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Obama en La Habana

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"Al presidente Obama seguramente le gustaría pasar a la Historia como el político que derribó una de las más largas y penosas dictaduras de nuestro tiempo… Pero: ¿será capaz de hacerlo?".

Estos días se habla y se leen todo tipo de comentarios en torno a las declaraciones de Obama y Raúl Castro sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre sus respectivos países. Para algunos, es ya casi un hecho que se van a abrir las embajadas en La Habana y Washington; otros piensan que todo es una trampa más de la dictadura cubana, que ha engañado incluso al Papa Francisco; los más se alegran de que se abran procesos de diálogo, aunque lo miran con cautela… Yo me incluiría en este último grupo, reconociendo que apenas tengo otra información que la de la prensa y la radio (habría que bucear por todo ese fascinante mundo de la resistencia cubana en la Red, para escribir con verdadero conocimiento de causa). Así que reconozco acogerme a ese aforismo de que, en realidad, creemos que va a pasar lo que nos gustaría que ocurriese… pero nada más. Bueno: el tiempo dirá quién estuvo más acertado en sus análisis y predicciones.

Con todo, hay una cosa que me gustaría compartir con Uds. en torno a esta noticia: lo de un posible viaje de Barack Obama a la isla caribeña. No soy capaz de imaginarme al Presidente de los EEUU con una guayabera y dándoles un abrazo a los Castro… Pero sí pensaba que al señor Obama le gustaría pasar a la Historia como el político que derribó una de las más largas y penosas dictaduras marxistas. Escribía hace poco sobre el Muro de Berlín y los protagonistas de su caída: Kennedy ("Ich bin ein Berliner") y Reagan ("Tear down this Wall")… ¿oiremos una frase parecida sobre Cuba? De momento, me temo que no; aunque también es cierto que estos días le hemos escuchado al Presidente alguna respuesta más valerosa de lo normal a los desaires de esa otra insoportable dictadura de Corea del Norte.

¿Qué puedo escribir del embargo y su levantamiento? Desde luego, que es un asunto complicado que divide a los propios norteamericanos y a los cubanos en el Exilio. Se habla de esas dos generaciones (¡medio siglo de comunismo!) que ven las cosas de forma diferente. Además, detrás de esta decisión se esconden otras intenciones ocultas de tipo electoral: seguro que Obama no ha dejado de pensar en la forma de recoger votos para su partido. También se ha generado ese mismo debate en Europa: ahora discutimos sobre la "posición común" que logró imponer Aznar en Bruselas; ¿sigue vigente? En el propio Partido Popular español no tengo claro que tampoco haya unanimidades… (luego escribo algo sobre Rajoy).

Los partidarios de levantar el embargo sostienen que los mayores perjudicados son la gran mayoría del pueblo que malvive en Cuba. Aquí tienen razón: podemos estar seguros de que no afectaba a toda esa nomenklatura de gerifaltes y delatores al estilo soviético (y chino) que viven a lo grande en un hipócrita paraíso del proletariado… Ni parece que tampoco a los empresarios extranjeros, que hacen su agosto a costa de un turismo barato de sol y playa (a veces, también de sexo, algo de lo que por cierto se habla muy poco).

Por otra parte, copio lo que les escribía en esta web hace pocos días mi compañero de columna Pablo Martínez Bernal:

"Tras 54 años de embargo, era hora de probar algo distinto. Comentaba el director del Instituto, Juan Ramón Rallo, que "la libertad de movimientos de personas, mercancías y capitales enriquece a los pueblos. Por eso el embargo sobre Cuba es un error". Lo que está potencialmente encima de la mesa es poner fin al embargo, que no bloqueo, de Estados Unidos contra Cuba. Eso son muy buenas noticias para los cubanos".

Efectivamente, sabemos que la libertad de comercio suele ayudar a mejorar la situación de los derechos humanos y a que los pueblos progresen económicamente. Nada hay peor que un país opaco (para los de dentro, y para los de fuera). Sin embargo, a veces nos dejamos llevar por ese buenismo de lo que nos gustaría que pasara… Y olvidamos que hay gobiernos autoritarios y gobernantes corruptos, frente a los que solo cabe una respuesta enérgica y unánime. Sobre este punto sí tengo una opinión formada de algunas sugerencias: establecer un riguroso embargo sobre las cuentas bancarias de los gobernantes y funcionarios cubanos en los paraísos fiscales; ayudar siempre a los disidentes, cuando se viaje a Cuba o a Miami; controlar también a los empresarios extranjeros que hacen su agosto en la Isla gracias a concesiones gubernamentales; sostener económicamente la ayuda humanitaria de las iglesias y ONG no sospechosas de connivencia con el régimen (en general, lo mejor sería evitar cualquier ayuda económica que pase por las manos de sus gobernantes); impedir la presencia del castrismo en organismos internacionales; y siempre, denunciar cualquier atentado contra los derechos humanos: (¿es cierto que estos días la guarda costera cubana hundía una embarcación que trataba de huir del paraíso castrista?).

Les anunciaba un último párrafo sobre unas declaraciones de Mariano Rajoy; me acordaba de ellas al escribir ahora sobre la volatilidad de las posturas del PP en lo referente a Cuba. Y aunque no tienen demasiado que ver con este asunto, me permiten este pequeño desahogo contra la falta de determinación: eran a propósito de las medidas contra la corrupción que aprobaba el Gobierno el mes pasado. Me parece que fue entonces cuando escuché al Presidente quejarse de que, ciertamente, la posibilidad de equivocarnos y actuar mal forma parte de nuestra condición humana. Pero lo decía con muy poca esperanza: no se puede hacer nada… Yo pienso que sí: no sé si hacen falta más o menos Leyes; pero basta con que se cumplan; se persiga a los corruptos y no se tolere su presencia en los partidos (en este punto, la postura de la oposición es todavía más lamentable que la del gobierno). Y algo muy importante: creer en la educación. Es posible una regeneración moral de nuestra sociedad, si creemos que se puede educar a las personas en valores y virtudes. Cualquier opinión no es igual de válida: hemos pasado demasiados años renunciando a defender posturas firmes, porque suena mal. Así nos ha ido, por ejemplo, con el fiasco de la enseñanza en manos de los gobiernos nacionalistas: va a costar mucho esfuerzo recuperar esos valores de solidaridad nacional que han desaparecido de las escuelas. 

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