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¿Statu quo o nuevo paradigma en la economía global?

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Tras el periodo estival conviene recapitular sobre el estado de la economía global y sus principales tendencias de cara al nuevo curso, para así disponer de una imagen más clara y fehaciente sobre cuáles serán los retos nuevos o persistentes en materia de política económica. En el entorno actual, la incertidumbre respecto a la senda que tomará la inflación, las oscilaciones de la demanda agregada o las complicaciones por el lado de la oferta en muchos mercados marcarán las decisiones de política económica que tomen los bancos centrales y los gobiernos. Es por ello por lo que, antes de analizar cualquier escenario de política económica, hemos de descifrar por donde sopla el viento en el escenario macroeconómico global.

No se han alcanzado los objetivos de inflación

Si hay algo claro tras la reunión de banqueros centrales en Jackson Hole en agosto es que la política monetaria ha de transitar de un marco diseñado para reducir explícitamente la inflación a uno para mantenerla bajo unos niveles determinados, una vez estos se alcancen -y que probablemente serán distintos al 2% de referencia de multitud de bancos centrales-.

Aún así, tal y como afirmaban con contundencia en dicha reunión Christine Lagarde y Jerome Powell, las tasas de inflación actuales aún no se sitúan en niveles que se puedan considerar adecuados para un funcionamiento correcto de la economía global o que garanticen su estabilidad social. Por ejemplo, en el caso de EE. UU. llama la atención los elevados niveles de demanda agregada que siguen registrando cada mes, lo que está contribuyendo a mantener la inflación en niveles muy altos a pesar de una política monetaria contractiva.

Además, a todo ello hay que sumar que el desempleo en el país norteamericano vuelve a situarse muy cerca de mínimos históricos, lo que está generando un efecto de crecimiento de los salarios y a su vez contribuyendo a la espiral inflacionaria. Por lo tanto, lo que preocupa en EE. UU., a diferencia de en Europa, no es una tasa de crecimiento demasiado baja, sino más bien un recalentamiento de la economía que lleve a un desanclaje de las expectativas de inflación.

Tipos de interés altos

Por otro lado, en Europa las perspectivas de crecimiento no son nada halagüeñas, pero el nivel de precios sigue creciendo -aunque a un ritmo menor- y los salarios siguen al alza, lo cual, unido a los datos de crecimiento, puede conducir a un pronóstico de estanflación que dure varios meses.

La principal conclusión que se puede extraer de todo ello no es otra que el hecho de que tanto la Fed como el BCE deberán prolongar su actual política monetaria durante algún tiempo, hasta que nos aseguremos de haber controlado los niveles de inflación. Esto no significa que se deban seguir subiendo tipos, sino que seguramente deban permanecer cercanos a los actuales elevados niveles en los que se encuentran hoy en día durante algún tiempo.

Precios y oferta

Además, en el escenario actual resulta mucho más complicado analizar o pronosticar la senda de la inflación, ya que multitud de factores de oferta -y no solo de demanda- continúan afectando a las variaciones en el nivel de precios, aportando una incertidumbre adicional al análisis de la inflación.

A pesar de ello, esto no es algo nuevo. Durante los últimos años, fenómenos como la pandemia de Coronavirus, la crisis energética o la invasión de Ucrania han hecho que las tensiones de oferta cobren mucho más peso en los análisis de inflación. Por lo tanto, es muy importante incorporar firmemente al análisis las tendencias del mercado laboral en cada país y región y la relación de estas con la variación de los salarios, ya que estas suelen estar muy correlacionadas con la tasa de inflación.

Déficit y deuda

Más allá de la evolución del nivel de precios, multitud de países muestran serios problemas de equilibrio de las cuentas públicas, que en muchos casos se han visto empeorados desde la implementación de programas de impulso fiscal a raíz de la crisis del Coronavirus. Un notorio ejemplo de ello es el caso de EEUU, que presenta a fecha de hoy un déficit público en términos absolutos que es el doble que en la misma fecha de 2022.

Esto presenta un grave problema para la Administración Biden y la sostenibilidad de la deuda pública americana, tal y como señala la Congressional Budget Office. La situación actual en EE. UU. de política fiscal expansiva acompañada de política monetaria contractiva muestra un claro viraje de timón desde los prolegómenos de la Gran Recesión. Entonces, el inicio de planes de política monetaria expansiva (QE, por ejemplo) iba acompañado de una política fiscal muy conservadora y cauta respecto a los niveles de gasto y déficit públicos. Además, la situación en Europa no es muy diferente, acrecentada por serios problemas estructuras relacionados con la demografía, el clima o el estancamiento de los niveles de productividad.

El peso de India

Por último, un factor de cambio económico que hay que destacar se sitúa en el plano geopolítico, siendo este el creciente peso de India sobre la economía global frente a la perdida de dinamismo de China. Mientras que hace una década la economía china crecía a tasas cercanas al 8% anual, hoy su crecimiento se encuentra muy resentido y superado por varias potencias emergentes, entre las cuales la de mayor peso es India.

Si bien es cierto que en términos absolutos el tamaño de la economía China es hoy en día el doble que el de India, las tasas de crecimiento cada vez divergen de mayor manera y en direcciones opuestas. De hecho, teniendo en cuenta el crecimiento poblacional de India, es muy probable que en los próximos años el peso del crecimiento económico de India sobre la media de la economía global sea mayor que la aportación de China al mismo.

Si esto es así, confirmaría uno de los mayores cambios de equilibrios de poder a nivel geopolítico del siglo, incrementando el poder de India en las negociaciones globales y mermando aún más el de los países occidentales. Además, la reducción del crecimiento económico chino hará que el crecimiento global se vea gravemente afectado, reduciéndose la media mundial al entorno del 3% anual, lo que podría perjudicar especialmente a los países emergentes más desfavorecidos.

Ver también

Inflación, crisis bancaria… ¿qué pasará con los tipos de interés? (Álvaro Martín).

Los peligros de la guerra comercial. (Álvaro Martín).

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