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¡Willkommen, Frau Merkel!

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Mayo del 45. Después de seis años de guerra, la más devastadora que jamás haya conocido la humanidad, el experimento nacionalsocialista llevado a cabo por un cabo austriaco iluminado ha concluido con las tropas aliadas ocupando el corazón del Reich de los Mil años, con Alemania dividida en cuatro zonas de ocupación, con las ciudades reducidas a escombros, con cientos de miles de refugiados. Alemania está postrada, arruinada… nunca ninguna sociedad había sufrido tal grado de devastación…

Cinco años después, Alemania del Oeste estaba en marcha, diez años después la RFA volvía a ser una gran potencia económica. Alemania resurgía de sus cenizas. Se había producido el Wirtschaftswunder: el "Milagro Económico Alemán".

¿Cómo fue posible? ¿Cómo la Alemania destrozada por la guerra pudo en el plazo de unos pocos años volver a ponerse en marcha? ¿Cómo se produjo el Milagro?

Para muchos, la respuesta radica en el Plan Marshall. Gracias a él, millones de dólares americanos se vertieron sobre la destrozada Alemania, un estímulo "keynesiano" que volvió a poner en marcha la economía… Sin duda, el perfecto ejemplo, un ejemplo que encaja perfectamente con las ideas "estatistas", planificadoras e intervencionistas, y que es el paradigma del éxito de la intervención del estado en la economía.

Así, la historia oficial nos cuenta cómo, después de haber dirigido el esfuerzo bélico aliado hasta la victoria, el General George Catlett Marshall, el "organizador de la victoria" como le denominó Winston Churchill, se puso a los mandos de un vasto plan de inyección de dólares en la arrasada Europa, que estimuló la economía y permitió a las sociedades europeas de este lado del Telón de Acero recuperarse.

(Excepto a una de ellas, que, debido a sus previas simpatías con el Eje, fue dejada de lado…).

Luego ¿qué es lo que hace falta para sacar a Europa, y muy concretamente a España, de la situación económica en la que estamos? Rubalcaba tiene la respuesta: Un nuevo Plan Marshall, pero esta vez pagado no con dólares americanos, sino por euros alemanes.

Realmente hay paralelismos entre ambas situaciones. Así, la devastación causada por los bombarderos de la VIII Fuerza Aérea o los saqueos por parte del Ejército Rojo puede ser comparable desde el punto de vista económico con las medidas tomadas durante los ocho años en los cuales el ahora líder socialista formó parte del gobierno de otro iluminado.

Y, lógicamente, un nuevo plan, en este caso un "Plan Merkel" sería la solución…

Pero se parte de un error de base… El Plan Marshall, salvando las distancias a su favor por basarse en moneda fuerte y ahorro real americano, en vez del nuevo plan, que se basaría en aumentar la deuda global europea…, NO funcionó.

El Plan Marshall no rescató a Europa, no relanzó la economía. Sin duda, la entrada masiva de leche en polvo americana vino muy bien a una población hambrienta…, pero lo que realmente volvió a poner a Alemania Occidental en pie fueron las medidas económicas que Adenauer y su Director de Economía, Ludwig Erhard, impusieron a Alemania. A saber, una moneda fuerte, liberalización económica, disciplina fiscal, en resumen, pura ortodoxia económica. Unas medidas que fueron duras, que contaron con el rechazo inicial de importantes sectores del pueblo alemán, que de hecho en una primera etapa vio cómo dichas medidas empeoraron su situación, pero realmente sanearon la economía y pusieron a Alemania a trabajar.

Porque los megaplanes, ya sean los quinquenales de Stalin, los cuatrienales de Hitler, el Gran Salto Adelante de Mao, la Gran Sociedad de Lyndon B. Johnson o, a un nivel más cutre y cercano el Plan E de Zapatero, siempre han sido desastrosos para sociedades donde se han puesto en práctica, generando, desde déficits astronómicos hasta hambrunas, desde bolsas de pobreza y marginación permanentes hasta asesinatos masivos…

Y la razón es evidente. Nadie sabe cómo manejar la economía de una sociedad compleja, un sistema caótico que se autorganiza mediante los miles de millones de decisiones individuales que todos y cada uno de nosotros tomamos persiguiendo nuestro propios, y únicos legítimos, intereses, basándonos en la única información real que tenemos, siempre incompleta que es el sistema de precios (y que el Estado se encarga de distorsionar y falsear…).

Marshall era un gran general… y fue capaz de cumplir un único objetivo, derrotar al Eje, mediante lo que, de nuevo, Winston Churchill denominó "la aplicación correcta de una fuerza arrolladora". Pero ni él ni nadie pueden aspirar a hacer lo mismo en un sistema, repito, inherentemente caótico e hipercomplejo…

Así que, en fin, mejor que vestirnos de toreros y bailaores de flamenco y preparar pancartas con "Willkommen, Frau Merkel". Quizá, de una vez por todas, los españoles deberíamos empezar a pensar en trabajar en serio.

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