contratos" entiendo que no todos los liberales compartan ni mi agnosticismo escéptico ni mi renovada ilusión por la celebración navideña. En lo que sí estaremos de acuerdo, espero, es en desear que por una vez nos toque mañana la lotería. Aunque sea monopolio del estado.

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