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Tucker Carlson, libertad de expresión y censura

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Parecía difícil de creer, pero así fue. El presentador más popular, con más audiencia de Fox News en los EEUU, fue despedido de la noche la mañana, sin previo aviso sin poder despedirse. No era sólo el más popular de la cadena conservadora, sino que multiplicaba varias veces la audiencia de su competencia en la progresista CNN. Era claramente el comentarista político más influyente de todo EEUU. Líderes de la izquierda norteamericana como Ocasio-Cortez celebraron que la censura haya ganado. Haciendo ver abiertamente, de nuevo, la oposición parece que intrínseca a la izquierda hacia la libertad de expresión.

Debates importantes y debates irrelevantes

Su primera aparición después de hacerse público el despido fue un vídeo de un par de minutos en Twitter que por cierto batió récords de audiencia. En este breve vídeo habla de

Cuán increíblemente estúpidos son los debates que hay en televisión. Son completamente irrelevantes. No significan nada. Sin embargo, al mismo tiempo, y esto es lo sorprendente, los asuntos innegablemente importantes, los que definirán nuestro futuro, casi no se discuten en absoluto. Guerra, libertades civiles, innovaciones científicas, cambio demográfico, el poder de las grandes empresas, los recursos naturales. ¿Cuándo fue la última vez que oyó un verdadero debate sobre alguno de estos temas? Ya va para largo. Debates así no están permitidos en los medios estadounidenses. Tanto los partidos políticos como sus donantes han llegado a un consenso sobre lo que les beneficia, y actúan en connivencia para cerrar cualquier conversación al respecto.

Tucker Carlson

Farmacéuticas accionistas

Pero, ¿por qué fue despedido Carlson? Es probable que fueran un cúmulo de hechos. Como también lo es que unos prevalecieran más que otros. Una pista importante parece encontrarse en su último editorial en la cadena. En este, ataca a los medios de comunicación por actuar en connivencia con la industria farmacéutica, que a su vez les financia. Su propia cadena Fox News, sin ir más lejos, tiene entre algunos de sus principales anunciantes a gigantes farmacéuticos como Novartis o GlaxoSmithKline.

El fondo Vanguard posee un 6,9% de Fox y Blackrock un 4,7%. Ambos están entre los principales propietarios de Pfizer, con más de un 15% de propiedad de la compañía juntos. Y oh casualidad, ambos poseen semejante propiedad de Moderna y Johnson & Jonshon, compañías particularmente relevantes en los tiempos del covid. Compañías, por cierto, que han gastado mucho más dinero en todo este tiempo en publicidad, marketing y propaganda que en investigación (por ejemplo, casi el doble en el primer concepto que el segundo por parte de Johnson).

Heritage Foundation

El CEO de Pfizer, Albert Bourla, expresó en la publicación de los resultados de su compañía en 2022 la importancia para ellos que tenía la percepción positiva de la empresa entre la población. Una percepción positiva que públicamente no compartía Carlson. Pregúntese por un momento si conocen un sólo periodista influyente español en algún medio relevante e importante de comunicación que haya hecho siquiera preguntas incómodas sobre empresas farmacéuticas en los últimos años del covid. Carlson parecía demasiado importante y popular para permitirse hacerse dichas preguntas frente a la cámara.

Su último discurso en la muy popular organización/think tank conservadora americana Heritage Foundation por su 50 aniversario puede resultar también clave para entender lo no sólo políticamente incorrecto que es, sino lo libre que se sentía y siente de hablar en público de temas que no suelen hablarse en público. Fue el 16 de febrero de 2023.

George Soros

Habló de una batalla espiritual entre el bien y el mal. De una izquierda no sólo como movimiento político sino impulsado desde una fuerza del mal. Un movimiento que normaliza, tolera o incluso fomenta culturas de muerte, sacrificios de la población, sexualización y abuso de menores. El verano del año pasado incluso llegó en su programa atacar abiertamente la influencia de George Soros sobre los gobiernos occidentales, otra figura y asunto intocables.

Otro de los anatemas, quizás tanto más siendo un comentarista conservador, fue especialmente desde la guerra de Ucrania revisar sus propias ideas sobre la política exterior de EEUU. Así, llegó a afirmar en alguna entrevista que considera que su mayor error como periodista fue apoyar la guerra de Irak de George W. Bush.

La creciente falta de libertad de expresión, precisamente en Occidente donde nos creíamos paladines de las libertades civiles y políticas, es un tema más que preocupante. Periodistas no progresistas cancelados por sus propios medios los deberíamos tener presentes en España con casos como Ussía en El Mundo, Sánchez Dragó en La Razón o Hughes en ABC. Está bien ser libre, incluso está permitido en un gran medio. Pero sólo hasta cierto punto. Puedes cuestionar la narrativa oficial. Pero sólo hasta cierto punto.

La verdad prevalece

También se ha difundido la idea de que fueron cruciales sus cuestionamientos de la limpieza electoral en EEUU frente a la empresa Dominion responsable de los escrutinios y las máquinas electorales. Pero como comenta su excompañera Megyn Kelly, no resulta convincente que si este es el motivo, permanezcan en la cadena presentadores que han cuestionado el proceso electoral más que Carlson, como es el caso de Sean Hannity.

Tucker Carlson era incómodo, demasiado incómodo. Libre, demasiado libre. Por ello y por más Hughes en La Gaceta le calificó tras abandonar Fox como ‘el mejor periodista del mundo’.

Como dijo Carlson con esperanza en su antes mencionado monólogo tras su despido de Fox:

Cuando la gente sincera dice la verdad, con calma y sin vergüenza, se vuelve poderosa. Al mismo tiempo, los mentirosos que llevan tiempo intentando acallarlos se achican. Se vuelven más débiles. Es la ley de hierro del universo: la verdad prevalece

Tucker Carlson

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