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Bali, el adiós a Kioto

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El cambio climático se ha convertido en un asunto político de primer orden. Ahora que no podemos oír las risas ni ver las miradas de condescendencia de nuestros nietos por dedicar tanto tiempo a estas cuitas, el calentamiento global es uno de los argumentos de la política más poderosos. De modo que hay que armarse de paciencia y algo de criterio propio para aguantar el chaparrón apocalíptico que nos viene encima.

De otro modo podemos acabar comprando mercancía averiada. Es el caso de Kioto, un protocolo que reconoce un problema real, lo exagera y magnifica para darse importancia y luego propone una solución (el racionamiento) que es económicamente absurda y perjudicial, y que además se reconoce que no tendrá efectividad alguna (retrasar en 6 años el calentamiento previsto para 2100, en el mejor de los casos).

Nadie lo dice, pero Kioto acaba de fenecer en Bali. La política de Kioto, que pasa por imponer reducciones de CO2 a plazos y que era la principal baza de Europa ha sido descartada por la oposición de Estados Unidos, Canadá y Japón. Y se han abierto las puertas a otras políticas que son razonables y efectivas, pero que se condenaban con un anatema. Por ejemplo se considera la conveniencia de que la humanidad, como ha hecho a lo largo de la historia, se adapte a los cambios del clima. Puesto que los bosques consumen CO2, se ha prestado especial atención en Bali a los cambios en el uso del suelo, y en concreto a la deforestación allí donde se produce. Y, por último, se incide en la conveniencia del fomento y la transmisión de tecnologías más limpias. Es decir, que aquí quien se ha impuesto es Estados Unidos y la concepción que tiene de cómo luchar contra el calentamiento y lo que ha naufragado sin remedio es la solución europea de las cuotas.

Los gobiernos europeos son unos auténticos ases en dar lecciones. No tienen empacho alguno en adoptar una actitud moralizante hacia Estados Unidos por no haber ratificado un protocolo que virtualmente ha sido abandonado. Y eso que las emisiones de Europa, pese a tener un menor crecimiento económico, aumentan mucho más rápido que en Estados Unidos.

Se ve que el poder corrompe y el poder en Europa corrompe absolutamente.

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