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Adiós, Borrell

Publicado en Libertad Digital

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Borrell llega a verdes de la atalaya de la burocracia europea que "Europa ya no seduce" y que la gran promesa de sus políticos de sacarla de su decadencia económica y convertirla en la zona más competitiva y próspera del planeta para 2010 no se cumplirá ni en sueños. Pero no acierta en la identificación de las causas del problema y sus soluciones se limitan a profundizar en los errores del pasado.

Para resumirlo en pocas palabras, Borrell sitúa el origen de la lamentable situación en la ampliación del número de países y una diversidad social que no ha venido acompañada de ingeniería social unificadora. De acuerdo con esta visión de las cosas, la globalización se ha convertido en una amenaza a la que hay que "enfrentarse" debido a la coexistencia de la libertad de movimientos, producto del mercado único, y la diversidad fiscal, económica y social de los distintos países miembros. Su solución, claro, pasa por la armonización económica y fiscal e impulsar los grandes proyectos sociales.

Este señor no aprende. En su etapa al frente de la política presupuestaria española, sus propuestas desembocaron en un déficit fiscal cercano al 7% del PIB, tres devaluaciones de la peseta y un paro escandaloso. ¿Se puede ser más miope? El proyecto europeo estuvo vivo mientras se centró en la garantía de las libertades individuales clásicas. En ese entorno, el aumento del número de países sólo podía ser una bendición. En cambio, en el marco de los grandes proyectos igualitaristas que tanto gustan a Borrell y que simbolizó la malograda Constitución Europea, la diversidad y las libertades económicas se convierten en un problema. Por eso, para el presidente saliente, "el mercado único se muestra como el terreno de juego de un capitalismo desenfrenado". Pero la verdadera causa de la decadencia actual es el abandono del proyecto liberal y el abrazo de estúpidas pedanterías colectivistas.

Establecer desde Bruselas, como propuso Borrell, un salario mínimo europeo sólo puede excluir del mercado a los trabajadores menos productivos de Europa. Luchar contra la globalización atacando el federalismo fiscal o tratando de evitar las deslocalizaciones, otras de sus desatinadas propuestas, sólo fomentará la elevación de las barreras frente al resto del mundo. Se ha ido Borrell y esperemos que, con él, la ceguera que aleja a Europa de ser una próspera zona de libertades económicas e individuales.

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