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Cuando la ciencia es un invitado incómodo

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Su llegada ha coincidido con la presentación del primer informe del IPCC de esta Cumbre del Clima. El primero de ellos es el resumen para políticos, escrito también por políticos: delegados de centenar y medio de países han escogido lo que más les interesaba del informe científico preliminar y con ello han elaborado su mensaje: "El calentamiento global es culpa del hombre, pero por fortuna estamos nosotros para salvarle y redimirle".

Lo característico del caso es que, según está previsto en el IPCC y ha ocurrido en las anteriores cumbres, está previsto que el informe científico definitivo, en lugar de recoger sólo las conclusiones de los científicos, se tenga que adaptar a las que se han escrito para el resumen. De este modo se da la paradoja de que los políticos dicen seguir las desinteresadas consideraciones de los científicos, cuando son éstos los que se tienen que adaptar a los primeros.

El problema está en que la ciencia no tiene una opinión unívoca sobre la medida en que se esté produciendo el calentamiento de nuestro planeta, y mucho menos sobre la medida en que el hombre esté contribuyendo a ella. Por ejemplo, en el borrador del informe científico, antes de que se adapte en su redacción final a los caprichos de los políticos, revoca lo dicho en el anterior, de 2001.

Las previsiones de subida del nivel del mar se han reducido a la mitad. Se reconoce que en el anterior informe se exageró el papel del hombre en el calentamiento en un tercio como mínimo. La Antártica no pierde hielo, de acuerdo con el informe, y en contra de lo afirmado en 2001.

Pero la política sigue su curso, imponiendo un esquema de racionamiento (Kioto) cuyo único efecto previsible es que nos hará más pobres. Ello dañará el mejor método que hemos encontrado para progresar y mejorar el medio ambiente al mismo tiempo: la apuesta por tecnologías a la vez más productivas y más limpias.

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