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Da igual

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Es un impuesto brutal sobre el trabajo; es decir, sobre el trabajador, que es quien lo paga íntegramente. Al empresario sólo le interesa saber el valor que le aporta el trabajador y lo que le cuesta. Cómo se lo reparta el trabajador no entra en sus cálculos. Si se suma ese coste a la contratación, se destruye empleo. Así de sencillo.

Da igual. Aunque la CEIM haya propuesto también reducir el coste del despido de 45 a 20 días. Como es un coste que se añade a cada nuevo contrato, muchos de éstos no llegan a nacer y aquí paro y después… después el drama personal por no encontrar un hueco en el mercado.

Da igual. Luego llega Zapatero, con el puño izquierdo en alto, y dice ante un público entregado que "a tantos que piden el despido barato y libre, les tengo que decir que no". Y, efectivamente, da lo mismo todo. Porque mientras unos hablan desde la lógica, Zapatero habla desde la política. No tiene ninguna relevancia reunirse con Zapatero para exponerle las causas de nuestra crisis o sus posibles soluciones, porque ni el Gobierno ni su presidente hablan de la realidad ni desde la realidad, sino desde el propio discurso. El discurso es el juego de sobreentendidos, de connotaciones, de mensajes sencillos y claros, de mantras millones de veces repetidos cuyo único objetivo es reforzarse ante el electorado y machacar al adversario.

Así podríamos pedirle a Zapatero un contrato libre, no el despido libre del que habla él. Y podríamos afinar los argumentos, enhebrarlos en ejemplos históricos y estadísticas aleccionadoras, que todo daría igual.

¿Y la venganza de la realidad en forma de millones de parados? Tampoco importa si es que prevalece el discurso, la ideología. Zapatero culpó de la crisis al maluto de Bush hasta que su despacho lo ocupó san Obama, ora pro nobis. A partir de entonces ha culpado a los bancos. Sabe que sus votantes sólo necesitan un clavo al rojo vivo para agarrarse y entregar su voto. La realidad no cuenta. Es lo que cuentas de ella lo verdaderamente importante.

La ideología. El discurso. Eso sí que importa.

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