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Venezuela: cinco años más de subvención liberticida

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El oficialismo triunfó en Venezuela. Más madera para que los adeptos a Chávez, sobre todo la progresía europea, insistan en que las urnas lo legitiman. En este sentido, de cara a la salud democrática, tiene mayor valor el fair play de Henrique Capriles acatando la derrota y prometiendo trabajar constructivamente desde la oposición. ¿Hubiera hecho lo mismo el caudillo bolivariano de haber perdido o hubiera desatado un tsunami de magnitudes incalculables?

La revolución bolivariana dispondrá, por tanto, de una nueva legislatura. Lo que no cambia es el vocabulario y las formas. En efecto, al estilo de los dirigentes de la antigua URSS, Chávez ha hablado del II Plan Socialista de la Nación, al igual que en su día Stalin estableció los Planes Quinquenales. Dicho plan seguirá las directrices habituales del Chavismo, esto es, politización de la ayuda a través de los programas sociales, permitiéndole obtener lealtades inquebrantables.

Más complejo se presenta el panorama para la libertad de expresión, no siendo descartable que tenga como modelo a Rafael Correa. Éste ha definido la victoria de Chávez como algo «maravilloso», empleando un lenguaje de corte bélico: «próxima batalla: Ecuador». Las extravagancias no han terminado ahí, de tal manera que Evo Morales ha dedicado el triunfo de Chávez al Che Guevara. Cualquier argumento es bueno para anestesiar a las masas.

Asimismo, conscientes de que en Venezuela puede producirse una incertidumbre a todos los niveles, especialmente en el económico, unido a las posibles represalias hacia quienes no comulgan con el Chavismo, la combinación de ambos factores ocasionará que muchos venezolanos opten por la emigración. En este sentido, no caigamos en el error de pensar, como le gustaría a Chávez, que se trata de una emigración por razones políticas, puesto que el panorama laboral en el interior invita a buscar destinos en otras naciones, especialmente en aquellas que en mayor medida son víctimas de las iras verbales del Presidente (Estados Unidos).

Igualmente, el ventajismo se ha apoderado de las primeras manifestaciones de Chávez. Avisos al Rey de España (recordando el incidente en la Cumbre Iberoamericana de 2007) y denuncias de una conspiración internacional (a la que, obviamente, ha derrotado) que trataba de hacerle perder las elecciones, han sido los primeros ejemplos, aunque no serán los últimos. La campaña electoral americana espera sus «análisis», pese a que para Barack Obama y Mitt Romney lo que sucede en América Latina ocupa un lugar marginal.

Este cúmulo de circunstancias no puede ocultar un hecho: el empobrecimiento aumenta en Venezuela, mientras el resto de vecinos regionales implementan estrategias con las que fortalecen sus economías (por ejemplo, la Alianza del Pacífico), buscando generar sinergias despojadas de componentes ideológicos. Como se observa, todo lo contrario que el país caribeño, que insistirá en profundizar las relaciones con Rusia, Irán o Bielorrusia, mientras subvenciona a sus socios del ALBA.

En efecto, Daniel Ortega y los Castro son quienes con mayor alegría han recibido la victoria de Chávez, a pesar de que el nicaragüense no hace ascos en sumarse a las peticiones de dinero a Estados Unidos para afrontar los problemas de seguridad que atraviesa Centroamérica. En cuanto a la Isla-cárcel, la ayuda de Caracas le permitirá mantener en pie ciertos dogmas, como la calidad de su medicina, cuando en realidad son cada vez son más los hospitales que se cierran.

Por tanto, la política de símbolos prosigue. Apoyo incondicional tanto a Bashar Al Assad (presentándolo como en su día hizo con Gadaffi como un mártir de la voracidad del capitalismo) como a Ahmadineyad, incurriendo en el antisemitismo, como se mostró durante la campaña electoral, sin olvidar que Chávez tratará de aparecer como el valedor de «la paz» en Colombia. El resultado de todo ello es que Venezuela dará nuevos pasos hacia su decadencia como país, mientras que la inseguridad e incertidumbre regional aumentarán.

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