Skip to content

Desigualdades

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

En Estados Unidos el debate sobre la desigualdad lleva años haciéndose más presente. Los españoles, aturdidos ante nuestros problemas reales (la entrega del Estado a los terroristas, la disolución de la nación española), no tenemos tiempo para los falsos como éste. Menos mal. Pero eso no quiere decir que cualquier desigualdad económica será inocua. Hay un aspecto que apenas ha sido tratado por economistas y filósofos pero que resulta ser muy relevante, y es no la desigualdad, sino la dispersión de la riqueza.

Es importante que la riqueza, el valor de la propiedad, esté dispersa por toda la sociedad. Que no haya grandes sectores sin ella, o que esté muy concentrada en pocas manos, como ocurre con el Estado. Con las desigualdades interpersonales de sean. Y lo es, porque una sociedad de propietarios es una sociedad de gentes independientes y que se valen por sí mismas.

Más artículos

Conde-Pumpido o la apoteosis del Derecho alternativo (I)

El escándalo no ha hecho nada más que empezar. Desprecio absoluto por parte de los magistrados Cándido Conde-Pumpido Tourón, Inmaculada Montalbán Huertas, María Luisa Balaguer Callejón, María Luisa Segoviano Astaburuaga, Juan Carlos Campo Moreno y Laura Díez Bueso de las normas que obligan a abstenerse del enjuiciamiento del caso por una larga lista de causas.

Contra el ‘sumacerismo’

Desde el comienzo del estudio de la economía como ciencia —e incluso antes— ha habido ciertas voces que han atribuido la riqueza de unos pocos afortunados a la miseria y a la privación material del grueso de la población.