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¿Qué fue de Guinea Ecuatorial?

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A pesar de haber sido colonia española durante más de 200 años, la historia de Guinea Ecuatorial como estado independiente permanece bastante desconocida.

Después de convertirla transitoriamente en Comunidad Autónoma en 1964, el gobierno de Franco culminó el proceso de descolonización al que se había comprometido en las Naciones Unidas tratando de establecer previamente los mimbres de una nueva república en una conferencia en la que participarían grupos diversos del país bajo la guía "técnica" de la potencia colonial. Los desacuerdos llegaban incluso al punto de considerar la propia partición de la colonia en dos estados; uno insular basado en Isla de Fernando Poo, defendido por líderes de la etnia bubi y colonos españoles, y otro en la provincia continental de Rio Muni, donde la población de origen fang o panwe es mayoritaria. Se impuso la idea de mantener un único estado en coherencia con la posición de la metropolí en las organizaciones internacionales y, finalmente, tras desechar otros proyectos, se aprobó en referéndum una constitución redactada por una comisión de tecnócratas reclutados por Fernando María Castiella, Ministro de Exteriores de la época. Uno de sus miembros, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, presume de haber participado en la comisión y al mismo tiempo se desentiende del resultado final.

En las elecciones celebradas en septiembre, Francisco Macías Nguema, fue elegido Presidente después de una segunda vuelta a pesar de los esfuerzos del gobierno español por promover candidatos proclives a mantener lazos amistosos. No obstante, el 12 de octubre 1968 se concedió oficialmente la independencia a Guinea Ecuatorial y se reconoció su autoridad al presidente electo. Éste no tardó en autoproclamarse presidente vitalicio, prohibió toda oposición política y rompió las relaciones con España. Además, implantó una dictadura comunista y dirigió uno de los regímenes más despóticos y sanguinarios de África, persiguiendo sistemáticamente a intelectuales y religiosos. Una de sus contribuciones más notables a la planificación económica fue la prohibición de la pesca a sus infelices súbditos y la orden de destruir todos los barcos pesqueros. Llegó a convertirse en un Pol Pot africano. Durante su régimen de once años, 100.000 exiliados huyeron del país (más de un tercio de la población en aquel tiempo), se condenó a más de 40.000 personas a trabajos forzosos y 50.000 fueron asesinadas. Forjó una alianza con la Unión Soviética y otros países de su órbita –a cambio de concesiones pesqueras en la zona económica exclusiva que, al parececer, encubrían objetivos militares– sin despreciar tampoco el asesoramiento chino.

La situación cambió cuando su sobrino, Teodoro Obiang Nguema (a la sazón jefe de las cárceles de Guinea) dio un golpe de estado y se alzó con el poder en agosto de 1979. A las pocas semanas, Macías fue juzgado en un consejo de guerra y ejecutado junto a otros altos jerarcas.

En el momento del golpe que depuso a Macías, ya se hablaba del enorme potencial petrolífero que albergaba el país. A partir de 1996, se vio confirmado por unos espectaculares resultados que le han convertido en el tercer mayor productor de crudo del África subsahariana. Sin embargo, el régimen de Obiang ha venido ocupando durante estos treinta y tres años los puestos más deleznables entre los violadores de derechos humanos del mundo. Según los informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, se producen detenciones arbitrarias de forma rutinaria y los detenidos por la policía y el ejército son torturados sistemáticamente. A lo largo de los treinta y cuatro años ininterrumpidos, la represión política se ha cobrado la vida de más de 10.000 ecuatoguineanos. En el índice de corrupción de Transparencia Internacional, Guinea Ecuatorial ocupa el puesto 162 de una lista de 176 países.

Un ejemplo de la corrupción dominante que beneficia al clan de Obiang son los procesos de investigación que se siguen en Francia y Estados Unidos contra su hijo, "Teodorín", por delitos de lavado de dinero procedente de la extorsión, sobornos y malversación de fondos públicos, donde se han embargado bienes de lujo y cuentas corrientes localizados en esos países.

En 2004 se produjo un intento de golpe de estado no esclarecido para derrocar al dictador Obiang, en el que subyacían las luchas por hacerse con el control de los recursos petrolíferos. Según ha declarado el correoso Obiang, el gobierno chino se ha convertido en el principal financiador de Guinea Ecuatorial, a cuenta de esos futuros ingresos derivados del petróleo.

Dentro de ese contexto, no puede sorprender la celebración la semana pasada de la III Cumbre de los países del ASA (Africa y América del Sur) en Malabo, sustituyendo a Trípoli como sede tras la sangrienta guerra que derrocó al Coronel Gadafi en Libia. Con reminiscencias del antiguo grupo de no alineados, agrupa a los gobiernos suramericanos de la Alianza Bolivariana (incluidos Brasil y Argentina) y a un gran número de países de África. En sus resoluciones estos gobiernos no tienen empacho en recoger una amalgama ideológica de marxismo leninismo y crudo mercantilismo para justificar el sometimiento de sus pueblos al pillaje de una casta que envía directamente el importe de los sobornos, pagados principalmente por empresas extranjeras, a bancos del "Norte".

Los saqueadores que no respetan otra propiedad que no sea la suya y la de sus allegados se ungen en el papel de víctimas de sus pueblos por la colonización y los agravios de unas relaciones económicas dominadas por los países del "Norte". Esa retórica no va acompañada de una petición por eliminar totalmente las trabas al comercio internacional.

Al contrario, su raza o el pasado colonial de sus países les sirve para responder a periodistas occidentales lo que respondió Obiang recientemente a un corresponsal inglés cuando éste le inquirió sobre el número de palacios y mansiones que posee: "Usted lo que quiere es yo viva en un choza". Llegado el caso lo mismo responderían Evo Morales o Hugo Chávez, aprovechando su raza. Claro, Cristina Fernández tendría que apelar a las Malvinas y Raúl Castro al embargo norteámericano. Pero resume, como pocos gestos, la impostura y la doblez de estos granujas, y sirvió para que el habitualmente duro interrogador cambiara de tema.

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