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Competencia desleal y monopolio

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Según una noticia publicada en ABC, «los representantes de las asociaciones de libreros de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife tachan de competencia desleal la venta de libros de texto por parte de las Ampas (Asociación de Madres y Padres de Alumnos) que está siendo permitida por la Administración Pública». Además, quieren «que se prohíba la venta de libros en los colegios» pues entienden, según el presidente de la Asociación, Antonio Ribero, que se «tiene que tener en cuenta que quienes les dan de comer a las editoriales son las librerías, no los colegios».

La primera pregunta que tenemos que hacernos es: ¿las Ampas en los colegios reciben ayudas públicas que les permiten vender los libros con precios más baratos que el resto de competidores con cargo al contribuyente? Si la respuesta es afirmativa, estaríamos hablando de una competencia desleal como acusan los libreros.

Sin embargo, si es negativa, entonces estamos ante unas asociaciones que han sido capaces de vencer a sus competidores en el mercado bajando precios y satisfaciendo mejor a los consumidores, lo cual no solo no tiene nada de desleal sino que es la competencia más sana que existe.

Vamos a ponernos en el peor de los casos, las Ampas hacen competencia desleal porque reciben ayudas públicas que no llegan a los libreros. Si fuera así, los libreros, adscritos a estas asociaciones, deberían pedir el cese inmediato de este tipo de subvenciones por tratarse de una competencia desleal y ser una fuente de corruptelas donde algunos podrían llevarse algún que otro euro al bolsillo.

Algún lector podría pensar que los libreros deberían pedir que las ayudas públicas también lleguen a ellos, pero en ese caso los consumidores y contribuyentes saldríamos perjudicados.

Sin embargo, los libreros no solicitan el cese de las ayudas públicas que eliminaría la competencia desleal, sino la prohibición de la venta de libros en los colegios. Es decir, lo que piden es que el Estado les otorgue un privilegio.

Dicho en términos económicos, lo que quieren es tener el monopolio del suministro de libros de enseñanza a los usuarios y así poder ver garantizado sus beneficios sin necesidad de competir en el mercado satisfaciendo de la mejor manera posible a los consumidores, y si a todo esto le suman alguna ayuda pública que garantice aun más sus beneficios mejor que mejor.

La realidad es que el mundo de las librerías ha cambiado totalmente con la venta de libros por Internet. Hoy en día, gracias al ingenio empresarial e Internet, podemos conseguir cualquier libro a muy buen precio sin salir de casa.

Por ello, los libreros, en vez de solicitar privilegios monopolísticos, deberían pedir el cese de las ayudas públicas y buscar nuevas fórmulas de negocio para satisfacer a los consumidores y no seguir pensando que «quienes les dan de comer a las editoriales son las librerías» y no los compradores de libros, como dice el presidente de su asociación. Es muy probable que si no lo hacen tengan que cerrar sus negocios por haberse olvidado de una máxima del éxito empresarial, lo importante son los consumidores.

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