Skip to content

Venezuela: socialismo y asesinato a manos del Estado

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

Cuando tengo la oportunidad de explicar a mis alumnos qué son el fascismo y el nacionalsocialismo, mi principal objetivo es que lleguen a dos conclusiones fundamentales: la primera, que comprendan que estas dos ideologías son claramente de izquierdas, a pesar de las percepciones comunes que las sitúan en otro espectro político. Y la segunda, que comprendan que el fascismo y el nacionalsocialismo no son fenómenos del pasado que hayan desaparecido. Siguen presentes en la sociedad actual de formas que pueden no ser evidentes a simple vista.

Es importante subrayar que la persistencia de estas ideologías no se debe a la admiración de unos pocos por figuras históricas como Hitler o Mussolini. Tampoco a la existencia de grupos neonazis dispersos dentro o fuera de Alemania. De hecho, poco tiene que ver con la etiqueta de «fascista» que se suele lanzar indiscriminadamente por los medios «woke». La combinación de socialismo y nacionalismo ha logrado perdurar y perpetuarse. Eso, a pesar de que sus símbolos, imágenes y referencias literales (esvástica, por ejemplo) son ampliamente rechazados en la esfera social.

La forma concreta en que se manifestaron estas ideologías ha evolucionado y no sigue siendo idéntica. Pero su esencia ha logrado infiltrarse en el paradigma político contemporáneo de maneras sutiles y difíciles de reconocer para muchos. El trasfondo y los principios fundamentales que sustentaban estas ideologías han dejado una huella duradera en nuestra sociedad, aunque no siempre sea evidente.

Nuestras economías fascistas y nacional socialistas

En la actualidad, la amplitud del espectro político está infrarrepresentada. La mayoría de los Estados implementan un Estado del Bienestar similar, controlan sectores estratégicos de la economía, regulan el tránsito de personas y mercancías, controlan los medios de comunicación y emplean medidas de censura, expresan la violencia policial, prohíben las armas y las drogas, etc.

Estas políticas públicas suelen justificarse desde lógicas socialdemócratas y nacionalsocialistas. Por ejemplo, la defensa de la educación pública se hace para garantizar tanto la igualdad de oportunidades como una juventud homogéneamente educada y leal a su nación. Del mismo modo, la inmigración se controla para proteger a los trabajadores nacionales, proteger la integridad nacional y evitar desequilibrios económicos. Es decir, el Estado no acepta inmigrantes en masa porque pueden perturbar su planificación económica.

Socialdemócratas de todos los partidos

Los socialdemócratas de todos los partidos han conseguido hacernos creer que sus enemigos, su extremo opuesto, la extrema derecha, son los fascistas/nacionalsocialistas. En realidad son sus primos cercanos, sus aliados en la lucha contra el liberalismo y el capitalismo por parte de los socialistas no marxistas. Desde la Primera Guerra Mundial, los Estados y supra-Estados han apoyado políticas características del fascismo y del nacionalsocialismo como:

  • Control estatal de sectores estratégicos para la guerra bélica o para la guerra contra la pobreza, las drogas, el COVID, etc.
  • Proteccionismo y privilegios para empresas y trabajadores nacionales.
  • Nacionalización de empresas, acoso al sector privado y eventuales controles de capitales, de precios y salarios.
  • Rechazo del patrón oro junto a manipulaciones monetarias por medio de la banca central como expansión del crédito, manipulación de los tipos de interés, etc.
  • Atención sanitaria nacional, seguros de desempleo, imposición de estándares educativos y políticas de planificación familiar.

Posiblemente la mayoría de las economistas no se reconozcan a sí mismos como «fascistas en lo económico» aunque indirectamente si lo sean. Especialmente, por la vía del Keynesianismo anti libre mercado o por la vía de síntesis proteccionistas-nacionalistas, socialistas de mercado, capitalismo-escépticas.

Nacionalsocialistas en lo económico, progresistas en lo social

El mainstream político no solo se esfuerza por hacernos creer que la mayoría de los políticos de izquierda se diferencian importantemente de Hitler o Mussolini en cuanto a sus políticas sociales y económicas. O que los únicos que se les parecen son los políticos de «extrema derecha» como Trump y Bolsonaro. También han querido asociar a Hitler con el conservadurismo. Y, sin embargo, el proyecto nazi era tan progresista como el socialismo del siglo XXI de Chávez o la agenda 2030 de Naciones Unidas.

La exaltación de épocas pasadas en discursos populistas y de agitación no convierte inmediatamente a cualquier político en conservador. Las imágenes del pasado se utilizan a menudo para reforzar una identidad nacional. Para hacer sentir al público que en sus venas y en su historia habita el poder, la voluntad y el destino de cambiar el mundo. De reorientarlo o reconstruirlo.

Un nuevo hombre para una nueva sociedad

Por ejemplo, Chávez y su revolución bolivariana se sirven descaradamente de la imagen manipulada de Bolívar para pintarlo como pensador socialista y héroe de la clase obrera y nacional. Sin embargo, el culto a Bolívar no contradice en absoluto las ambiciones progresistas de la revolución. Ésta pretende emplear el Estado para llevar a cabo los cambios radicales necesarios para construir una sociedad nueva, solidaria y autosuficiente, con abundancia material e igualdad u homogeneidad.

El proyecto nazi, o la revolución bolivariana, no buscan actualizar órdenes sociales anteriores, buscan crear una nueva sociedad y un nuevo hombre. Lo que para muchos marca la diferencia radical entre el nazismo y los socialismos nacionalistas actuales es el énfasis de Hitler en la cuestión racial determinada genéticamente. Su ingeniería social se basaba en la eugenesia o higiene social. Es decir, en limpiar ética y racialmente Alemania, buscando llevar a la extinción a judíos, enfermos psiquiátricos, discapacitados y otros grupos perseguidos.

Redistribución hacia los ciudadanos de primera

Sin embargo, los ingenieros sociales actuales no hacen hincapié en el componente genético como antes. Han trasladado la pelota al terreno de los cambios culturales y las ideas. El medio no es eliminar personas de una etnia concreta, sino eliminar ideas de una naturaleza concreta. La reeducación de la población y la criminalización de determinadas ideas o expresiones es el medio preferido de los progresistas del siglo XXI. Eso es lo que les diferencia de los del siglo XX.

Los distintos socialismos establecen bajo diferentes esquemas su lógica distributiva, por ejemplo, de burgueses a proletarios o de productores a no productores. En el caso del nacismo la distribución fue de judíos, grupos perseguidos y extranjeros hacia el Estado con reparto prioritario hacia el gasto militar y los alemanes arios. Este mismo esquema es característico de los progresismos que establecen una agenda política que diferencia ciudadanos de primera y de segunda, grupos expoliados y priorizados, beneficiando a productores, funcionarios públicos, minorías agrupadas y grandes empresas, a costa de los consumidores, autónomos, pequeñas empresas, nuevos trabajadores y empresas no enchufadas.

El asesinato como política de Estado

Aunque la mayoría de los Estados se empeñan en realizar purgas sociales, ideológicas y culturales en lugar de purgas físicas, excluyendo o matando a los ciudadanos, el Estado venezolano está llevando a cabo actualmente una brutal limpieza étnica y socioeconómica mediante una política sistemática de violencia policial y ejecuciones extrajudiciales. Las fuerzas de seguridad están militarizadas y reciben órdenes directas de entrar en los barrios más pobres de la ciudad para secuestrar o matar en el acto a jóvenes varones entre 16 y 25 años.

Durante sus 2 primeras décadas de gobierno, el chavismo permitió que la delincuencia alcanzara su punto más alto, debilitando las fuerzas policiales, el sistema judicial y armando directamente a grupos dedicados al robo, el secuestro y el narcotráfico. En los últimos años, Maduro ha centrado progresivamente sus esfuerzos en controlar o exterminar a los grupos armados que ellos mismos crearon, constituyendo una nueva política de control de las zonas rojas del país. Esta estrategia totalitaria es efectiva incluso dentro del marco democrático, la población azotada por la delincuencia puede apoyar las políticas de «mano dura» como solución a la inseguridad, sin embargo, pagan un precio muy alto, y es ampliamente conocido que cada día mueren jóvenes inocentes, o al menos sin un juicio adecuado, en manos de las fuerzas policiales.

Venezuela

Actualmente, en Venezuela existen toques de queda y redadas nocturnas donde los jóvenes son cazados en sus propias casas, esto permite al Estado infundir terror y debilitar a las comunidades donde se llevan a cabo las ejecuciones, ya que en esas zonas pobres donde el Estado suele atacar, las familias dependen unas de otras, pero el nivel de violencia con el que el Estado las ataca las deja desamparadas, abatidas, resentidas y desesperanzadas.

Investigadores de la organización Caracas Mi Convive registraron cualitativamente la experiencia de los familiares de las víctimas. Y la tragedia se puede ver reflejada en algunos extractos:

«Tocó la puerta y… “tía me van a matar, tía me van a matar”. El policía lo agarró y le decía a la policía: “dame una pela, no me mates” y él le decía: “cállate que te voy a matar, cállate y arrodíllate” y cuando, cuando mi prima como abrió la puerta un poquito, le dió.»

«A todas estas, los policías se pusieron a sacar las balas de todas las paredes para llevárselas, para que no quedara ninguna evidencia en su contra, ¿entienden?»

«Porque de verdad, si mi hijo tuviese algo que ver en lo que lo involucraron… yo realmente, ni estuviera hablando contigo. Ni… estuviera perdiendo mi tiempo en una fiscalía, ni buscara que realmente saliera a la luz la verdad.» (Sardi, et al. 2018, pp. 61-71)

No tan diferente

La situación política y económica actual se parece más al fascismo y al nazismo de lo que muchos reconocen, aunque el componente totalitario no es el mismo, se dan fenómenos similares en los regímenes democráticos. Por su carácter progresista, estas ideologías y sus manifestaciones actuales suelen centrarse en la creación de un hombre nuevo, para lo cual la población debe ser depurada ideológica y físicamente.

Particularmente en Venezuela (o en China con las etnias musulmanes), hoy en día se está llevando a cabo una limpieza física, a la cual no se le da la relevancia que merece porque se asume que lo que está haciendo el chavismo-madurismo resulta de alguna forma diferente a lo que hizo Hitler, pero de ninguna manera lo es.

Bibliografía

Sardi, G., García, S., Oropeza, C., Udelman, F. & Azpúrua, I. (2018) Cuando suben los de negro. Experiencia de duelo en víctimas de violencia policial. Caracas, Venezuela.

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

Crisis en el estatismo

La tarea contra el estatismo es fundar nuevas escuelas y universidades liberales o transformar a las instituciones educativas para que la cultura libertaria penetre en la población y la puedan defender contra el estatismo.