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Nuevos partidos, viejas recetas

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Las crisis no son por sí mismas malas. Tanto desde el punto de vista social como personal, deberían servir para deshacernos de todo aquello que se ha mostrado inútil, ineficiente o dañino. Deberían dar paso a una explosión de creatividad, de ideas y empresas que las pusieran en marcha y que mejoraran nuestra vida. Es cierto que en ese proceso se pueden producir situaciones aparentemente negativas, como el cierre de empresas y la pérdida de empleos, pero también es cierto que se producen otras positivas, como la liberación de capital y recursos que favorecerían la recuperación. Sin embargo, las crisis suelen provocar el miedo al cambio, el temor a la pérdida del estatus, potenciando los prejuicios y, en muchos, sacando nuestra personalidad más conservadora.

Las crisis políticas en democracia suelen suponer un menoscabo de los partidos tradicionales, en especial los que están en el poder que pierden la confianza de los votantes, y el nacimiento de nuevas alternativas. La crisis política y financiera en España está suponiendo para la izquierda un punto de inflexión. A la debacle que, según las encuestas, parece que va a experimentar el PSOE hay que unir la recuperación de IU y la ratificación de UPyD como alternativa de una izquierda más moderada y "nacional". En España nunca ha cuajado un partido de izquierdas ligado al movimiento ecologista, aunque sí sus ideas. Con el nacimiento de Equo, Juan López de Uralde, ex director de Greenpeace España, e Inés Sabanés, ex de IU, pretenden hacerse un hueco en esta atomizada izquierda.

Pero ¿qué novedades supone la llegada de Equo a la política? ¿Realmente incluyen alguna primicia que las distinga de otras opciones de la izquierda política aunque no tengan la marca del ecologismo fetén? Pues básicamente, no.

Equo es un partido ecologista con una fuerte tendencia neo maltusiana, muy relacionada con la idea de los ecosistemas en equilibrio, de recursos finitos, el reparto de los mismos y una planificación central que corrija los excesos y establezca los comportamientos correctos. El manifiesto fundador de la organización es muy claro en sus primeros párrafos. El desarrollo económico:

Se ha realizado a costa de deteriorar el aire, el suelo, el agua y la diversidad biológica. Este deterioro está provocando la acentuación de la pobreza para millones de personas y miles de comunidades humanas, la extinción de numerosas formas de vida y la pérdida irreversible de los beneficios y servicios proporcionados por los ecosistemas destruidos, haciendo disminuir considerablemente las posibilidades de desarrollo de las generaciones presentes y futuras.

Desde luego, sus ideas no son muy diferente de las dichas hace ya unas décadas por el Club de Roma. La introducción de las consecuencias del cambio climático (desde luego de origen antropogénico), del futuro incierto (como si algún futuro no lo fuera) o de las consecuencias catastróficas de nuestros acciones excesivas no hacen sino llamar a la emotividad del votante, que posiblemente se vea ahora envuelto en una escenario difícil y busque explicaciones a su situación.

Además, como según Equo las políticas públicas nacionales e internacionales no han tenido ningún éxito en cambiar esta tendencia destructiva, la organización apuesta por la ingeniería social:

"La crisis no es tan sólo financiera, se trata de algo mucho más profundo: es la crisis de un modelo productivo y de consumo claramente insostenible, que debe cambiar". Y es que "si todos los habitantes del planeta consumieran lo mismo que los de los países desarrollados, se necesitarían tres planetas y sólo tenemos uno".

Aunque su evaluación y análisis tuvieran algo de cierto, son las soluciones que plantea las que recuerdan las viejas fórmulas de la izquierda: una intensa regulación de la economía, en especial de sectores como el energético y el financiero; un incremento de la fiscalidad (Tasa Tobin, desaparición de paraísos fiscales, persecución del fraude que está ligado a conductas antisociales); recaudación orientada a las políticas medioambientales; el cumplimiento de los protocolos internacionales firmados para luchar contra el cambio climático; reducción de la dependencia de los hidrocarburos y elevación del uso de energías alternativas; persecución de la corrupción política que Equo liga a la burbuja del ladrillo; recuperación de los "derechos sociales y laborales" perdidos e incremento de las políticas sociales; potenciación del comercio justo, el consumo responsable y los empleos verdes y erradicación de actividades socialmente perjudiciales.

Equo no ofrece nada nuevo, nada que no haya hecho o propuesto la izquierda española o internacional durante estos últimos años. De hecho, no propone nada diferente de lo que nos ha conducido a la situación que actualmente padecemos. Critica la burbuja del ladrillo, pero se niega a ver la que se ha creado en torno a las energías alternativas. Liga la corrupción a ciertas actividades político-financieras, pero no a la propia naturaleza del sistema que pretende no sólo recuperar, sino potenciar. A Equo le faltan las ideas y cuando un partido nace en un entorno oportunista, echa mano de la retórica, del populismo y de propuestas-espectáculo que pretenden arañar el voto de los ciudadanos que aún lo venden al partido que más les ofrece.

Un ejemplo de esta perjudicial tendencia sería la proposición que hizo Juan López de Uralde sobre incrementar progresivamente la protección para quienes no tienen ningún tipo de ingresos hasta llegar a 500 euros mensuales, unos 20.000 millones anuales. Esta cifra, en el país de los cinco millones de parados, se me antoja escasa ya que el presupuesto anual por millón de personas en estas circunstancias sería de 6.000 millones sólo por la prestación en sí, sin los gastos ligados a la propia administración. Uralde desde luego ignora los fraudes parecidos en este tipo de ayudas como el PER andaluz ni su nefasta influencia en la creación de empleo. Incluso de sus deseados empleos verdes.

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