Skip to content

Derechos, derechillos y derechetes

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

Nosotros, los ciudadanos, les seguimos el juego, quizá para no desilusionarles. Y muchos de nosotros creemos que, de verdad, tenemos ese derecho, sólo porque unos cuantos tipos han dicho a la vez. Algunas veces se lo llegan a creer tanto, que se ponen trascendentes y otorgan un derecho "a la muerte digna", como en Andalucía, o el divertidísimo derecho "a la vivienda". En otras ocasiones, no tiene tanta gracia, pues pervierten completamente el significado y se creen que pueden dar a alguien un "derecho a abortar", como si por el hecho de que lo hubieran votado cambiara algo el que matar a un ser humano es un crimen.

En el ánimo de seguir "concediéndonos" derechos, la capacidad de innovación de los políticos muestra su faceta más productiva, superada sólo por la creación de impuestos. Así, hace unos días, la Comisión Europea aprobó un nuevo, digamos, derechillo. En el plan de acción para lo que denomina "la internet de las Cosas", se habla del derecho al silencio de los chips.

Ante este posible derecho, lo primero que es difícil silenciar son las carcajadas. Una vez enjugadas las lagrimillas, centrémonos en el contenido del supuesto derechete. Sería un derecho que tendríamos a desconectarnos de nuestro entorno de red en cualquier momento, y está relacionado con las tarjetas RFID (Dispositivos de Identificación por Radio Frecuencia), esas que, por ejemplo, se utilizan para el telepeaje. Con este derechillo, se nos autorizaría a leer y destruir estos dispositivos para preservar nuestra privacidad.

No sé el lector, pero un servidor no era consciente de no tener tal derecho, si es que así se le puede llamar. Caben dos supuestos: o bien la tarjeta es mía, y entonces puedo hacer lo que quiera con ella, incluido leerla y destruirla. O bien no es mía, y entonces no puedo hacerlo. No hace falta ningún nuevo derechillo que ratifique mi derecho de propiedad. O no debería hacer falta.

¿Por qué piensan los políticos que la existencia de este derecho tiene que debatirse? ¿Por qué piensan que depende de que ellos decidan si existe o no ese derecho? Es la cuestión, y es una cuestión realmente grave. Aquel ciudadano que acepta que la existencia de un derecho depende de los políticos y cree que estos pueden crear nuevos derechos, tiene que aceptar también que los mismos que se los dan, se los puedan quitar. Para este ciudadano la vida se vuelve de una incertidumbre intolerable. Cuando las vacas son gordas, todos los políticos están ávidos de conceder derechos; pero, cuando vienen las vacas flacas, ya estamos empezando a ver qué pasa con esos derechetes.

Señores de la Comisión Europea y políticos en general: no necesitamos ningún derechillo al silencio de los chips. Nos conformamos con que ustedes respeten nuestros derechos de propiedad.

Más artículos

Costa Rica: coqueteando con el populismo

Desde hace varias décadas, Costa Rica se ha convertido en un referente en desarrollo humano, como el desarrollo de una extensa clase media, y la promoción de una economía de servicios

Crisis en el estatismo

La tarea contra el estatismo es fundar nuevas escuelas y universidades liberales o transformar a las instituciones educativas para que la cultura libertaria penetre en la población y la puedan defender contra el estatismo.