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Para salir de la crisis: El héroe discreto

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Les voy a explicar primero el título de este Comentario, en el que mezclo una idea sobre la que llevaba queriendo escribirles desde este verano (a propósito de la crisis) con el título de la reciente novela de Vargas Llosa. Verán: estuve releyendo la Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith con la intención de insistir en un argumento que -por evidente- parece que no acabamos de asumir: la causa principal de nuestros desajustes económicos es de índole moral. Y andaba con esta reflexión en la cabeza cuando dieron la noticia de la presentación de El héroe discreto, que ofreció Mario Vargas Llosa en la Casa de América el pasado 11 de septiembre. Quedé muy impactado por varias frases de nuestro Nobel: "La corrupción es un cáncer que socava las instituciones, que propaga el cinismo y una actitud despectiva frente a la legalidad", además de esa "idea profundamente destructiva de que todo el mundo es corrupto y si todo el mundo es corrupto ¿por qué no lo voy a ser yo también?". En contrapartida, el escritor peruano señalaba que las personas decentes suponen una "reserva moral para el futuro de un país" y "cuando un país pierde esa reserva moral entra en bancarrota aunque las cifras económicas digan que progresa".

¿Se estaba refiriendo a su país andino? Aparentemente podríamos suponerlo: la novela se desarrolla en la ciudad de Piura. Sin embargo, yo pienso en España, donde todavía es más lamentable esa corrupción cuando el país está en crisis, con millones de parados, empresas en quiebra y la deuda pública descontrolada.

También debo decir que su ánimo es mayor que el mío, porque sobre Latinoamérica explicaba que, aunque aún persisten graves problemas y desigualdades sociales, su impresión era que el Perú y otros países "están bien orientados", gracias fundamentalmente a un consenso social claro en favor de la democracia, de una política económica aperturista que defiende la iniciativa privada. Deseo de veras que su esperanza no se desvanezca.

(En todo caso, les recomiendo esta novela, de la que copio la presentación oficial: El héroe discreto narra la historia paralela de dos personajes: el ordenado y entrañable Felícito Yanaqué, un pequeño empresario de Piura, que es extorsionado; y de Ismael Carrera, un exitoso hombre de negocios, dueño de una aseguradora en Lima, quien urde una sorpresiva venganza contra sus dos hijos holgazanes que quisieron verlo muerto. Ambos personajes son, a su modo, discretos rebeldes que intentan hacerse cargo de sus propios destinos, pues tanto Ismael como Felícito le echan un pulso al curso de los acontecimientos. Mientras Ismael desafía todas las convenciones de su clase, Felícito se aferra a unas pocas máximas para plantar cara al chantaje).

Pero volvamos a la crisis moral. Les decía que estuve leyendo ese primer gran éxito editorial de Adam Smith que fue su Teoría de los sentimientos morales (1759), cuando era profesor en Glasgow. Y me llamaba la atención la rotundidad con la que se refiere a la Justicia: "Hay sin embargo otra virtud, cuya observancia no es abandonada a la libertad de nuestras voluntades sino que puede ser exigida por la fuerza, y cuya violación expone al rencor y por consiguiente al castigo. Esta virtud es la justicia. La violación de la justicia es un mal y causa un ultraje real y efectivo a las personas concretas" (Parte II, Sección II, Libro 1).

Por otra parte, y dejando de lado ese complejo problema sobre la coherencia entre el Adam Smith del interés propio (Riqueza de las naciones) y el de la benevolencia (Teoría de los sentimientos morales), lo cierto es que un recto orden social es indispensable para el objetivo que persigue nuestro autor. Considero que no es acertado atribuir al sistema de mercado descrito por Adam Smith el ingrediente del egoísmo y la vulneración de los valores morales para que funcione: antes al contrario, como señalaba al comienzo, una de las principales razones de las crisis económicas sería el abandono de tales valores. Así, un elevado nivel de corrupción necesariamente empeora las cosas en tiempos de recesión, como el que nos aqueja. En consecuencia, para reflotar nuestras maltrechas economías, aparte de los necesarios ajustes técnicos, es preciso también dotar a la sociedad de una sensibilidad ética que lamentablemente va perdiendo a raudales.

Recuperando a Smith, podríamos concluir que el sistema funciona porque los hombres buscan un interés propio que excede con creces la preocupación exclusiva por uno mismo, el egoísmo, la avidez y codicia. Uno actúa en interés propio tanto cuando busca, por ejemplo, una ganancia material inmediata, como cuando, también por ejemplo, busca mejorar el nivel de vida material, espiritual o cultural de sus conciudadanos. Como señala Rafael Termes, de los textos de Adam Smith se deduce que el individuo que sin pretenderlo contribuye a crear el orden espontáneo dentro del cual el sistema funciona, puede y debe ser una persona adornada de las más altas virtudes. Que no abundan por estos pagos.

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