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¿Puede ser el IVA un impuesto liberal?

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En las siguientes líneas voy a hablar de conceptos, no de números. Ni siquiera de escuelas o de teorías. Desde mi opinión, y soy un nuevo en este asunto, la lucha por las ideas hay que ganarla desde la ética y la moral, desde el concepto, no desde el número ni desde una escuela u otra. El número no lo quieren oír ni creer, y la escuela la tendrán encasillada.

La ministra de Igualdad habla un día, con gran seguridad, de los Chicago Boys. Batalla perdida, pensé. Y en cuanto a los números y las estadísticas es similar: si a la ministra y sus recién llegados adláteres les hablas de pobreza te hablarán de desigualdad, aunque cada día sea menor también, todo vale. Si a un planificador le hablas de crear empleo o, más bien del empleo creado a través de la libertad, te hablarán de que se necesitan “empleos de calidad”. Si le hablas de la reducción de las emisiones de CO2 en los países más libres, te dirán que se están “llevando-la-producción” a los países pobres, aunque sea difícilmente demostrable. 

No déis buenas estadísticas porque eso reduciría el tamaño de los estados. The game is rigged decían en The Wire, porque el decente habla de lo mejor para la “polis” y el indecente sólo quiere mantener, como individuo, su puesto de trabajo. Advertido por Aristóteles hace 2.370 años en la “Ética a Nicómaco”.

Ahora bien, ¿por qué no intentar ganar las pequeñas batallas desde el concepto? 

El IVA, en mi opinión, es uno de los impuestos que debe existir y ponderarse con atención. Por un IVA lo más “justo” posible debemos dar la batalla. La razón es que pagamos IVA si consumimos y sobre lo que consumimos y, por tanto, somos dueños del IVA que pagamos. Nadie puede vivir sin pagar IVA, salvo aventureros como Cristopher McCandless (Into the wild) al que lejos de considerarlo un héroe, para mi sería un freak. Pero algo de McCandless deberíamos llevar dentro y el que no quiera “pagar” al estado con sus impuestos, lo que tiene que hacer es comprarse algunas vacas y gallinas para ir tirando. Cuando pierda su partido puede vender las vacas y las gallinas con IVA, si lo desea, y comprar de nuevo la plantilla de vacas y cerdos cuando recuperen el poder. 

El IVA es un impuesto que homenajea la innovación y la prosperidad. Todo el mundo prefiere comprar pañales a fabricarlos en casa, así que: a pagar. Lo mismo con el lujo, aquí estoy con el camarada Iglesias, un yate tiene que tener más IVA que los pañales, la leche, las vacas y las gallinas porque solo algunos fruteros comprarán yate este año, no todos.

Es más, todo el mundo prefiere pagar cuando quiera, es decir, cuando consume, antes que un Impuesto sobre la Renta, por cierto, creado en EEUU precisamente cuando se ilegalizaron las drogas y el alcohol. Y, por supuesto, todo el mundo honrado prefiere el IVA al impuesto más inmoral que recuerdo, el pérfido Impuesto de Sociedades que penaliza cobrando al que lo hace bien generando valor y empleo.

¿Cuál sería la batalla que hay que ganar?

La batalla es un IVA que protege el débil, el IVA que con el velo de Rawls elegimos entre todos y para todos. Que el IVA sea un arma para hacer la vida de los demás más placentera, no solo la vida de aquel director de cine de cuyo nombre no tengo intención de acordarme que decía “queremos dinero público”. Ya, y yo quiero una casa en el campo, decía Austin Powers, en la traducción española.

“Buscar la perfección en nosotros y la felicidad de los demás” resumía Kant, como acercamiento a una sociedad más ética. Que hable la Ilustración, que hable la razón.

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