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¿Quién es Antonio David Barroso?

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¿Quién es John Galt? Todos recordamos la mítica pregunta que acompaña al lector durante La rebelión del Atlas de Ayn Rand. En 2021 la podríamos sustituir por ¿quién es Antonio David Barroso?

Por desgracia, en este caso no es ningún héroe, ni va a personificar ninguna revolución. Es un simple chico de 15 años que con toda probabilidad fue asesinado por su madre hace poco menos de un mes. Entonces, ¿dónde está la semejanza? En que los únicos que nos preguntamos por él somos un pequeño puñado de personas a las que su caso nos causa la misma sensación que ver pasar dos veces al mismo gato en una película de Matrix.

Un poco de contexto para los que no sigan la actualidad española: a finales de abril se hizo público que un padre había secuestrado a sus dos hijas y los tres estaban en paradero desconocido. Es lo que se llamó popularmente como el caso de Anna y Olivia.

Mes y medio después, con la aparición del cuerpo de una de las niñas, se puso fin a un misterio que tuvo una masiva cobertura de todos los medios de comunicación de España y muchos del extranjero. Fue todo un drama nacional, donde los sentimientos de millones de personas afloraron y los medios sacaron provecho de ello.

Hasta aquí la historia es una más de las que hemos vivido desde que existen los medios de comunicación de masas. Lo novedoso es que, de un tiempo a esta parte (¿diez años, veinte?), este tipo de sucesos no sólo sirven a los medios de comunicación para hacer negocio con la desgracia ajena, sino que son la mejor herramienta de manipulación social de la que dispone una élite social cada vez más extravagante.

El caso de Anna y Olivia no nos dejó sólo una triste historia, sino la popularización de un nuevo término: violencia vicaria. Que no deja de ser el nuevo hechizo de la brujería de la verborrea (también conocida como sociología) para afianzar el identarismo enfermizo en nuestras sociedades.

Volviendo al caso de Antonio David; estamos también ante la desaparición de un hijo a manos de uno de progenitores. Un chico con 15 años con una enfermedad que le hace totalmente dependiente. La madre afirma haberlo matado, pero no da información que sirva para la localización de su cuerpo. Una búsqueda en un macro vertedero de basura. Pasan las semanas y su cuerpo no aparece. ¿Qué cobertura están haciendo los medios de este caso? Ninguna. ¿Por qué?

Aquí los sospechosos habituales nos dirán que paremos el carro. Que los casos no se parecen en nada. El padre de las niñas de Tenerife era un ser malvado que mató a las niñas con un plan muy enrevesado que solo buscaba causar dolor a su madre. En cambio, la madre de Antonio David está enferma. Y la desaparición del chico no es más que fruto de un drama social donde no es necesario hurgar.

Puedo dar dos ejemplos que desmontan esta argumentación. El caso de Julen. O como un simple y trágico accidente, se convirtió en una operación de rescate (del cuerpo sin vida) más televisada y costosa de España. Y sí, Julen podía estar vivo. ¿Y Antonio David no?

Pero vayamos al segundo ejemplo, que puede ser más ilustrativo. El caso de la Manada. Mujer adulta que entró por propia voluntad con cinco varones españoles, con los que estaba de fiesta, a un portal y allí se vio obligada a mantener relaciones sexuales con ellos. Se dictó sentencia en primera instancia en abril de 2018. Conmoción social por considerar que no hubo agresión, sino abuso sexual. Sólo 9 años de pena a los acusados. Especiales en televisión, reportajes, manifestaciones, políticos indignados. Finalmente, el tribunal supremo sentenció que hubo agresión sexual, y hace pocos días uno de los acusados fue tendencia en Twitter por reconocer los hechos.

15 de marzo de 2018, a pocos días de conocer la sentencia de la Manada. Una niña de 12 años de Azuqueca de Henares es conducida a la fuerza junto a una amiga a un edificio abandonado por varios varones de entre 15 y 20 años de origen marroquí y nigeriano. Dejan salir a la amiga “por ser mora”, y a ella la agreden sexualmente durante 45 minutos, mientras uno de ellos utiliza la fuerza para evitar que sus amigos la socorran.

¿Qué caso de estos dos es más grave? ¿En alguno tenemos la excusa de la enfermedad mental o de la ausencia de maldad? Porque mientras que uno ocupaba todos los medios de comunicación, el otro no solo fue ignorado, sino directamente silenciado. La primera noticia que trascendió sobre lo que sucedió en Azuqueca fue un año después del suceso. Repito: un año después.

Y el juicio, celebrado en febrero de este año, ha pasado totalmente desapercibido para la sociedad. Y se ha condenado a los agresores mayores de edad (a los menores de edad se les despachó con penas menores de internamiento sin que la noticia hubiera aún trascendido) a penas similares que las de la manada española, con lo que se puede considerar objetivamente que su crimen fue igual de grave que el de Pamplona (a mí me parece bastante peor, pero esa es mi opinión).

Podría seguir poniendo ejemplos hasta completar medio centenar de páginas, pero sería absurdo porque todos somos conscientes de esta situación. Están los que lo niegan porque su sustento depende de ello, y los que no quieren ver la realidad porque eso “al final beneficia a la extrema derecha”.

Así que el debate ya no gira en si estamos ante una apisonadora político-mediática que nos está pasando por encima. La clave es qué se puede hacer para salir de esta situación.

Evidentemente no existe ninguna solución simple. Lo que sí empieza a estar claro es lo que no funciona: señalizar virtud atacando a los diferentes y cada vez más disparatados grupos conspiracionistas que están surgiendo ante el descrédito absoluto de los medios de comunicación.

Se está destinando mucho dinero, la mayoría público, a intentar comprender sesudamente qué mueve a los seguidores de Trump o de Vox, mientras que manipuladores profesionales campan a sus anchas en… Perdón, rectifico, mientras toda una profesión, el periodismo, decide ignorar según qué noticias en base a un código ideológico compartido, pero del que no se pueden publicar papers porque te quitan el carné de científico.

Cualquier persona, por muy bienintencionada que sea, que colabore con esta estafa intelectual y moral está poniendo su granito de arena para lo que se avecina en la próxima década.

Existe un precedente muy reciente y de actualidad: la energía nuclear. A principio de siglo fuimos muchos los que avisamos de qué iba a pasar si se prescindía del carbón sin reemplazar su potencia instalada, aunque fuera en parte, por reactores nucleares. Nos llovió el fuego amigo: las subvenciones estatales en forma de seguro, el coste de los residuos calculado por miles de años, etc. Por otro lado estaban los medios de comunicación, consiguiendo que un tsunami que provocó 16 mil muertos fuera asociado a una central nuclear.

Cada vez somos más los que estamos cansados del debate intelectual, donde se juega con las cartas marcadas, y empezamos a buscar algo mucho más simple: simetría. En una novela seríamos los personajes que nos encogemos de hombros al oír hablar de libertad o constitución y preguntamos: ¿quién es Antonio David Barroso?

El caso de la Manada. Mujer adulta que entró por propia voluntad con cinco varones españoles, con los que estaba de fiesta, a un portal y allí se vio obligada a mantener relaciones sexuales con ellos. Se dictó sentencia en primera instancia en abril de 2018. Conmoción social por considerar que no hubo agresión, sino abuso sexual. Sólo 9 años de pena a los acusados. Especiales en televisión, reportajes, manifestaciones, políticos indignados. Finalmente, el tribunal supremo sentenció que hubo agresión sexual, y hace pocos días uno de los acusados fue tendencia en Twitter por reconocer los hechos.

15 de marzo de 2018, a pocos días de conocer la sentencia de la Manada. Una niña de 12 años de Azuqueca de Henares es conducida a la fuerza junto a una amiga a un edificio abandonado por varios varones de entre 15 y 20 años de origen marroquí y nigeriano. Dejan salir a la amiga “por ser mora”, y a ella la agreden sexualmente durante 45 minutos, mientras uno de ellos utiliza la fuerza para evitar que sus amigos la socorran.

¿Qué caso de estos dos es más grave? ¿En alguno tenemos la excusa de la enfermedad mental o de la ausencia de maldad?

Porque mientras que uno ocupaba todos los medios de comunicación, el otro no solo fue ignorado, sino directamente silenciado.

La primera noticia que trascendió sobre lo que sucedió en Azuqueca fue un año después del suceso. Repito: un año después.

Y el juicio, celebrado en febrero de este año, ha pasado totalmente desapercibido para la sociedad. Y se ha condenado a los agresores mayores de edad (a los menores de edad se les despachó con penas menores de internamiento sin que la noticia hubiera aún trascendido) a penas similares que las de la manada española, con lo que se puede considerar objetivamente que su crimen fue igual de grave que el de Pamplona (a mí me parece bastante peor, pero esa es mi opinión).

Podría seguir poniendo ejemplos hasta completar medio centenar de páginas, pero sería absurdo porque todos somos conscientes de esta situación. Están los que lo niegan porque su sustento depende de ello, y los que no quieren ver la realidad porque eso “al final beneficia a la extrema derecha”.

Así que el debate ya no gira en si estamos ante una apisonadora político-mediática que nos está pasando por encima. La clave es qué se puede hacer para salir de esta situación.

Evidentemente no existe ninguna solución simple. Lo que sí empieza a estar claro es lo que no funciona: señalizar virtud atacando a los diferentes y cada vez más disparatados grupos conspiracionistas que están surgiendo ante el descrédito absoluto de los medios de comunicación.

Se está destinando mucho dinero, la mayoría público, a intentar comprender sesudamente qué mueve a los seguidores de Trump o de Vox, mientras que manipuladores profesionales campan a sus anchas en… Perdón, rectifico, mientras toda una profesión, el periodismo, decide ignorar según qué noticias en base a un código ideológico compartido, pero del que no se pueden publicar papers porque te quitan el carné de científico.

Cualquier persona, por muy bienintencionada que sea, que colabore con esta estafa intelectual y moral está poniendo su granito de arena para lo que se avecina en la próxima década.

Existe un precedente muy reciente y de actualidad: la energía nuclear. A principio de siglo fuimos muchos los que avisamos de qué iba a pasar si se prescindía del carbón sin reemplazar su potencia instalada, aunque fuera en parte, por reactores nucleares. Nos llovió el fuego amigo: las subvenciones estatales en forma de seguro, el coste de los residuos calculado por miles de años, etc. Por otro lado estaban los medios de comunicación, consiguiendo que un tsunami que provocó 16 mil muertos fuera asociado a una central nuclear.

Cada vez somos más los que estamos cansados del debate intelectual, donde se juega con las cartas marcadas, y empezamos a buscar algo mucho más simple: simetría. En una novela seríamos los personajes que nos encogemos de hombros al oír hablar de libertad o constitución y preguntamos: ¿quién es Antonio David Barroso?

1 Comentario

  1. Lúcido y acertado artículo, que aborda la deriva anti-liberal que está marcando (y marcará) a fuego el presente y el futuro de las sociedades occidentales con la creación y control de sendos monopolios, moral y de la verdad (que recuerda, y mucho, al proceso que documentó Victor Klemperer en sus cuadernos de campo filológicos):
    «Se está destinando mucho dinero, la mayoría público, a … manipuladores profesionales campan a sus anchas en… mientras toda una profesión(es)… decide ignorar según qué noticias en base a un código ideológico compartido, pero del que no se pueden publicar papers porque te quitan el carné de científico. Cualquier persona, por muy bienintencionada que sea, que colabore con esta estafa intelectual y moral está poniendo su granito de arena para lo que se avecina en la próxima década.»

    En la misma línea, y entre las pocas personas e instituciones independientes que realmente no se ha dejado arrastrar por esa misma corriente (o marea) denunciada:
    — Enrique Bunbury: https://www.libertaddigital.com/cultura/libros/2021-10-11/entrevista-a-enrique-bunbury-por-exilio-topanga-confio-en-la-capacidad-del-ser-humano-para-el-pensamiento-critico-6826720/
    Y la revista de la AIER:
    — Sobre el déficit público, Donald Boudreaux: https://www.aier.org/article/a-current-burden-of-deficit-financing/
    — Sobre el nuevo monopolio monetario y bancario que se nos viene también encima, Kenneth Kalczuk: https://www.aier.org/article/end-banking-as-we-know-it/
    — Sobre las mascarillas y dónde ponérselas, Joakim Book: https://www.aier.org/article/security-theatre-and-covering-ones-buttocks/


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