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Cobardes

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Tiene el aplauso del respetable en el bolsillo. Cuando baja, se le acercan varios empresarios a felicitarle efusivamente por sus palabras. Pero ¿cuál es mensaje que se lanza verdaderamente? Este: "Los empresarios hemos creado siete millones de puestos de trabajo sin que se haya reconocido nuestra labor". Es decir, que no quieren que el Gobierno les siga vistiendo de bruja en el guiñol nacional.

Hasta ahí llegan. Se quejan de que la sociedad no les reconozca su papel, de que el Gobierno les utilice en sus pobres representaciones ideologizadas, y con eso se conforman. El Gobierno, bien lo saben ellos, está hipotecando nuestro futuro por estrategias a corto plazo de supervivencia en el poder; está socavando todo consenso y sentando las bases de nuevos enfrentamientos sociales; está desatendiendo las reformas que nos permitirían seguir formando parte del primer mundo. Y a lo más que llegan es a pedir que les dejen, a ellos, en paz.

Si de verdad quisieran que cambien las cosas, harían algo más que lamentarse en privado y darse palmaditas en la espalda. Por lo que se refiere al debate público, tenemos un empresariado cobarde y adocenado, que levanta la voz lo suficiente como para poder autocomplacerse, pero nunca tanto como para poner en riesgo una subvención o un mal texto en el BOE. El Mundo junta a 100 de esos empresarios y ninguno es capaz de decir que todos los cambios necesarios los deben liderar ellos. Son como el Gobierno que desprecian en privado: se aferran a su pequeña estrategia y no se ven lo suficientemente concernidos por el futuro de España como para enfrentarse a este Gobierno y a su discurso.

Tienen todos los medios necesarios para hacerlo. Hay mil iniciativas sociales en marcha y otras tantas que podrían crearse para ayudar a cambiar la sociedad española. Cuentan con el dinero y con los mejores profesionales a su disposición. Lo que les falta es aprecio por España y los españoles y por ellos mismos. Y valor para luchar por todos.

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