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Scholastica Colonialis

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El objetivo de la autoridad en el mundo islámico es hacer que se cumplan las leyes religiosas.

La última semana de julio se celebró en Porto Alegre (Brasil) el XIV Congreso Internacional de la SIEPM, una asociación de Filosofía Medieval, organizado por los profesores Alfredo Culleton, Roberto Pich y Alfredo Storck, docentes en varias universidades de esa provincia meridional brasileña: Rio Grande do Soul. Con la circunstancia de que son los mismos promotores de la iniciativa Scholastica Colonialis, una puesta en valor de los autores tardoescolásticos iberoamericanos, herederos de esa Escuela de Salamanca de la que tanto hablamos en nuestro Instituto.

¿Qué tiene que ver la filosofía de los siglos XVI y XVII con una asociación medievalista? Como señalaba el profesor Pich en la recepción inaugural, nuestros doctores mantuvieron -siguiendo a Francisco de Vitoria- un esquema doctrinal basado en la Summa Teológica que escribió Tomás de Aquino en el siglo XIII, consiguiendo el sorprendente resultado de ser capaces de explicar con ese framework los nuevos fenómenos sociales, políticos y económicos que surgirían en la Europa Moderna después del Descubrimiento de América.

Les transcribo los títulos de algunas sesiones a modo de ejemplo: “El debate sobre la esclavitud en la escolástica ibérica y colonial”; “Escolástica barroca en Chile y Brasil”; “El hombre del Nuevo Mundo en los juristas y teólogos de Salamanca”; “Filosofía política en la Segunda Escolástica” o “Filosofía de la economía en la escolástica colonial”. En esta última sesión, organizada por el profesor Alfredo Culleton, pudimos escuchar una visión menos estudiada del Doctor Navarro: su doctrina sobre el precio justo. Efectivamente, de Azpilcueta conocemos bien su genial intuición de la teoría cuantitativa del dinero o la justificación del cobro de interés por razones como el “lucrum cessans” o “damnum emergens”… Pero como señalaba Marlo do Nascimento, también anticipó esos tres niveles de precio justo que luego explicaría Luis de Molina: uno más riguroso, otro moderado y uno ínfimo o “piadoso”. A continuación escuchamos la crítica a una “teoría del valor-trabajo” hecha por los juristas americanos Juan de Matienzo y Pedro de Oñate: según el profesor Alvaro Perpere, anticiparon los conceptos de utilidad y necesidad, siendo muy críticos (la describen como “falacísima”) con la defensa del trabajo y los costes como causa del valor. Por último, Henrique Honer expuso un proyecto de investigación doctoral en torno a la condena escolástica de los monopolios: aunque para todos ellos son injustos, el argumento que emplean es diferente.

Pasando del pensamiento económico al político, les hablaré primero de una interesante conferencia plenaria dictada por el profesor emérito de la Complutense Rafael Ramón Guerrero: “Las relaciones de poder en la teoría política islámica”. Tras recorrer la compleja historia de la sucesión del Profeta, con el enfrentamiento de suníes y chiitas, explicaba otra tensión interna en el mundo musulmán: entre los líderes religiosos (ulemas) y gobernadores políticos. Con una conclusión poco alentadora: el objetivo de la autoridad es hacer que se cumplan las leyes religiosas. Porque islam significa “sumisión”, y por ello la política se debe someter a las suras del Corán. Incluso Ibn Jaldún, un filósofo e historiador de origen español que escribió muy acertadamente sobre la organización económica y social, los mercados, los precios o la formación del capital, sigue en este punto la ortodoxia islámica: la autoridad política es algo connatural a la sociedad, pero orientada al cumplimiento de las leyes divinas.

Siguiendo en el mismo campo de la política tuve la ocasión de participar en una Mesa junto al profesor portugués Antonio Rocha Martins, quien habló de los fundamentos tomistas del “dominio” desde una perspectiva más filosófica: cuáles son los diferentes sentidos que le da a este concepto en sus obras De regno, De lege o el Comentario a la Política de Aristóteles. Explicaría finalmente la trascendencia de esta reflexión en los debates bajomedievales o ya modernos sobre el “gobierno mixto” y las relaciones entre el poder civil y el eclesiástico. Fue también de mayor contenido filosófico la charla de Emilien Vilas Boas sobre “La alteridad en Francisco de Vitoria”: al encontrarse los españoles con “el otro” en forma de nativo americano, surgió la necesidad de construir un nuevo marco de relaciones sociales basado en los derechos humanos, como algo inherente a nuestra propia naturaleza.

En medio de ambos expuse brevemente un argumento que ya han podido leer en estos análisis: la influencia de Francisco Suárez (seguimos celebrando el cuarto centenario de su muerte) en los procesos independistas iberoamericanos. Al redactar su Defensio fidei (1613) se propuso proteger la libertad cristiana frente al absolutismo político (el caso de los católicos perseguidos en Gran Bretaña), al tiempo que defendía la autoridad legítima frente a rebeliones injustificadas (el caso de los protestantes sublevados en los Países Bajos): con la tradición medieval, Suárez entendía que la potestad política es otorgada por Dios directamente al pueblo, y por el pueblo a los gobernantes. Esta postura generó susceptibilidades y alguna incomprensión en España, además de ser condenada públicamente en Oxford (1613) y París (1614). Pero los vericuetos de la Historia permiten afirmar (citando a Luciano Pereña) que: “dos siglos más tarde… en el movimiento de la independencia de los virreinatos españoles en América, las ideas democráticas de Suárez son utilizadas como favorables para el pueblo” y contrarias a la autoridad impuesta por Napoleón en la Península Ibérica. Seguramente no se pueda hablar con propiedad de una “democracia representativa” en los autores escolásticos, pero debemos reconocer la genialidad  de esta afirmación: “omnis potestas a Deo, populum libere consentientem”.

Termino recordando otras propuestas, por si quieren localizar en la web a sus autores: Christiane Birr, desde proyecto Max-Planck sobre el pensamiento jurídico de la Escuela de Salamanca, analizaría la doctrina tardomedieval de Palacios Rubios sobre los Justos Títulos (el “Requerimiento”). Un acercamiento a esa época de transición que también hizo el investigador de ese Instituto, José Luis Egío, hablando de las continuidades y discontinuidades en la reflexión sobre los derechos de propiedad (dominium) de los infieles. O la conferencia del ya citado profesor Culleton sobre el tratamiento que hace Tomás de Mercado (Suma de tratos y contratos) sobre el problema de la esclavitud.

2 Comentarios

  1. Sr. Gómez Rivas, una
    Sr. Gómez Rivas, una puntualización sobre la frase «islam significa “sumisión”, y por ello la política se debe someter a las suras del Corán. » :
    Es más apropiado traducir, al español, Islam como ‘Sometimiento’ que como ‘Sumisión’. ‘Sumisión’ tiene una acepción de voluntariedad, no de coerción; sin embargo, el Islam no acepta la opción, pues todo el mundo (creyentes o no) han de ‘someterse por las buenas o… por las malas. No cabe hablar de ‘sumisionar’, sino de someter; el Islam va a someter. De hecho, Sr. Gómez, a renglón seguido de traducir usted Islam como «sumisión» se ve usted obligado a utilizar el verbo «someter»; no le ha servido la traducción como sumisión. Islam, en español, significa Sometimiento. El motivo de que los musulmanes nunca traduzcan la palabra árabe ‘Islam’ es precisamente para no asustar a las futuras víctimas del ‘sometimiento’ que se les avecina.

    Tampoco cabe decir que el Islam sea una religión, en el sentido que piensa un cristiano. Quien se ha educado en una sociedad cristiana piensa que el Islam es una colección de normas éticas y morales de buena convivencia cuyo «reino no es de este mundo»; justamente al contrario, el reino del Islam es de este mundo; en realidad su reino es todo el mundo: contra un Cristo que aclaraba que su reino no es de este mundo, Mahoma era un señor de la guerra, un conquistador feroz y atroz, y el Corán no es más que una recopilación de edictos de Mahoma en verso hechos en nombre de un tal Alá (dictados por Alá para quien se lo crea); no hay normas morales y éticas de buena convivencia en él, sino órdenes ‘divinas’ para la conquista del mundo entero. Las llamadas al terror y a la matanza están en el Corán, pero la sociedad occidental está ofuscada con su idea de religión. El único componente religioso del Corán es justificar el sometimiento, con violencia y terror si hace falta, en nombre de un dios: «sembraré el terror en el corazón de los infieles…», «sembrad el terror en el corazón de los infieles…», «busca a los idólatras donde quiera que estén, tiéndeles todo tipo de emboscadas; mátalos…» (famoso verso de la espada, Corán 9:5), «quienes hacen la Yihad con su vida o con su hacienda son musulmanes superiores»… ¿Está claro quienes son los ‘superiores’? Según ese versículo del Corán, cabe interpretar que salen en la prensa cada poco algunos ‘musulmanes superiores’.
    En cuanto al sometimiento de lo político y económico al Corán, además hay que añadir que también deben ‘someterse’ a la jurisprudencia y a la vida de Mahoma (atroces, más que el Corán) según los Hadith; no se debe olvidar que, en el Islam, Mahoma es el hombre perfecto a quien se debe imitar.

    En concreto sobre lo económico, obviamente, el sistema económico corresponde al ideado por Mahoma hace 1400 años y debe someterse al Corán y a esa jurisprudencia que mana de Mahoma.

    Y un par de ‘detalles’ para quienes se dejan engañar con interpretaciones cuyo único fin es no asustar a los futuros ‘sometidos’ (nuevamente no pega sumisionados, ni tampoco sirve ‘sumisos’): el Corán no está ordenado cronológicamente, sino por tamaño de los capítulos; cada capítulo podemos entenderlo como un edicto de Mahoma (en realidad de la mente divina de Alá, para quien se lo crea, pues el arcángel San Gabriel le dicta el Corán a Mahoma). Pues bien, ante cualquier contradicción, los versos postreros derogan a los previos; resulta que Mahoma en sus primeros tiempos, cuando tenía solo un puñado de seguidores defiende la convivencia pacífica entre «las tres religiones del libro», pero cuando se hace con el poder se vuelve cada vez más cruel y violento, y por tanto los capítulos del Corán escritos en esta época derogan a los previos… por tanto, ante cualquier contradicción, cualquiera interpretación pacífica se ve derogada por la despiadada. El último capítulo escrito por Mahoma (dictado por Alá) es el nº 9, y es atroz; además de ordenar matar a los idólatras, se puede observar que es el único que no comienza diciendo que Alá es misericordioso.

    Tampoco tiene sentido alguno la comparación que algunos quieren hacer con la Biblia. Lo primero es que no existe «la Biblia», sino las Biblias pues son recopilaciones de escritos de diversos autores – se pueden hacer distintas recopilaciones y estimar unos escritos y desechar otros- y cada confesión religiosa puede utilizar una Biblia distinta; el Corán solo tiene un autor, Mahoma (o según él, Alá), y es enteramente «palabra de Alá»; en concreto el cristianismo no sigue la Biblia, aunque hay Biblia cristiana, sino que sigue el Nuevo Testamento, el cual solo se refiere a las enseñanzas de Cristo -«palabra de Dios»- relatadas en los cuatro evangelios canónicos y los demás evangelios se consideran falsos al menos por la Iglesia católica, y el resto de la Biblia cristiana es únicamente a título informativo; en cambio el Corán, es único e inmodificable, aunque asunto distinto es su posible interpretación y su traducción (como por ejemplo de la palabra Islam). Nos encontramos con gentes, como el mequetrefe ZP, quien en absoluta falta de respeto en un «desayuno cristiano» les lee el Deuteremonio -absolutamente ajeno al Cristianismo-, presentadores de televisión que sacan a colación el Antiguo Testamento el cual tampoco guarda relación con el Cristianismo, etc.
    En resumidas cuentas, no imagine un liberal compatibilidad alguna con el Islam; y tampoco un socialista se la imagine con el socialismo. El Islam solo se acepta a sí mismo, y pretende que toda sociedad, en todos los aspectos, ha de someterse al Sometimiento, por las buenas o por las malas.
    Su artículo, Sr. Gómez, es de los pocos que muestra el sometimiento total de la sociedad que el Islam persigue, incluido en la economía; el sometimiento del mundo entero, no se olvide.

  2. Después de leer su comentario
    Después de leer su comentario ahora entiendo como en las librerías se suele vender solo la primera parte del libro que es ciertamente amorosa pero faltan los capitulos últimos comentada por muchos expertos y que ciertamente es dura.


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