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Sobre el poder

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El anticapitalismo tiene que entender que lo que es indeseable socialmente para ellos no es culpa del sistema.

Dentro de la Escuela Austriaca y del libertarismo suele hablarse de poder en su sentido formal. Es decir, es común hablar de poder cuando es ejercido de forma institucionalizada por el Estado, recurriendo a la coacción y a la violencia. Sin embargo, muchas teorías anticapitalistas basan su teoría intervencionista o liberticida en otro concepto o forma de poder. Hablaríamos entonces de un poder informal, que no es ejercido mediante la violencia, sino que es resultado de unos valores y una cultura que impregnan nuestras relaciones. Como resultado de esas ideas, tendremos relaciones sociales en las que haya desigualdad de poder entre las partes de forma sistemática, algo que perjudica a ciertos grupos.

Al ser un poder que no es ejercido por el Estado de forma violenta, sino que influye de forma implícita e informal a través de instituciones sociales, la solución radica en el cambio de sistema. Esta tesis es sostenida, por ejemplo, dentro de la economía feminista. Sus teóricos vienen a decir que, dado que el capitalismo es un sistema creado a medida para el hombre, el poder lo ostentará lo masculino de forma estructural, y la única solución para igualar las relaciones de poder entre hombres y mujeres será cambiando de sistema.

La Escuela Austriaca tiene muchas respuestas a estos planteamientos. Empezando por la definición de poder, Mises (1949) acepta el concepto de eso que llamamos poder informal. Es más, resalta que hasta el poder formal o coactivo necesita de ese poder informal para ser ejercido. Para él, el poder es la capacidad que un individuo posee para influir en las acciones de un tercero; una definición bastante familiar a la dada por el famoso Michel Foucault (1982). Además, el poder, según Mises (1949), tiene origen en las ideas. Los individuos que se encuentran en una situación de poder deben su privilegio a una idea que es asumida por el resto de la sociedad, y que además, es respetada y mantenida en el tiempo. Un caso concreto es la jerarquía y el poder ejercido dentro de las familias, donde los hijos respetan a los padres porque en su cabeza se encuentra la idea de respeto (norma social) hacia los mayores.

La conceptualización y consecuencias del poder informal son bastante similares en casi todas las teorías que tratan el asunto. No obstante, ninguna es capaz de entender correctamente el fenómeno y proceso social que rodea las relaciones de poder. Como decía, para los anticapitalistas la economía de mercado es un sistema diseñado a medida para que las relaciones de poder ocurran. Es más, las relaciones de poder son inherentes al sistema capitalista. Si no hubiera relaciones de poder, no estaríamos hablando de capitalismo. Por ello, el cambio de sistema es fundamental para los estructuralmente perjudicados.

Esta concepción sobre los procesos sociales y sobre el sistema está bastante alejada de la realidad. Siguiendo la teoría de Hayek (1973), podríamos decir que todas estas corrientes están basadas en el constructivismo. Esto es, sus adeptos creen que las complejas instituciones sociales, las normas, los valores y la cultura son diseñadas de manera consciente y completa por la mente humana. Así es que piensan que el capitalismo es un sistema construido por un grupo concreto para poder beneficiarse a costa de otro, ostentando así poder. Como Hayek (1973) demostró, el constructivismo, anclado en la idea de racionalismo cartesiano o racionalidad ilimitada, no refleja la realidad. Las instituciones sociales, normas, valores y cultura no son diseñadas por la mente humana, sino que son resultado de un proceso evolutivo de prueba y error, donde la constante es el cambio y el conocimiento se encuentra disperso entre todos los individuos. Si entendemos que el capitalismo es un sistema de libertad, caracterizado por el respeto a la iniciativa individual y a ese conocimiento disperso, decir que este es un sistema diseñado para oprimir es una falacia, porque precisamente, no puede ser diseñado.

Esto no nos lleva a negar la existencia de relaciones de poder en el sistema capitalista, simplemente, a decir que no son inherentes al sistema (tal cual pasa con los ciclos económicos). Las relaciones de poder pueden darse en algún momento del tiempo, en términos estáticos, pero, dinámicamente, no pueden existir relaciones de poder debido a la naturaleza del conocimiento disperso que conforma el orden espontáneo. El anticapitalismo tiene que entender que lo que es indeseable socialmente para ellos no es culpa del sistema, sino un resultado concreto que puede ser cambiado de forma empresarial. Creer en otros sistemas ideales e intentar diseñarlos es imposible, algo totalmente utópico. A lo que tienen que aspirar es a un cambio social y cultural, no a sustituir el sistema de libertad.

La intervención tampoco es la solución. El cambio social no puede ser emprendido de forma coactiva. Además, al ser las relaciones de poder dependientes de normas y valores sociales, estos estarán presentes tanto en un sistema intervenido como en un sistema de plena libertad. Más aún, el cambio social de esa cultura será más rápido en un sistema no intervenido que en un sistema que sí lo está.

La Escuela Austriaca no niega la existencia de relaciones de poder informales. Es más, les da una verdadera explicación que, también, proporciona la mejor solución a esa situación socialmente indeseable. El anticapitalismo tiene que abandonar teorías constructivistas erróneas, entender los verdaderos procesos sociales y reconocer que lo que quieren cambiar no es el sistema, sino circunstancias particulares que pueden ocurrir en cualquier estructura de organización social.

Bibliografía

Foucault, M. (1982). The Subject and Power. Critical Inquiry, 8(4), 777-795.

Hayek, F. A. (1973/1998). Law, Legislation and Liberty (Vol. I). London: Routledge.

Mises, L. (1949/1998). Human Action: A Treatise on Economics. Auburn: The Ludwig von Mises Institute.

7 Comentarios

  1. Avatar

    Pero si estamos de acuerdo.
    Pero si estamos de acuerdo. Hablamos aquí del poder de los que tienen capacidad para acumular bastante capital para imponer a los que no la tienen
    ciertas condiciones económicas (con repercusión social) que no les benefician (pagar barato por la oferta de bienes y servicios que los que tienen poco acceso al capital pueden hacer, agotarles física y mentalmente, exponerles a accidentes y enfermedades, poco tiempo para el descanso y el ocio…) Y muchos no negamos la NATURALIDAD de esa situación, su no-violencia directa: es puro mercado, nada más. No es maldad de los capitalistas, es que ellos buscan maximizar sus beneficios minimizando sus gastos. Por eso, no hace falta ser muy de izquierdas (yo soy de centro tipo Ciudadanos) para buscar, como busca la gran mayoría de la sociedad y del mundo académico, un colchón contra los excesos sociales de esa naturalidad de la pura fuerza del mercado: el estado social. Pero no es lo mismo la socialdemocracia tipo Ciudadanos, con tintes liberales o social-liberales, que la socialdemocracia-socialismo más o menos radical de Unidas Podemos.

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      No hay que confundir poder
      No hay que confundir poder con capacidad económica o riqueza. Seguramente, si tienes poder, es muy probable que seas rico. Pero tener capacidad económica no te hace ser poderoso. El rico acumula recursos o riqueza porque así el mercado lo ha determinado. De manera descentralizada y en orden espontáneo, muchas personas han decidido comprar el producto/servicio que una persona ha ofrecido. El poder sigue estando descentralizado en cada individuo del mercado, que toma sus decisiones. Así, si deja de atender las necesidades del mercado, dejará de tener capacidad económica. Sin embargo, el que es poderoso, porque así los demás lo creen (el Estado, por ejemplo), puede obtener capacidad económica sin necesidad de recurrir al mercado ni contar con la aceptación descentralizada de ningún individuo. Ser rico no implica poder, de hecho, en la mayoría de los casos no ocurre así. Y si queremos que el poder esté lo más descentralizado posible, necesitamos que el mercado pueda funcionar de manera libre en muchos más ámbitos. No hay excesos sociales en el capitalismo. O se crea riqueza o no se crea. El capitalismo la crea, el socialismo la destruye. Además, el propio sistema de precios es un sistema asignativo y distributivo, los recursos se distribuyen según el mercado (compuesto por muchas personas). Cualquier persona puede hacerse rica y mejorar su situación, pues el conocimiento empresarial necesario para emprender un negocio y solucionar un problema de la demanda no tiene coste. El descubrimiento empresarial no tiene coste, y el conocimiento necesario para el mismo está disperso en las mentes de todas las personas.

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      – Vicente: Muy buena
      – Vicente: Muy buena respuesta, para enmarcar.
      – «Concerned»: Sobre esa disyuntiva, el estudio póstumo de Böhm-Bawerk (1914) «Control or economic law?» (en que «control» lo iguala a Macht, or ‘outside power’: https://mises.org/library/control-or-economic-law-1) muestra y llega a la conclusión de que «the influence of social control does, and must operate through the formulas and laws of pure economic theory.»
      Aunque es verdad que también dice que «my analysis, which I personally do not consider exhaustive by any means, may have to be amplified, elaborated, and corrected in many points.» De hecho, y esto estaría de acuerdo con lo que usted dice, coloca a la usura entre los ejemplos de control (aunque en ese caso, significativamente, escribe la palabra «control» entre comillas).

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      Por cierto, que es una
      Es una lástima que en esa versión de «Control or economic law» (que para mí es un texto ‘clave’ para explicar los hechos que estaban ocurriendo en ese 1914, publicado póstumamente, y tras las aportaciones de Schumpeter y Mises) no se hayan mantenido los subtítulos que incorporó el editor Frederick Nymeyer (para la edición en 1962 de Shorter Classics of Böhm-Bawerk, una auténtica joya, y que le hacen ganar muchísimo en inteligibilidad).

      De hecho Nymeyer separa en dos apartados diferentes, es esta disputa «sobre el poder», el tratamiento de la usura, por un lado, y el de los monopolios por otro lado.

      Reproduzco a continuación los subtítulos para el capítulo 2 de Nymeyer:

      Chapter I: The extent and nature of the influence of institutional controls versus the natural course of economic phenomena.

      Chapter II: The question whether «control» asserts itself in conformity with or in contradiction to economic laws.
      – Extension of «control» does not suspend the independent economic laws of price
      – Example of usury
      – Example of monopolies
      – Individual force (robbery, extortion and slavery) are here excluded
      – Necessary distinction between «economic control» and «non-economic» motives
      – Non-economic motives are «independent» factors influencing price, but «controls» are not
      – Economic laws should not be appraised as suspendable
      – Economic laws should be developed
      – Control does not determine prices; it at most constrains them
      – Diverse factors influence prices within limits set by subjective valuations
      – Power does not possess price fixing capability or ultimate control
      – Rodbertus and other overemphasized historico-legal catagory
      – The category «social control» is not a «pure category»

      Chapter III: Price determination through «control» in the settlement of wage disputes involving (1) monopoly and (2) a strike.

      Chapter IV: Examination of the permanence of gains obtained by the exercise of power or control.

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    Por supuesto, estamos en
    Por supuesto, estamos en desacuerdo, pero es siempre lo mismo con ustedes. No, la capacidad para acumular capital sí confiere auténtico poder, medido en términos de la influencia que puede tenerse sobre los demás y la capacidad para conseguir lo que uno desee. Un poder que llega en casos extremos a superar al de ciertos estados. Por cierto, sin capital, los estados se hunden, y su poder coercitivo para recaudar impuestos está limitado por las fuerzas del mercado financiero a escala global. Los ‘ricos’ SÍ tienen (mucho) poder. Y siempre serán una minoría de la población. Además, una persona rica que diversifique y proteja su capital y sus inversiones depende ya mucho menos directamente de su capacidad para ofrecer productos y servicios necesarios a la población.

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      «Concerned»: Le copio el
      Concerned citizen, le copio un comentario de Berdonio que apareció en el artículo de JR Rallo «¿Por qué las familias jóvenes cada vez son más pobres?»:

      «Es de sentido común que pudiendo imitar a los más eficaces y prósperos todos acabamos siéndolo. El problema es que no nos permiten hacerlo (libertad) y ni siquiera existen modelos correctos que emular (prosperidad). Será la primera vez que lo oiga, pero creo que tiene algún sentido.

      El capitalismo bien entendido consiste en mero respeto a la propiedad y esto no admite excepciones. La propiedad implica, claro, monopolizar lo que se posee legítimamente pero ello jamás puede generar barreras de entrada a la competencia -al libre mercado-, es decir, monopolios coactivos, que son su antítesis. Las externalidades negativas no se solucionan limitando la propiedad, sino definiéndola con mayor exactitud según normas simétricas, generales y abstractas. Además, la mayoría de las externalidades negativas se compensan con las positivas espontáneamente (la gente suele ayudar más de lo que molesta y por eso preferimos vivir acompañados) sin necesidad de intromisiones siempre nefastas.

      Las injerencias de los ricos en la política se arreglan con menos política (o más dispersa), no con menos riqueza (o más dispersa). Le aplaudo eso de que la concentración del poder nunca es buena.»


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