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Syriza, Podemos o Venezuela: el populismo y la hipocresía de la izquierda

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Con la victoria de Syriza copando todos los titulares en Europa y la consiguiente -y esperada- caída de la Bolsa griega como reacción a la nueva realidad política, uno no puede dejar de pensar en qué pasará en España cuando lleguen las próximas elecciones. Son muchas las similitudes ideológicas entre Syriza y Podemos, que se confirman al leer sus respectivos programas electorales. Pero si hay algo que une a ambas formaciones políticas es su naturaleza populista. Y es precisamente esta circunstancia la que más debería de preocupar al ciudadano medio en España. ¿Por qué? Porque el populismo es como un virus, cuya propagación acaba afectando a todas las formaciones políticas y cuyas recetas simplistas, contraproducentes y utópicas se acaban instalando en la mente de los votantes. Y es que Podemos es populista y demagógico hasta en el nombre. No, no podemos impagar la deuda, subir impuestos, aumentar el gasto público, aumentar la regulación, implantar una renta básica universal, nacionalizar media economía, gobernar con un sistema asambleario, adelantar la edad de jubilación o subir el salario mínimo. No podemos hacerlo si lo que buscamos es prosperidad. Podemos hacerlo (más bien, decir que lo haremos) si lo que buscamos es ganar unas elecciones. Populismo 2.0.

Para comprobar que las recetas populistas no funcionan no tenemos más que observar a dos países: Grecia y Venezuela. Empezando por Grecia, el discurso que ha aupado a Syriza al poder ha sido una fortísima oposición a unas supuestas políticas de austeridad y un rechazo de los ajustes exigidos por la Troika. Y digo supuestas por que el déficit público griego no ha parado de subir. Esta es la primera demagogia de la izquierda europea: vender una austeridad pública que brilla por su ausencia. Pero ya saben, repitan una mentira mil veces y se convertirá en verdad. La segunda es que parte de la situación griega sea por culpa de una desalmada Troika, que habría impuesto a Grecia unas medidas de ajuste imposibles de cumplir. Otra mentira tan grande como la que el Gobierno griego ocultó sobre la realidad de sus finanzas públicas al entrar en el euro. Gracias a la Troika, Grecia ha podido pagar los últimos años las pensiones y el resto del gasto social, ha logrado que no se le cierren los mercados de deuda internacionales (pese a hacer una quita de su deuda en 2012 del 73%, ahorrándose 100.000 millones) y ha podido financiarse en 2013 con tipos de interés más bajos que los de Alemania. Cuando uno compara la realidad con el discurso de Syriza se da cuenta del abismo que hay entre uno y otro. Ese abismo tiene un nombre: populismo. Lo peor del populismo es que siempre va acompañado de hipocresía. En el caso griego, la hipocresía es que un partido político que dice ser de izquierdas tarde apenas 24 horas en olvidarse de sus votantes y planee una alianza con ANEL, un partido de derechas griego que, en palabras de Juan Ramón Rallo es «nacionalista, mercantilista, antiliberal, antiausteridad, proteccionista y antiinmigración.»

Lo mismo que sucede en Grecia, lleva tristemente cerca de quince años sucediendo en Venezuela. Hugo Chávez, máximo responsable de la tragedia que hoy están viviendo los venezolanos, tenía la misma ideología que Podemos, por más que estos últimos lo quieran ocultar. Fue el populismo y la demagogia lo que aupó a Hugo Chávez al poder. Fueron unas promesas imposibles de cumplir y fue la ocultación de sus verdaderas intenciones las que lograron que millones de venezolanos confiaran su voto en el militar golpista. Muchos de esos venezolanos están arrepentidos de haber confiado en un discurso muy seductor, que prometía milagros y que tan sólo ha conseguido alcanzar unos niveles de miseria inaceptables. El régimen bolivariano estaba condenado desde el primer día, como cualquier otro sistema socialista, al más absoluto fracaso. Los que se sorprenden de que Venezuela haya aguantado tanto tiempo un sistema económico que consigue una pauperización generalizada deben de observar una variable que está copando titulares hoy en día: el precio del petróleo. El Gobierno de Chávez llegó al poder con el precio en $20 por barril y ha llegado a verlo a más de $150. Ahora que esos ingresos extraordinarios y ficticios desaparecen, la realidad se impone y observamos las consecuencias del intervencionismo económico de todos estos años: escasez y desabastecimiento generalizado, hambrunas, cortes de luz, inflación desbocada, déficit públicos gigantescos y un default más que probable (que ya roza una probabilidad del 100%). Con la abrumadora realidad que asola al país, el régimen de Maduro sigue siendo tremendamente populista, demagogo y mentiroso. La hipocresía del régimen venezolano es obvia. ¿Acaso creen que los principales dirigentes del país hacen colas para comprar productos básicos en los supermercados? ¿Creen que tienen las mismas dificultades para acceder a divisas internacionales a los mismos tipos de cambio que el resto de la población?

Y aquí es donde entra en escena Podemos. A todos los que les comparan y relacionan con el chavismo y Venezuela les acusan de manipuladores y demagogos. Afortunadamente, la hemeroteca y la documentación es tan abrumadoramente extensa que no hay duda de la relación profesional e ideológica entre unos y otros. Negar la relación es una simple estrategia electoral: que el electorado español sepa la verdad en este asunto tendría un coste que no se puede asumir. Mucho se ha escrito sobre la relación de Iglesias, Monedero y Errejón con el chavismo. Sabemos, por ejemplo, que han recibido varios millones de euros por (supuestamente) asesorar al gobierno venezolano. Mi opinión personal es que los asesorados han sido ellos. Hasta la idea del nombre de Podemos viene de Venezuela. El aluvión de millones recibido de Venezuela ha permitido (con La Tuerka primero y Podemos después) desembarcar en España el monstruo de chavismo. Los niveles de populismo a los que Podemos está degradando el discurso político son peligrosamente altos. Y como comentaba anteriormente, el problema del populismo es que se extiende. ¿Conclusión? Tenemos populismo para rato.

Una de las características del populismo es la manipulación de la verdad con fines electorales. Lo importante es llegar al poder y todo lo que se haga con tal de alcanzarlo es legítimo. Al igual que hemos visto que sucedía en Grecia y Venezuela, el populismo de Podemos es por encima de todo hipócrita. Ya sabemos (tras la buena labor de investigación de la prensa y no por la transparencia de sus líderes) que Iglesias y Monedero forman parte del top 1% de los ciudadanos por sus rentas. Los portavoces del 99% son curiosamente miembros del famoso top 1%. ¿Cabe mayor hipocresía? ¿No era imposible hacerse rico si no era mediante la explotación del obrero? ¿Qué sentido tiene que Monedero hable de los ricos como si él no fuese uno de ellos? Pierde bastante legitimidad una persona que dice que los ricos se van sin pagar cuando él lo es y se ha demostrado que intenta pagar los menores impuestos posibles.

No hay mejor ejercicio contra la ignorancia que el saber. Aprendamos de las catastróficas consecuencias que el socialismo ha provocado en Venezuela. Miremos con lupa el desastre económico que el nuevo gobierno de Syriza muy probablemente genere sobre sus ciudadanos. No caigamos en la trampa del populismo, con sus cantos de sirena y burda manipulación de la realidad, con sus promesas utópicas y sus liberticidas intenciones. No caigan en la trampa de Podemos. En la dramática situación en la que se encuentra España no nos lo podemos permitir. No, we can´t.

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