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Un club obligatorio de egoístas

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 "Una afección tan noble [la generosidad], en lugar de hacer al hombre más apto para las sociedades de superior tamaño, es casi tan contraria a ellas como el más estrecho egoísmo."

(D. Hume, Tratado, III, ii, sec. 2ª)

El Estado del Bienestar es un club en el que no rige el principio liberal esencial de adhesión voluntaria, al decretar su incorporación obligatoria para todo el que se mueva por su jurisdicción. El espíritu obligatorio de este club es justamente lo contrario, pongamos por caso, al cooperativismo, uno de los mecanismos asistenciales más interesantes, previo al Estado Providencia y verdaderamente solidario, surgido del movimiento obrero.

El Estado del Bienestar, por su carácter esencialmente masivo y coactivo, hace a las personas ser más egoístas de lo habitual; es uno más de los numerosos efectos indeseados del mismo. Digamos que produce egoísmos y barreras artificiales que no se darían con tal intensidad de no existir dicho club "generoso". Veamos las más llamativas:

  • Barreras de entrada a los inmigrantes. Los que han sido forzados a colaborar en este supuesto club solidario resulta que no ven con buenos ojos a los recién llegados que se benefician de él pero que no han participado en sus cargas. Esta reacción es muy lógica. El recelo de muchos ante la inmigración tiene, por tanto, una de sus causas en la existencia del Estado del Bienestar.
  • Barreras de entrada a inversiones extranjeras. Se necesitan "campeones nacionales" para que las sedes de empresas "estratégicas" (léase con buenos flujos de caja) se hallen en suelo patrio y así facilitar la necesaria financiación de los gestores de dicho club. De esta manera se administra con mayor comodidad el corral fiscal y se impide que parte de los beneficios de estas corporaciones se vaya a sufragar otros clubes del Bienestar.
  • Barreras de entrada a productos extranjeros. Los aranceles, las medidas antidumping y las restricciones a las importaciones no son más que burdas medidas para impedir que ciertos productos confeccionados fuera de los costosos estándares del Estado del Bienestar puedan competir con los producidos dentro dicho club forzoso; dificultando, de paso, el deseable desarrollo de los trabajadores más pobres en el exterior.
  • Barreras de entrada al mercado laboral. Los sindicatos fuerzan la mejora de todas y cada una de las condiciones laborales de los que ya tienen trabajo a costa de hacer mucho más difícil la entrada de aquellos que no lo tienen al carecer de la productividad marginal necesaria para ser merecedores de esas "mínimas" conquistas sociales. También unos costes laborales improductivos consecuencia de excesivas regulaciones del mercado laboral de este club de egoístas detraen inversión en capital, lo que supone una barrera segura a la subida natural de los salarios que van asociados a la mejora de la productividad.
  • Barreras de entrada a los no nacidos. Constato que el pensamiento progre, el Estado del Bienestar y el aborto van de la mano. A esto habría que sumar el movimiento contrario de "salida forzosa": ciertas malas prácticas médicas de eutanasia no solicitada por el afectado o sus allegados para "aliviar" los crecientes pagos comprometidos del club del Bienestar.
  • Barreras de salida a jubilados. Las edades de jubilación y años de cotizaciones que den derecho a pensiones máximas a cargo de la Tesorería de la seguridad social se van estirando con el tiempo a medida que no les van saliendo las cuentas a los gestores del club.
  • Barreras de salida a empresas. El clan del Bienestar sale muy caro y toda salida de verdadera riqueza se intenta interesadamente frenar desde los poderes públicos, con la excusa de haberse beneficiado el asociado de ciertas exenciones fiscales o ayudas estatales. Las subvenciones, primero, y los impedimentos a las deslocalizaciones posteriores son un círculo vicioso insensato. Otra barrera de salida indirecta sería la armonización fiscal de bases o tipos de impuestos entre estados para impedir que las empresas encuentren su óptimo tributario en otro sitio y se larguen de donde están.
  • Barreras de salida a naciones de un mismo Estado. La asunción básica de todo socialdemócrata es que cuanto mayor sea el Estado mejor se garantizará la "justicia social". El Estado del Bienestar, por tanto, es uno de los frenos más importantes para la pacífica secesión o desagregación voluntaria de unidades nacionales dentro de un mismo Estado.

Todas estas actitudes son signos claros de egoísmo o de recelo sobrevenido. Con un desmantelamiento importante de este club forzoso ya no nos asustarían la entrada de productos o inversiones extranjeras (las veríamos como lo que realmente son: riqueza), ni la llegada de inmigrantes o de nuevos nacidos a la sociedad (pues constataríamos con normalidad que, a su debido momento, trabajan para conseguir su sustento sin aprovecharse de nadie), ni la saludable flexibilidad del mercado laboral (con menores cargas sociales subiría la productividad y, por tanto, los salarios de todos los trabajadores), ni la salida del mercado laboral cuando a uno le venga en gana (al haber contratado un plan privado a su costa), ni nos opondríamos a la marcha de empresas al exterior (pues entenderíamos que buscan su beneficio y que el facilitar su salida implicaría allanar la llegada futura de otras), ni nos horrorizaría "la salida" pacífica de naciones de un mismo Estado (sin la existencia de un estado asistencial y teniendo los individuos aseguradas privadamente sus coberturas básicas, no existirían esos recelos tan grandes que hoy se perciben ante propuestas de secesión; siempre, claro está, que sean por vías pacíficas y sin atropello de las libertades individuales).

Las diferentes caras del socialismo y su hijo pródigo, el Estado del Bienestar, conducen fatalmente a todo tipo de proteccionismos. El que se haya interesado un poco por el liberalismo, es decir, por tomarse en serio la institución del mercado, sabrá que, desde sus inicios, viene defendiendo la desaparición de éstas y otras muchas barreras.

Y luego la sociedad cerrada y sus amigos acusan al liberalismo de dar rienda suelta al egoísmo ¡Qué sarcasmo!

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